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La Paz, Bolivia. En poco más de 1 década Bolivia remontó posiciones desde los últimos puestos hasta el sitial de honor en Sudamérica por su crecimiento económico y reconocido liderazgo, un vuelco que tiene su base en tres pilares.

La Asamblea Constituyente, el proceso de nacionalización de los recursos naturales y la redistribución de la riqueza son los soportes de una revolución democrático-cultural que permitió a este país dejar de ser uno de los más atrasados y convertirse en el de mayor alza del producto interno bruto (PIB) regional.

Existen cifras bastante elocuentes para ilustrar las transformaciones profundas registradas en la sociedad boliviana desde la llegada al poder del presidente Evo Morales, como candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), en 2006.

Durante ese período más de 2 millones de personas salieron de la pobreza extrema y el país fue declarado libre de analfabetismo, gracias a las políticas sociales emprendidas por el gobierno.

En cuanto al PIB, en 20 años de neoliberalismo (1985-2005) pasó de 5 mil a 9 mil millones de dólares, sin embargo, en la última década ascendió a 36 mil millones. La nación andino-amazónica lidera el crecimiento regional de manera consecutiva desde 2014 y se espera que se mantenga al frente también en 2017.

Una de las principales medidas adoptadas por el primer presidente indígena de Bolivia fue la convocatoria el 6 de agosto de 2006 a una Asamblea para adoptar una nueva Constitución.

La Carta Magna, aprobada 3 años después por 61.4 por ciento de los votantes, consagra a Bolivia como Estado Plurinacional y reconoce 60 derechos fundamentales de grupos tradicionalmente marginados como los pueblos indígenas, originarios y campesinos, las mujeres y los niños.

Evo Morales consideró como un hecho histórico para su país y para Latinoamérica la aprobación de la Constitución por primera vez con el voto popular y recordó que nunca antes el pueblo boliviano había decidido su destino.

La nueva ley de leyes garantiza la igualdad de oportunidades para la gente del campo y la ciudad, considera como un derecho humano los servicios básicos, establece una cuota de parlamentarios indígenas y reconoce la autonomía de esas comunidades.   Esta transformación permitió un empoderamiento político de las mujeres, los indígenas y la juventud en los 11 años de revolución.

Bolivia es hoy el segundo país en el mundo con mayor representación femenina en la Asamblea Legislativa Plurinacional, con más del 50 por ciento de mujeres, y, además, 41 asientos están ocupados por indígenas y 29 por jóvenes.

Desde el punto de vista económico, el paso más significativo adoptado por el Gobierno fue la nacionalización de los hidrocarburos, el 1 de mayo de 2006, y la recuperación de las empresas estratégicas.

Baste señalar que durante la etapa neoliberal la Renta Petrolera, es decir el total de ingresos percibidos por el Estado por la venta de gas y otros hidrocarburos, fue de cuatro mil 500 millones de dólares, sin embargo, sólo en la última década la cifra ascendió a 31 mil 500 millones.

El gobierno decidió también nacionalizar compañías mineras, energéticas, de telecomunicaciones, aeroportuarias y de otros sectores.

En el caso de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel), cuando estaba en manos de los italianos llegaba a 60 o 70 municipios y las ganancias eran de 70 millones de dólares anuales, la mayor parte de los cuales iban a parar a Italia.

Actualmente, Entel alcanza a 139 municipios, sus utilidades anuales son de 270 millones de dólares y esas ganancias son para los bolivianos.

En una reciente visita a Europa, el presidente Morales explicó a la prensa los éxitos del modelo boliviano.

“Después de llegar al gobierno decidimos, junto a los movimientos sociales, con el pueblo organizado, tomar tres caminos importantes en lo político, en lo económico y lo social”, dijo.

Informó que, además de la refundación del país mediante la constituyente y la nacionalización, se decidió redistribuir la riqueza.

Este proceso se hace a través de la asignación de bonos como el Juancito Pinto, destinado a los niños a fin de evitar la deserción escolar; el Juana Azurduy, para las mujeres embarazadas; y la Renta de la Dignidad, para los adultos mayores.

La fórmula también se aplica a través de las subvenciones, los créditos sociales, el incremento salarial y la construcción de viviendas, las unidades educativas y los centros de salud.

Para ilustrar cómo se hace esta redistribución, el vicepresidente Álvaro García Linera explicó: “Es como el efecto de riego por aspersión de un césped. Es decir, el agua llega a todos por igual”.

Después de su liberación política y económica, Bolivia avanza ahora hacia la independencia tecnológica y la industrialización, y el objetivo del Gobierno es convertir al país en corazón energético de toda Sudamérica.

Carmen Esquivel/Prensa Latina