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Alberto Salazar/Prensa Latina

Hanói, Vietnam. Corea del Sur ya es desde hace algún tiempo el principal inversionista extranjero en Vietnam, pero recién redondeó la jugada al convertirse en su segundo socio comercial, sólo antecedido por China.

Corea del Sur, Vietnam

Los números están frescos: en los primeros 6 meses de este año Seúl desplazó a Estados Unidos, a la Unión Europea (UE) y a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) en el estratégico listado de operaciones de compra-venta de bienes y servicios.

Según el Departamento General de Aduanas de Vietnam, en el primer semestre de 2017 los intercambios mercantiles con la República Popular de Corea ascendieron a 29 mil 120 millones de dólares, poco menos del 15 por ciento de todo el comercio de la nación indochina.

Cifra impresionante con la que ni el más optimista soñó hace 25 años, cuando los dos Estados suscribieron relaciones diplomáticas luego de una azarosa historia que pasó por las armas.

Pero el pasado, al pasado: hoy Corea del Sur es el segundo mayor contribuyente de ayuda oficial al desarrollo de Vietnam y, con mucho, el primer gran inversionista en este país del sureste asiático.

Probablemente una de las grandes preocupaciones de los vietnamitas sobre el comercio con Surcorea sea que le compra mucho más de lo que le vende: en el primer semestre de este año su déficit comercial rondó los 15 mil millones de dólares (un fuerte crecimiento interanual del 51.2 por ciento).

En ese capítulo también Corea del Sur se afianzó como un peso pesado en las relaciones con Vietnam al desplazar del primer lugar a China, con la que la balanza comercial es desfavorable en algo más de 13 mil millones de dólares.

Puede que los números mareen al ego, pero para quienes se ocupan de estas materias son pan de cada día porque de ellos dependen muchas cosas.

Expertos vietnamitas atribuyen el boom del comercio bilateral a la activación del Tratado de Libre Comercio a fines de 2015, pero están preocupados por los números rojos de la balanza comercial.

Si algo les tranquiliza, es que de los 22 mil 500 millones consumidos en compras en Surcorea, unos 15 mil millones fueron para adquirir maquinarias, equipos y repuestos, computadoras y productos electrónicos y sus componentes. Renglones todos indispensables para facturar rubros de los cuales Vietnam no puede prescindir para encarar los planes de producción propios o para elaborar productos que, a su vez, destinará a la exportación. En otras palabras: a veces para vender, antes hay que comprar.

Pero es mejor si uno lo produce todo. En esa línea, los asesores económicos del gobierno vietnamita aconsejan desarrollar las industrias tan rápido como se pueda a fin de reducir las importaciones.

Mas tal propósito depende en gran medida de las inversiones extranjeras, un terreno en el que Corea del Sur también tiene mucho que ver: en la lista de 120 países y territorios que más apuestan por Vietnam, es el puntero con un capital registrado de 54 mil 500 millones de dólares.

Sólo el grupo surcoreano Samsung tiene depositados más de 14 mil millones de dólares en proyectos en Vietnam. Lo que genera como beneficio colateral unos 140 mil empleos.

Según el Departamento de Inversiones Extranjeras, los proyectos que más atraen a los inversores surcoreanos son los relacionados con las industrias procesadora y manufacturera y el sector de la energía.

El escenario de las relaciones vietnamitas-surcoreanas parece tener motivos para un engalanado optimismo.

Hechos aparte, una reciente encuesta de la Asociación de Empresas de la República de Corea en el país indochino reveló que el 46.1 por ciento de las empresas surcoreanas planean colocar más capitales en Vietnam, y que siete de cada 10 están satisfechas con los resultados de sus negocios.

 

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