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Nueva York, Estados Unidos. En momentos en los que la comunidad internacional trabaja en la implementación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, una parte importante de la humanidad, las personas con algún tipo de discapacidad, lucha por su real inclusión en las sociedades.

La Agenda adoptada en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en septiembre de 2015 tiene como objetivos la erradicación de la pobreza y la reducción de las desigualdades, bajo el principio de no dejar atrás, una meta para la que resulta clave atender las necesidades de 1 mil millones de seres humanos con limitaciones físicas, mentales, intelectuales o sensoriales, quienes representan un 15 por ciento de la población mundial.

Si queremos cumplir con ese propósito, todos debemos trabajar juntos para implementar la Convención sobre los Derechos de las Personas Discapacitadas, uno de los instrumentos más progresistas en materia de derechos humanos, declaró a Prensa Latina el embajador de Bulgaria ante las Naciones Unidas, Georgi Panayotov.

El diplomático presidió la Décima Sesión de la Conferencia de los Estados Partes de la Convención, foro celebrado en la ONU del 13 al 15 de junio para abordar los progresos y los desafíos en la materialización de una Convención que entró en vigor en 2008, y ha sido ratificada por 174 países.
De acuerdo con Panayotov, ese mecanismo guarda una estrecha relación con Agenda 2030, un criterio que fue recurrente en el evento de tres días.
El desafío mayor

Para la relatora especial de las Naciones Unidas para los derechos de las personas discapacitadas, Catalina Devandas, el principal desafío es la integración de manera transversal de las necesidades de esos seres humanos por los Estados a sus políticas.

La realidad es que en sentido general los gobiernos no están mirando cómo hacer inclusivos sus sistemas de protección social, señaló a Prensa Latina.   Según la abogada costarricense, una de las decisiones inmediatas debe ser garantizar la participación de los discapacitados en las discusiones de la comunidad internacional.

En la propia ONU no vemos esos espacios, algo que es muy importante cambiar, insistió.

También Collin Allen, líder de la Alianza Internacional de Discapacitados, lamentó la falta de participación, la cual instó a revertir con el esfuerzo conjunto de los gobiernos y la sociedad civil.

La Agenda 2030, una oportunidad

El proceso de seguimiento a la Convención sobre los Derechos de las Personas Discapacitadas tuvo lugar a casi dos años de adoptada la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

Al respecto, Devandas opinó que la Agenda constituye una oportunidad insuperable de mejorar la vida de los discapacitados.   El instrumento que abarca 17 objetivos tiene como prioridad derrotar a la pobreza extrema, un flagelo que azota al menos a 125 millones de seres humanos con limitaciones.
Creo que ha sido un logro que la Agenda 2030 haga varias menciones a los discapacitados, pero queda mucho por hacer, dijo.

Devandas resaltó la necesidad de desagregar las estadísticas, de manera que puedan medirse los avances específicos en la inclusión de esas personas.
Existen las herramientas para medir los progresos de los discapacitados a nivel nacional, pero es importante que la ONU se pronuncie en esa dirección y los Estados las utilicen, subrayó.

De acuerdo con la relatora especial, sin la desagregación no podrá conocerse de manera efectiva el impacto en las personas con limitaciones de instrumentos tan magníficos como la Convención y la Agenda 2030.

Ya padecimos esto en la anterior plataforma, los Objetivos del Milenio 2000-2015, por tanto llegó el momento de corregirlo, opinó.

El llamado de Ecuador

La primera dama de Ecuador, Rocío González de Moreno, demandó en la conferencia la plena inclusión y el respeto a los derechos de los discapacitados.

El mundo será más justo, más equitativo y más libre si se aplica en toda su dimensión en el planeta la Convención sobre los Derechos de las Personas Discapacitadas, afirmó la encargada en Ecuador del Comité Interinstitucional del Plan Toda una Vida, iniciativa dirigida a un bienestar humano sin exclusiones.

La representante ecuatoriana insistió en que la inclusión no constituye una metodología, y debe convertirse en una forma de ser, pensar y actuar.
González aprovechó su intervención para reiterar el compromiso de Ecuador y de su recién electo presidente, Lenín Moreno, con el empoderamiento de los seres humanos con limitaciones físicas, mentales, intelectuales o sensoriales.

En ese sentido, destacó los esfuerzos de la última década, con la Revolución Ciudadana, entre ellos la Misión Manuela Espejo, la cual calificó de una cruzada para hacer visibles a los discapacitados y atenderlos como se merecen.
“Hoy, después de haber recorrido un largo camino, con orgullo podemos decir que Ecuador se ha convertido en un país donde celebramos la diversidad y donde prevalecen los valores de la solidaridad, la generosidad y la empatía”, sentenció.

Waldo Mendiluza/Prensa Latina