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Roberto Campa es el subsecretario de Gobernación encargado de los derechos humanos. Y ha dictaminado que el homicidio del periodista Cándido Ríos nada tiene que ver con el desempeño de su profesión, puesto que estaba en compañía de dos individuos con quienes se topó a la salida del servicio internet por donde había enviado su trabajo de reportero cuando sucedieron los hechos; los cuales tuvieron lugar en el municipio de Hueyapan de Ocampo, en el estado de Veracruz. Entidad ésta donde funcionarios y narcotraficantes ordenan privar de la vida a quienes ejercen los derechos humanos del periodismo. Así que sin esperar la investigación, el empleado de Osorio Chong –nombrado por Peña– se permitió asegurar que la muerte de ese mexicano no tuvo relación con que había denunciado amenazas de muerte de un exalcalde de ese municipio.

Y es que la información y comentarios de Cándido Ríos expusieron ante los lectores del periódico Diario de Acayucan, al exalcalde de marras por abuso del poder. Así que, de ahora en adelante, los periodistas deben evitar encontrase con otras personas, para que, si son víctimas de homicidio, Campa sí diagnostique que los mataron por ser periodistas. Y si de todas maneras les disparan a matar estando en compañía de otros ciudadanos, entrarán a la estadística de la sangrienta inseguridad que arrasa con campesinos, obreros, mujeres, estudiantes, reporteros, etcétera.

La cuestión es que acompañados o solos, aumentan los homicidios contra los trabajadores de los medios de comunicación, sobre todo los escritos; sumando cientos de ellos hasta el año 2012, como consigna en su investigación el periodista Carlos Moncada Ochoa, en su libro Oficio de muerte, periodistas asesinados en el país de la impunidad, con prólogo de Miguel Ángel Granados Chapa; editorial Grijalbo (2012). El homicidio de Cándido Ríos se suma a esa lista que todos los días aumenta, sin que esos crímenes sean investigados. Y lo peor es que el subsecretario de Derechos Humanos salga con la burrada de que lo sucedido al periodista Ríos no es un homicidio por ejercer su profesión.

Según Campa, lo mataron por haber “estado en el lugar equivocado”. Sin rubor alguno, el funcionario se adelantó a la investigación y valoró el hecho para justificar un homicidio como otro más de los miles que se acumulan como parte de la sangrienta inseguridad; y da a entender o trata de guiar a la opinión pública y a las autoridades competentes para investigar los hechos, que aunque amenazados, los periodistas son asesinados por haberlos confundido con alguien más, o sólo por haber estado presentes cuando los matones –sicarios por consigna– disparan sus metralletas solamente por disparar. Pero la realidad es que los asesinos de periodistas cumplen con la consigna de funcionarios y capos.

Así que, no cabe la menor duda, el crimen de Cándido Ríos se debió al oficio que desempeñaba; máxime que ya había denunciado amenazas. Por las que ninguna autoridad, así como tampoco Roberto Campa hicieron nada para impedirlo. En cambio, con todo el cinismo de que es capaz, Campa asegura que el periodista Ríos no fue ultimado por la investigación e informaciones que daba a la luz pública. A los periodistas los matan por su trabajo de informar y criticar a los funcionarios y a los narcotraficantes. Pero Campa asegura que esos homicidios, como el de Cándido Ríos, son por estar “en el lugar equivocado”.

Pero el funcionario peñista se equivoca. Cada asesinato tiene una causa y cuando se trata de periodistas es por su trabajo, mayormente cuando se trata de quienes han hecho denuncias respecto de quienes tienen odio por la información. Y a Cándido Ríos lo mataron por ser reportero, a pesar de que Campa diga lo contrario.

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: DEFENSOR DEL PERIODISTA]

 

 

Contralínea 557 / del 18 al 23 de Septiembre de 2017

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