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La privacidad, esa tranquilidad que se disfrutaba sin apreciarla, sigue siendo empaquetada y vendida al mejor postor por tu aspiradora Roomba.

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Libros y películas han planteado situaciones en el futuro que más bien causaban risa o, en su momento, eran algo tan lejano a la realidad que eran causa de crítica. Muchas en efecto no resistieron el paso del tiempo, algunas siguen esperando a que quizá la tecnología dé un salto y las haga viables.

Una de esas ideas era la domótica en la que se mostraban escenas futuristas donde la gente vivía en casas automatizadas que abrían y cerraban las puertas y ventanas, regulaban la temperatura, encendían y apagaban luces o televisiones y, lo que en su momento parecía exagerado, la casa hablaba.

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Productos o asistentes virtuales como Alexa de Amazon y Google Home buscarán cubrir el nicho comercial de la domótica que se encargará de optimizar nuestra estancia. Por el momento sólo buscan generar una interacción más humana y permanente: todo se realiza utilizando la voz, se le dan instrucciones hablando y el dispositivo responde también con voz. Ayudan avisando del estado del clima en tiempo real; reconocen la voz de cada uno de los miembros de la familia; les recuerdan eventos o información del tráfico del día, y también ayudan a encontrar información en internet.

Esta tendencia nos recuerda algunas películas de ciencia ficción: al ver interactuar a las familias con la computadora nos viene a la mente Demon Seed, que ya planteaba y exageraba el riesgo de que una máquina controle la casa, puertas y ventanas entre otras cosas; o las películas de 2001 Odisea del Espacio o Alien el Octavo Pasajero, cuando las computadoras parecen tener una tendencia a no obedecer a quien les está dando instrucciones directas.

También las historias de robots ayudando en casa han sido muy comunes, pero por ahora tenemos una aspiradora robot llamada Roomba, que se encarga de limpiar tu casa de forma programada y que circula sin chocar con los muebles gracias al mapa virtual que realiza para saber dónde se encuentran los sillones, mesas, lámparas y otros objetos. Una simpleza hoy que hace 40 años sería una maravilla.

Roomba se actualiza

El mes de marzo de este año, IRobot –la empresa que fabrica a Roomba– anunció que ahora son compatibles con el asistente Alexa. Quien tenga ambos dispositivos en su casa debe saber que éstos se comunicarán entre sí, compartiendo la información que han recolectado. No suena grave, y no lo decimos porque la empresa ha trabajado para el Ejército de Estados Unidos; pero, si consideramos que el modelo 900 de la aspiradora tiene sensores infrarrojos para saber si hay personas o animales y una cámara que le permite ver el interior de la casa, así como nuevos sensores que le permitirán guardar mayor cantidad de información, alguna preocupación debe generar. Hay planes para que próximamente se anuncie un convenio similar con Google, por lo que podemos asegurar que además de aspirar polvo, aspirará nuestra privacidad.

Sin duda no se trata de rechazar los avances, pero es preocupante que ante la duda de que los usuarios puedan considerarlo peligroso, el presidente de IRobot Colin Angle, no menciona medidas de seguridad como encriptación de datos, normas éticas o caducidad de la información. Sólo dice que no se compartirá información sin la aceptación del usuario. Y si consideramos que para las empresas esto sucede al aceptar los términos y condiciones que nadie lee y que, por cierto, en este caso permiten a la compañía vender la información que la aspiradora está recolectando, significa que casi todos lo aceptarán sin saberlo.

O peor, suelen dejar activadas las opciones para compartir datos a menos que las personas encuentren la opción para desactivarlo después de un laberinto de menús y opciones.

¿Qué información? No lo sabemos, aunque en teoría al tener el mapa virtual de las casas, Amazon o Google comenzarán a recomendar muebles o algunos otros productos después de analizar tu casa. Y aunque parece ridículo sospechar de una aspiradora como Roomba, recordemos que hace unos años la gente pensaba que al usar su computadora disfrutaba de anonimato, pero después llegaron las redes sociales para demostrar que toda la información que vamos dejando por ahí es muy valiosa y que, si llega a manos equivocadas, es peligrosa para nosotros mismos.

El plan es que entre más información recolectan de nosotros o de nuestras actividades mejores funciones nos puede ofrecer la tecnología; sin embargo debemos aceptar que terminaremos viviendo en una casa de cristal, con nuestra vida a la vista de cualquiera.

Gonzalo Monterrosa

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Roomba, espionaje, privacidad

Contralínea 555, del 4 al 10 septiembre de 2017portada-contralinea-555-fb