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I. No sé, a ciencia cierta, si el orden para identificar a Héctor Aguilar Camín sea el de narrador, novelista y periodista. El caso es que ha publicado en esos géneros con su razón de ser clave: el periodismo, aunque que confiese que empezó pensando en la novela. Y quien, además, es ensayista para desentrañar los laberintos de la política y los políticos, con Los saldos de la Revolución que permanecen vigentes. El mejor reconocimiento a su prosa son sus lectores y, después, “La medalla Bellas Artes” que recibió el pasado marzo, escoltado por su compañera Ángeles Mastreta y su hermano: Luis Miguel Aguilar Camín, entre otros. Está al frente de la revista cultural de publicación mensual Nexos; nacida para dar cabida a escritores, reseñadores, investigadores y sus nexos, pues, con el trabajo nativo y extranjero que aborda el mundo literario. En los diarios La Jornada, El País, Reforma y, obviamente Milenio –donde publica su columna Día con Día– informaron del acto, publicando las fotografías donde, premio en mano, posa para los reporteros gráficos que enmarcan las notas de Lourdes Zambrano, Cecilia Ballesteros y Mónica Mateos-Vega.

Héctor Aguilar Camín

Héctor Aguilar Camín

II. Lector y escritor, Aguilar Camín también ha entrado a darnos su interpretación de la moderna historia mexicana, con su doctorado en historia por delante y su licenciatura en comunicación. Orgulloso sureño (nacido en Chetumal, Quintana Roo), con la perspectiva del noroeste del país investigó y redactó su texto La frontera nómada: Sonora y la Revolución Mexicana (editorial Siglo XXI, 1997), para darse a conocer en las lides historiográficas. Autor de las novelas Morir en el golfo (Océano, 1985), La provincia perdida (Planeta, 2007) o la más reciente Toda la vida (Literatura Random House, 2016), entre otras. Ha ejercido el periodismo ejecutivo: como subdirector de Unomásuno y La Jornada. Y director ahora de Nexos. Por eso, en 1986, le otorgaron el Premio Nacional de Periodismo. El reconocimiento quintanarroense del Mérito, en 1992. Y por literato el correspondiente de Mazatlán, en 1998. A fuerza de hacerse escritor, leyendo y escribiendo, Héctor Aguilar Camín ha ido dejando las huellas impresas de las que habló en la ceremonia Rafael Pérez Gay (parte de ello en la columna Prácticas Indecibles, que suscribe en el diario Milenio del 29 de marzo de 2017).

 

III. Quién sabe cuántos textos tiene guardados Aguilar Camín, porque es un incansable tecleador, de máquina de escribir y computadora, que ha ido recreando sus narraciones con su fantasía poética-literaria y las devoradoras realidades de su entorno; y con sus investigaciones, sus interpretaciones históricas y periodismo político. Y, claro, su novelística. Todo ello anclado en su captación de los sentimientos humanos, asomándose a la cultura universal. Cosechando reconocimiento a su constante sembrar-cosechar con la prosa escrita, a la que se aferró para seguir navegando el mar literario con su factor común: el periodista interrumpidamente en acción. A él le fascina escribir. Y lo hace con la finalidad de que sus lectores critiquen sus textos; los discutan y los quieran en el contexto de la literatura contemporánea mexicana-latinoamericana. En las fotografías, se le ve emocionado por el homenaje rendido a sus bellas artes, tras el solitario escribir recordando lo que le cuentan y cuanto, sobre la marcha, ha ido cosechando de sus lecturas y conversaciones; sumado a todo aquello que mira-escucha en su diario “no hay camino, se hace camino al andar”. Así, llega al umbral de su duro trabajo, para continuar escribiendo.

 

Destacado:

Héctor Aguilar Camín

Contralínea 555, del 4 al 10 septiembre de 2017portada-contralinea-555-fb

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