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Aún no comienza la campaña electoral y la candidatura independiente a la Presidencia de la República de María de Jesús Patricio Martínez ya cimbró el sistema político mexicano.

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Sin recursos públicos ni la puntual cobertura de los medios masivos, el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) construyeron una red de apoyo en los 32 estados de la República. En sólo 2 días registraron 1 mil 480 auxiliares voluntarios. Otros 1 mil 500 serán registrados la próxima semana para recabar firmas que permitan alcanzar el registro de la nahua Marichuy como candidata independiente a la Presidencia de México.

Ignorados y menospreciados siempre por las élites políticas, económicas, “intelectuales” y mediáticas, los pueblos indígenas han tejido en varios años una organización auténticamente indígena, nacional, horizontal, comunitaria y alejada de clientelismo, de la corrupción y del oportunismo. El CNI no se contaminó de las luchas por cargos políticos ni por la búsqueda de recursos públicos. Hoy es la casa de 44 grupos étnicos del país, casi todos los que existen.

Si hoy esta organización ha erigido un Concejo Indígena de Gobierno (CIG) para México –con concejales de 523 comunidades de 25 estados de la República y 43 pueblos, tribus y naciones indígenas– es porque ha madurado lo suficiente para poder plantear un proyecto de tal magnitud. Han dicho que con su participación en el proceso electoral buscan fortalecer la organización indígena, pero también organizarse con los de abajo y a la izquierda no indígenas.

Así, Marichuy es realmente vocera del CIG y, como candidata a la Presidencia  de la República, tiene más legitimidad que cualquiera de los precandidatos oficiales, tanto de los partidos como los “independientes”. Por la propia naturaleza de la candidatura indígena, ya se ve lo que también será la campaña: un desenmascaramiento del grotesco sistema de partidos que hoy gobierna México.

El contraste entre esta candidatura independiente y la de otras “independientes” como la de la calderona (como la llama el subcomandante Galeano) es incontestable. Ahí se ve a Margarita Zavala empujada por su marido para intentar repetir la tragedia del sexenio pasado. Eso sí, con toda la cobertura de sus pasos y con toda la propaganda que le pueden comprar las elites que la apoyan. El anuncio de su recolección de firmas, junto a una treintena de sus empleados, fue todo glamour y frivolidad, como de por sí sólo eso puede ser.

Mientras, las primeras imágenes de Marichuy en territorio zapatista, donde el CIG ha iniciado la recolección de firmas, son elocuentes. Y no sólo por las miles de personas que en cada concentración se han dado cita. Destaca la concurrencia de hombres y mujeres dignos, organizados, libres. Y destaca una de tantas demandas entre los pueblos indígenas: autonomía.

De hecho, la candidatura del CIG es parte de la puesta en marcha de autonomías de facto en varios de los pueblos indígenas. Y por ello representan la más radical y antisistémica propuesta. No sólo porque se asumen realmente anticapitalistas, sino también porque vienen a presentar un ejercicio político distinto: sin burocracias, caudillos, intermediarios ni gestores profesionales.

La candidatura de Marichuy ha rebasado también la “cuota de género” de los partidos y las estructuras de gobiernos oficiales. Es una propuesta antipatriarcal que proviene del mundo indígena.

Precisamente por todo ello, los retos del registro de Marichuy son enormes. Ha quedado claro que el sistema es amable para las elites y un obstáculo para los pobres. Todo está diseñado para que los de abajo no accedan directamente a un cargo; a lo que pueden aspirar es a que sean “representados” por alguien de arriba.

Recién denunciaba María de Jesús las mañas del sistema electoral para impedir su registro. Y es que una vez que ha obtenido la constancia que la acredita como aspirante a la Presidencia de la República, ha buscado cumplir con las exigencias formales para la recolección de firmas. El Instituto Nacional Electoral (INE) exige tecnologías para recabar firmas que en muchas de las comunidades indígenas siquiera conocen.

El INE elaboró una lista de marcas y modelos de teléfonos –con sistema operativo Android 5.0 o superior– para poder recabar las firmas de apoyo. El CIG se preparó con algunos de estos aparatos y a unas cuantas horas de que comenzaran las descargas de las aplicaciones en los dispositivos la lista cambió. Se agregaron otras marcas. Y en los que sí se puede iniciar la descarga del programa, completarla puede demorar horas. El sistema operativo requiere versiones superiores para que realmente funcione.

En la denuncia pública de Marichuy, señala que de facto se está requiriendo la adquisición de teléfonos de gama alta (de más 12 mil pesos) “y tampoco funcionan varias de las marcas y modelos indicados por el INE”.

Además, para que la fotografía sea aceptada se debe tomar a medio día, pues la luz de la mañana y de la tarde son insuficientes, a menos que cuente con una lámpara especial que ilumine. “Lo anterior significa, si reducimos los días a horas, que contamos con una tercera parte de los 120 días previstos por la ley” para recabar las firmas de apoyo.

De manera oficial el INE ha señalado que un registro debe tomar 4 minutos con 30 segundos, con lo que serían suficientes los 120 días que marca la ley para recaudar las más 866 mil 500 firmas. “La realidad es que un registro puede durar hasta 16 horas por la mala calidad técnica con la que está diseñada la aplicación”. Ejemplifica con las firmas que ya ha recabado en Chiapas. “Muchas firmas ni siquiera se pudieron subir en muchas horas, pues por los lugares por los que íbamos pasando entre Altamirano, Ocosingo y Palenque, donde suele haber buena señal de internet, no servía ni siquiera la señal de teléfono, y aquellas firmas que se han logrado enviar no reciben el aviso de recibido sino hasta 24 horas de haber sido enviadas al INE”.

En efecto, este sistema no está pensado para los pueblos indígenas ni para las personas en general de escasos recursos. Se trata de medidas clasistas, racistas y excluyentes. Pero, en palabras de Marichuy, es costumbre en nuestros pueblos no rendirnos, no vendernos ni claudicar, “redoblaremos esfuerzos para recabar el apoyo ciudadano requerido para figurar como candidata independiente a la Presidencia de la República en la boleta electoral del año 2018”.

Zósimo Camacho

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ZONA CERO]

 

Contralínea 562 / del 23 al 29 de Octubre de 2017