Autor:

Aunque todo el planeta enfrenta desafíos en la diseminación de la energía limpia, para los gobiernos de América Latina el crecimiento económico y la búsqueda de estabilidad política tienen un peso mayor que la implementación de la transición energética

Los efectos del cambio climático representan un reto diario para los países latinoamericanos, pues ese flagelo global acrecienta los riesgos de afectaciones en la agricultura, deforestación, desertificación, conflictos ambientales, escasez de agua y deficiencias en el suministro energético.

Diversas son las acciones que pueden emprenderse a fin de mitigar el daño, pero, según expertos, para enfrentar el problema desde la raíz, América Latina en su conjunto debería hacer énfasis en la transición hacia las fuentes renovables en la generación de energía, pues la región tiene el potencial.

Investigaciones realizadas por el Centro de Estudios FGV Energía, de Brasil, con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer (asociada al gobernante partido Unión Demócrata Cristiana de Alemania), indican que la presencia de los hidrocarburos en la mezcla energética de Latinoamérica es menor que el promedio mundial, lo cual coloca al área en ventaja para la transición.

Además, la región posee una enorme disponibilidad y diversidad de recursos naturales renovables; pero en la mayoría de los casos éstos no son aprovechados en su totalidad debido a la carencia de las infraestructuras e inversiones necesarias.

Igualmente, aunque todo el planeta enfrenta desafíos en la diseminación de la energía limpia, para los gobiernos de América Latina el crecimiento económico y la búsqueda de estabilidad política tienen un peso mayor que la implementación de la transición energética. Otro elemento a tener en cuenta es el grado de compromiso de los ciudadanos.

En el caso de Alemania, que figura entre los líderes globales en la promoción de las renovables, un estudio publicado en 2015 muestra que el 92 por ciento de la población apoya el cambio en la matriz, ya sea para desactivar las instalaciones nucleares (43 por ciento), reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (18 por ciento) o como consecuencia de la escasez de combustibles fósiles (27 por ciento).

Mientras, en los países latinoamericanos se dificulta un mayor compromiso y la participación de los ciudadanos en cuestiones de transición energética, debido, en gran medida, al nivel de desarrollo económico en que se encuentra la región. Sin embargo, en varias naciones del área se aprecia un esfuerzo por ampliar las discusiones sobre el tema.

Iniciativas desde América Latina

Una visión diferente al caso alemán se tiene en Argentina, donde -al decir de Diana Vega, directora de Cooperación y Financiamiento Internacional en el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable- la energía nuclear tiene potencial, a pesar de la controversia social y las discusiones que genera.

“Las necesidades son grandes y no se puede desaprovechar la oportunidad, pero, aun cuando se desarrolle, también es necesaria la diversificación de la matriz. Cuando se habla de transición energética, en Argentina hay ciertos asuntos en marcha y otros no; para ellos precisamos de cooperación internacional”, dijo Vega durante un taller sobre el tema realizado en marzo de 2017 en Berlín.

Aunque el país suramericano dispone de variadas fuentes renovables, solamente el 1.8 por ciento de la demanda anual de energía es atendida con esos recursos. Por tal motivo, la nación se propuso lograr para 2025 una contribución de las renovables del 20 por ciento. Otro de sus retos es ganar la aceptación de la población desde las etapas tempranas de los proyectos.

En México, la Ley de Transición Energética publicada a finales de 2015, estableció que para 2024 el 35 por ciento de la matriz energética deberá ser de energías limpias, con metas intermedias del 25 por ciento en 2018 y del 30 en 2021.

Sin embargo, según Daniel Chacón, director del Programa de Energía de la Iniciativa Climática de México, en su país se ganó “la guerra de la ley de transición” pero se perdió “la batalla de definir qué es la energía limpia”. De esa manera, la energía nuclear quedó incluida dentro del grupo.

De acuerdo con el experto, amplios sectores mexicanos piensan que fue un error apostarle en el pasado al gas -en especial al de Estados Unidos, dada la coyuntura política actual-, pues en el presente el precio de las renovables es menor.

La energía solar ha dominado las subastas hechas para adjudicar porciones de la generación; no en balde, en esta tecnología recae la mayor parte de las ideas y proyectos de cambio en la matriz energética de México. Una de las propuestas implica el redireccionamiento de los subsidios de la electricidad hacia la instalación de techos solares en cada vivienda.

Un tanto diferente es la situación en Brasil (que junto a Argentina y México completa la lista de los países latinoamericanos más industrializados). Allí el 40 por ciento de la matriz energética y más del 60 de la eléctrica corresponden a las fuentes renovables.

Para Clarissa Lins, de la consultoría privada brasileña Catavento, las anteriores son marcas importantes de las cuales se puede estar orgulloso, pero al mismo tiempo representan un obstáculo, pues la sociedad, la industria y el gobierno sienten, erróneamente, que ya se cumplió con el mundo al ser tan renovables en la actualidad.

Se espera que en el futuro la economía del país finalmente crezca de manera significativa, y entonces necesitaremos más energía para la industria, el transporte y la electricidad; así que nuestra obligación es elevar el porcentaje de las renovables hasta el 45 por ciento, en un período de 13 a 15 años, así como ganar en cuanto a eficiencia energética, comentó la experta.

Paralelamente al desarrollo de iniciativas propias, a América Latina pudiera resultarle beneficiosa la cooperación con líderes mundiales del sector de las energías renovables, no sólo en la ejecución de proyectos conjuntos, sino también de cara a lograr las inversiones necesarias y elevar la conciencia de las personas sobre el peligro que corre el planeta.

En su esfuerzo por transitar hacia una generación de energía con menos presencia de combustibles fósiles y más de fuentes renovables, varios países latinoamericanos han establecido alianzas y proyectos de colaboración con líderes del sector a nivel global.

Entre los principales asociados de América Latina, figura Alemania, nación altamente industrializada, donde las fuentes renovables representan el 29 por ciento de la mezcla energética y sus metas de transición para 2050 estipulan elevarlas hasta el 60.

Se trata, además, de uno de los mayores contribuyentes a la cooperación internacional en el campo energético, con miles de millones de euros anuales destinados a ese fin. De hecho, la política exterior del país lo refleja.

Durante el Diálogo de Berlín sobre Transición Energética, realizado en marzo de 2017, con la asistencia de autoridades del sector de varias regiones del mundo, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel, señaló que desde hace tiempo lograr el cambio no es solo un proyecto nacional.

“La transición energética es una de las exportaciones principales para nosotros (…) No se puede combatir el cambio climático con cercas y aislamiento, sino más bien mediante la cooperación”, dijo en esa oportunidad.

Según Stefan Reith, coordinador para México y Centroamérica del Programa Regional Seguridad Energética y Cambio Climático en América Latina (EKLA), de la Fundación Konrad Adenauer (KAS), Alemania quiere persuadir a otros países a dar el paso hacia las energías renovables, pues está convencida de que estas son las tecnologías del futuro y del desarrollo sostenible.

En ese sentido, hay varios actores que promueven la colaboración en Latinoamérica, como el banco alemán de desarrollo KfW y la Agencia Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ). También existen fundaciones políticas y organizaciones que tienen segmentos de colaboración y reciben fondos gubernamentales para la aplicación de proyectos, explicó.

Dentro de ese apartado, los temas de energía renovable cada vez son más importantes, desde las comunidades hasta los estados, gobiernos y organismos multilaterales, agregó el coordinador de la KAS, entidad asociada al gobernante partido Unión Demócrata Cristiana de Alemania.

En el caso de América Latina, donde los efectos del cambio climático son tan evidentes, las iniciativas incluyen proyectos eólicos y de energía solar, consultas entre gobiernos sobre estrategias para la transición energética y el impulso de las fuentes renovables. No se trata de duplicar el modelo alemán, pues las circunstancias difieren; sin embargo, los desafíos son similares, añadió Christian Hübner, director del EKLA-KAS.

Al decir de varios expertos, los mayores intercambios e influencia de Alemania en América Latina en temas medioambientales y de transición energética corresponden a los países de la región, pertenecientes al Grupo de los 20, plataforma que la nación europea preside durante 2017.

Pero es Brasil el ejemplo que mejor ilustra el volumen del intercambio de Alemania con Latinoamérica en temas de energías renovables, pues el gigante suramericano es su mayor socio comercial en el área.

De acuerdo con Clarissa Lins, de la consultoría privada brasileña Catavento, entre los dos países existe una fuerte cooperación en la materia, principalmente a través del gobierno federal alemán, pero también mediante el KfW, cuyos compromisos en Brasil relacionados con las energías renovables y la eficiencia energética alcanzan cifras multimillonarias.

Entre los proyectos ejecutados gracias a la colaboración germana figuran tres granjas eólicas, en las cuales se invirtieron 210 millones de euros (conjuntamente con el Banco de Desarrollo de Brasil), el financiamiento de 265 millones de euros desde el KfW para promover la movilidad urbana sostenible e iniciativas de cooperación técnica entre varios ministerios.

Según Lins, desde la perspectiva brasileña, Alemania es un ejemplo en cuanto al trabajo con otros países. Asimismo, como líder en el área de las renovables y la transición energética, ya ha enfrentado muchos retos y está en la capacidad de compartir experiencias con el resto del mundo, apuntó.

Además de las naciones latinoamericanas más industrializadas, los alemanes tienen proyectos con regiones del subcontinente, aunque los fondos son más pequeños. Tal es el caso del programa Energías Renovables y Eficiencia Energética en Centroamérica, implementado por la GIZ como encargo del ministerio de Cooperación Económica y Desarrollo.

Esa iniciativa está dirigida a los países del Sistema de la Integración Centroamericana y respalda los pasos de sus miembros dirigidos a cambiar la matriz energética, en parte para reducir la dependencia de los hidrocarburos y, por otro lado, debido a que la producción hidroeléctrica, la segunda en importancia, puede ser severamente afectada por la escasez de agua.

En las relaciones internacionales sólo hay intereses

Según el presidente de la Federación Alemana de Energía Renovable, Fritz Brickwedde, esas fuentes son una opción más inteligente, no sólo por razones ecológicas, sino también económicas.

Las renovables crean empleos sostenibles, estimulan la innovación y benefician a todos los que se involucran en el esfuerzo alrededor del mundo, dijo Brickwedde durante el Diálogo de Berlín sobre Transición Energética.

De acuerdo con panelistas del referido evento, las energías renovables han sido un mecanismo confiable de exportaciones para la industria alemana.

En 2014, el volumen de negocios de exportación en las áreas de producción de componentes y producción de plantas energéticas ascendió a unos 8 mil 600 millones de euros. Además, existen programas gubernamentales que apoyan a los fabricantes alemanes para ofrecer soluciones en el mercado global.

Para Stefan Reith, exportar tecnología de energías renovables a América Latina es también un negocio de Alemania, “pero uno que puede crear sinergias y en el cual confluyen intereses económicos y valores”, comentó.

Al decir de Ramón Méndez, quien estuvo al frente de la Dirección Nacional de Energía de Uruguay, entender que las renovables son un negocio financiero más contribuyó al éxito de las políticas energéticas de su país, considerado entre las naciones latinoamericanas más avanzadas en la transición.

“Tampoco los empresarios quieren problemas y, en mi experiencia, las compañías alemanas activas en América Latina siempre buscan el diálogo, el respeto de las leyes y protocolos ambientales, mecanismos de consulta previa y las culturas locales”, agregó Christian Hübner.

La poca incidencia de conflictos referida a modo general por las autoridades y la conjugación de intereses en el área de las energías renovables, han propiciado un buen intercambio entre Alemania y los países latinoamericanos. “Se trata de un tópico en el que se puede desarrollar mucha confianza mutua”, valoró.

Con tal criterio coinciden expertos como Jörn Richert, profesor de la Universidad de St. Gallen, Suiza, para quien la energía, aunque muy ligada al dinero, puede juntar a socios que de otra manera nunca lo harían. Alemania busca beneficio económico y buenas relaciones a largo plazo, consideró.

En ese sentido, el país europeo aprovecha sus proyectos en la región, pero también coyunturas políticas como la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Ahora con un nuevo gobierno, la nación norteamericana parece desentendida del sur, y ahí Alemania (y Europa) pudiera encontrar una brecha para fortalecerse en el continente.

Luis Antonio Gómez Pérez/Prensa Latina