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En memoria de los 43 normalistas. ¡Ni perdón, ni olvido!

En medio de la psicosis colectiva, la sociedad está en duelo. Hay pesadumbre, angustia, tristeza, miedo y depresión, todo al mismo tiempo, pero también mucha solidaridad para las víctimas y sus familias. La pérdida de vida de un amigo, un familiar, un conocido o la historia de una persona afectada que los medios de comunicación narran causa tanto dolor como la pérdida de alguien muy cercano a nosotros y por eso todos los mexicanos estamos en duelo.

Ejercito Méxicano y Policia Federal

Algunos políticos, conductores de espacios informativos o recreativos, otros burócratas, utilizan los micrófonos para decir que la vida continúa y hay que dar vuelta a la página de la tragedia: seguir adelante; pero no es así de fácil ni sencillo: si queremos seguir adelante, primero se debe rescatar a todos los que aún permanecen entre escombros de construcciones caídas, en espera de que alguno pudiera seguir con vida o, en el peor de los casos, sacar los cuerpos para poder enterrarlos. Después sigue el duelo, y antes de que la vida continúe, como proponen Enrique Peña Nieto, Aurelio Nuño y Miguel Ángel Mancera, se debe reconstruir todo lo caído hasta que ninguna familia afectada o persona en desgracia quede sin un techo donde refugiarse de las inclemencias del tiempo. Hasta entonces, y no antes, podrá la vida continuar.

Uno de los mayores retos de una persona es sobrellevar la pérdida de alguien querido, un familiar, un amigo o alguien muy cercano, pero en los casos de una catástrofe o desgracia social como la ocurrida, primero por huracanes y ahora los terremotos, el duelo individual se convierte en una psicosis social y en un duelo colectivo, en donde todos enfrentan los mismos síntomas de un dolor especialmente profundo, el miedo de regresar a sus viviendas o trabajos (más aún cuando se trata de edificaciones de gran altura), el no poder dormir en espera de un nuevo sismo y una angustia que desgarra el corazón y hasta el alma que por momentos nos lleva hasta a la confusión, lo que hace difícil continuar la vida como si nada hubiera pasado, y es esto lo que la sociedad en conjunto tiene que sobrellevar y no pretender, como quieren ahora los políticos, darle vuelta a la página de la historia como como si se tratara sólo de una situación de voluntades.

Los especialistas, sicólogos y sociólogos, hablan de largos periodos de tristeza y depresión antes de poder recuperar la vida cotidiana, y eso es el duelo social, que es justo en los que millones de mexicanos estamos sumergidos y sólo mediante la solidaridad y apoyo a las víctimas que perdieron seres queridos o sus patrimonios como viviendas u otros bienes, podremos recuperar la confianza y retomar nuestras vidas para poder seguir adelante. Así que nadie debe presionar ni pretender volver a las actividades como si nada hubiera ocurrido, cuando sabemos que aún hay personas bajos las construcciones destruidas, miles de familias en casas improvisadas o refugios porque perdieron sus viviendas y todos sus bienes.

Es cierto también que todos reaccionamos de forma diferente a la muerte y echamos mano de nuestros propios mecanismos de defensa para sobrellevar el dolor que esto conlleva, pero según estudios e investigaciones psicológicas es precisamente el entorno social, los hábitos saludables y la enorme solidaridad que una vez más muestran los mexicanos, sumado todo al paso del tiempo, lo que permitirá a la mayoría de ciudadanos recuperarse de esta terrible tragedia.

Según la Asociación Americana de Psicología, aceptar la muerte de alguien cercano puede tomar desde meses hasta un año, “no hay una duración normal de duelo”, aunque explica que la mayoría de la sociedad puede superar la pérdida y continuar con sus vidas, lo que significa que los seres humanos, por naturaleza, tienen una gran capacidad de resiliencia.

Los especialistas reconocen también que algunas personas lidian con el duelo por más tiempo y se sienten incapaces de llevar a cabo sus actividades cotidianas. Estas personas podrían pasar por lo que se conoce como duelo complicado y les podría beneficiar ayuda profesional psicológica.

Cómo continuar con la vida

Para superar la pérdida de un familiar, un amigo o, como en este caso, una desgracia social colectiva, toma tiempo, y los especialistas sugieren varios puntos que pueden ayudar a alcanzar un renovado sentido de propósito y dirección en la vida:

  1. Hablar sobre la muerte de un ser querido con amigos y colegas para poder comprender qué ha sucedido y recordarlo. Negarse que ocurrió la muerte lleva al aislamiento fácilmente y puede a la vez frustrar a las personas que forman su red de apoyo.
  2. Aceptar los sentimientos. Después de la muerte de alguien cercano se experimenta todo tipo de emociones. Es normal sentir tristeza, rabia, frustración y hasta agotamiento.
  3. Cuidar a la familia ayuda a superar el trauma. Comer bien, hacer ejercicio y descansar también sirve y permite sentirse mejor para poder seguir adelante.
  4. Ayudar a otras personas que también lidian con la pérdida. Al ayudar a los demás, se sentirá mejor usted también. Compartir anécdotas sobre los difuntos puede ayudar a todos a lidiar con la pérdida.
  5. Rememorar y celebrar la vida del ser querido. Se pueden hacer donativos a entidades benéficas.
  6. Si siente que las emociones lo abruman o que no puede superarlas, quizás hablar con un profesional como un psicólogo podría ayudar a lidiar con los sentimientos y recuperar el rumbo para salir adelante.

Miguel Badillo

[Oficio de papel]

 

 

Contralínea 559 / del 02 al 07 de Octubre de 2017