Autor:

Se necesitan más de 50 mil millones de pesos de inmediato para mitigar los destrozos de los sismos de septiembre. ¿De dónde los va a sacar el sorprendido y poco previsor gobierno de la República? ¿Y qué plan tiene frente al inminente problema sanitario? No hay respuestas serias del gobierno federal. Incluso, muchas veces, se ofrece pura palabrería que ofende a la población.

terremotoSecretarios de Estado (precandidatos), gobernantes y el propio presidente de la República, Enrique Peña Nieto, utilizaron el desastre causado por el sismo del pasado 19 de septiembre como una pasarela.

Ahí vimos a Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, posando desde un montón de escombros (hasta que fue corrido por la gente); o a Aurelio Nuño, el de Educación, tuiteando minuto a minuto, tratando de capitalizar políticamente y estorbando, el rescate de la ficticia niña Frida Sofía del colegio Rébsamen; a José Narro, el de Salud, arrebatando micrófonos para destacar que “disponemos de toda la capacidad del sector salud para responderle al país”; a Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Ciudad de México, quien trabajosamente se coló en las “coberturas” para, tartamudeando, hacer la declaración de “desastre” en la entidad que gobierna. E incluso, al de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, prometiendo “reevaluar” el paquete económico pero advirtiendo que “no todo el apoyo” tendrá “una repercusión presupuestal”.

¡¿Qué?! Al parecer el responsable de los dineros en el país se cura en salud. Nos previene de que no debemos esperar un incremento significativo en el Fondo Nacional de Desastres (Fonden). Dicho fondo cuenta hoy con poco menos de 9 mil millones. El gobierno de Enrique Peña Nieto, antes del temblor, pensaba destinarle 6 mil millones en el presupuesto de 2018. Estaríamos hablando de aproximadamente 15 mil millones. ¿Cuánto más estará dispuesto el gobierno de Peña Nieto a destinar al Fonden?

Fuentes del área de inteligencia señalan que sólo para paliar los desastres en 12 estados de la república, luego de los dos terremotos, se necesitarán más de 50 mil millones de pesos. Hablamos apenas del ámbito de la reconstrucción. Queda claro que no los habrá. Muchas de las personas ahora sin casa, se quedarán sin casa. Y luego de promesas y de que pasen algunos días, se toparán con la burocracia, con las evasivas… y nada. Ya se habrán ido los grandes medios de comunicación y el rating estará en otro lado.

Mención aparte merece la emergencia sanitaria que se avecina. Las ufanas palabras de Narro, como decíamos, prometieron poner al servicio de la nación –faltaba más– el poderoso sistema de salud de la República. Resulta que en esas mismas declaraciones el secretario dijo que eran 2 mil camas las disponibles… ¿O sea que esperan que los heridos no lleguen a esa cantidad? ¿O qué requisitos pedirán para que puedan ser internados en los hospitales públicos? Si van más de 300 muertos, ¿cuántos heridos desafortunadamente habrá? Más aún, ¿está preparado el sector salud para atender las personas lesionadas y las afectadas con enfermedades de carácter somático, siquiátrico y sicológico?

Con un poco de luces, los brujos de la seguridad nacional de este país tal vez puedan advertir al presidente lo que viene. Los analistas del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) tuvieron que desvelarse y trabajar a marchas forzadas en su sede de Contreras. A ver si pueden informarle a sus jefes de lo que se avecina.

Sin acceso a la justicia, sin posibilidades de recuperar su patrimonio, sin indemnizaciones, con el dolor de perder a seres queridos, sin trabajo y en la pobreza, el pueblo se organizará. Vendrán movimientos sociales, organizaciones aguerridas para reclamar justicia social y reparación de los daños. Les acompañará la razón y tendrán la fuerza.

Y también vendrán decenas de oportunistas, políticos que intentarán medrar con la desgracia y, mediante organizaciones clientelares, reclamarán recursos a cambio de apoyo político. Además, vienen las elecciones.

El panorama se oscurece.

Fragmentos

Todo el reconocimiento a los topos, como los de la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco y la Brigada Topos Azteca. Sin buscarse publicidad, con capacidad y espíritu de servicio, rescataron personas y cuerpos y le dieron cause a la solidaridad popular. Una vez más, los integrantes de estas brigadas salvaron vidas poniendo en riesgo las suyas. No estaban ahí para salir a cuadro en la televisión y redituar dividendos políticos a secretaría de Estado alguna. Fueron a devolver personas a sus familias, a sus barrios, a sus amigos. Así lo hicieron también los bomberos de diversas agrupaciones. Y luego, para la foto, los hicieron a un lado. Tampoco los mencionaron cada 5 segundos en las transmisiones televisivas. El pueblo sabe que fueron ustedes. Gracias, topos y gracias bomberos. … Habían pasado 36 horas y nadie –sí, nadie– del gobierno federal había llegado a Tepalcingo, Morelos. El pueblo, devastado, rescataba a sus heridos y sacaba de los escombros a sus muertos. Incluso seguían ingresando a las viviendas a punto del colapso. Ya que llegaron las autoridades, el pueblo siguió levantándose mutuamente. Un abrazo a las comunidades de Morelos, desaparecidas de la cobertura porque redituaba menos dividendos políticos… Y una felicitación por la solidaridad de los voluntarios de todo el país. El pueblo, sin Estado, salió al quite desde las primeras horas.

Zósimo Camacho

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: COLUMNA]

 

 

Contralínea 558 / del 25 al 30 de Septiembre de 2017

Contralínea 558