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Las FARC-EP han hecho más por la paz que el gobierno, pues en esta “lucha fratricida todos los muertos son sólo hijos de Juan Pueblo”, asegura el guerrillero Gómez. Indica que la clase política colombiana nunca ha dado nada gratuitamente: “Entre más gestos por la paz hacemos, más exigen”

Pondores, Colombia. Alrededor de la hamaca wayuu del comandante Joaquín Gómez, bajo una carpa de nailon verde, el matorral es frondoso y fresco, a pesar de que estamos en La Guajira, uno de los departamentos más calientes del país, ubicado en el extremo Norte de Colombia.

En este caserío de Pondores el ambiente es acogedor, como lo son casi todos los sitios del municipio Fonseca.

Costeño el jefe guerrillero, condición que hizo aún más fluido el diálogo de Prensa Latina con el miembro del Secretariado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP).

Curtido por la permanencia de 32 años consecutivos en el monte como guerrillero primero y después conduciendo tropas en el Frente Sur, su carácter sin embargo es el del típico caribeño extrovertido, fácil para “echar carreta” (hablar), como se dice en esta nación multicultural.

Aunque le conocíamos de haberle saludado en un par de ocasiones en La Habana y en las sabanas del Yarí, de todas maneras la conversación se tornó como si fuera la de dos viejos amigos.

Su biografía es harto conocida en su país y en el exterior. Milton de Jesús Toncel Redondo, alias Joaquín Gómez, nació el 18 de marzo de 1947 en Barrancas, La Guajira. Estudió Ingeniería Agrícola y posteriormente realizó cursos superiores en la entonces Unión Soviética.

Fue profesor en la Universidad de la Amazonia en Florencia, sureña demarcación de Caquetá, aunque militó antes en la Juventud Comunista Colombiana (Juco).

Ingresó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) en 1981 y con el paso de los años llegó hasta el Secretariado de la guerrilla, que actualmente encabezan los comandantes Timoleón Jiménez, Iván Márquez y demás miembros de esa estructura de mando.

Así respondió el comandante Joaquín Gómez en entrevista exclusiva concedida a Prensa Latina:

PL: Comencemos por su valoración de la evolución del proceso de paz suscrito en el Teatro Colón de Bogotá a finales del pasado año por el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC-EP, alias Timochenko.

JG: Nosotros habíamos hecho el análisis objetivo partiendo de que la firma de los acuerdos fue supremamente difícil y que la implementación lo sería mucho más. Porque resulta que la firma de los acuerdos hasta el momento, cuando tú firmas, eso es sólo tinta y papel.

Pero la implementación es materializar todo lo que tú firmaste y nosotros ahí no fuimos ilusos, pensando que eso iba ser de entrega inmediata. Sabíamos que sería difícil. Que todo lo que se había conseguido es una conquista, ya que no se ha logrado nada gratuito.

Y es comprensible, porque históricamente la clase política colombiana nunca ha dado nada gratuitamente. Nunca. Entonces nosotros sí suponíamos que iba ser difícil y no nos equivocamos.

Tú mismo, que visitaste toda esta zona, te diste cuenta que la gente nuestra, dando cumplimiento a lo pactado, consistente en que a más tardar el 31 de enero todas nuestras unidades estarían en las zonas veredales y los puntos, lo hicimos a sabiendas de que el gobierno no había hecho nada de nada en infraestructuras.

Inclusive arriesgando a nuestra gente, quien aún está expuesta a una crisis humanitaria. Puedes imaginarte donde hay una concentración de 400, 500 hombres sin batería sanitaria, sin agua potable, sin nada.

Y así asumimos ese riesgo porque queríamos mostrarle al pueblo colombiano que lo han confundido, manipulado por mucho tiempo, quienes son verdaderamente los interesados en la paz con justicia social.

PL: ¿Están realmente preparadas las FARC-EP para después de la deposición de las armas asumir la lucha política que se han propuesto?

JG: Nosotros hemos analizado de manera concienzuda la situación y es necesario que el gobierno cumpla una serie de compromisos que no ha cumplido. Acá los únicos que hemos cumplido hemos sido nosotros. Y hemos cumplido desde el inicio de estas conversaciones, dando cada vez más fe de nuestra convicción y voluntad de paz.

Mientras más gestos por la paz hacemos nosotros, más exigen, más piden. Por eso una vez dijimos que si seguimos haciendo gestos vamos a quedar como si nos hubiera dado una trombosis, todo desfigurado, de tantos gestos.

PL: Pero no nos respondió la pregunta. ¿Están preparadas las FARC-EP para la labor política y para jugar en el terreno de la democracia colombiana?

JG: Nosotros sí estamos preparados, a pesar de que existe una serie de escollos, como es la existencia del paramilitarismo, que está ahí como espada de Damocles. Esta gente ya está actuando.

Aquí en este sitio no, afortunadamente, pero en otras partes del país sí. Aunque paramilitares hay en todo el país, lo que pasa es que en este momento están pasando a ocupar regiones que dejamos nosotros. Y lo han hecho en convivencia con los sectores de los militares y de la policía.

No de todos, porque hay que honrar la verdad y hay un gran sector, que pensamos es mayoritario en las Fuerzas Armadas, que se identifica con el proceso de paz.

Por el 57 Frente se dio el caso de que revisando la zona se detectó la penosa situación de que estaban metiendo como trabajadores civiles a militares para construir las instalaciones. Eso es hacer inteligencia.

Aquí en este campamento llegaron dos en una moto y dijeron que eran comerciantes. Después supimos que eran paramilitares.

PL: El gobierno nombra “bacrim” (bandas criminales) a los grupos que ustedes llaman paramilitares.

JG: Manuel Marulanda (fundador de las FARC-EP) decía que si caminas como pato, graznas como pato, te bañas como pato, tomas agua como pato, copulas como pato, es porque eres un pato.

Entonces estas famosas bacrim si fueran delincuentes comunes se dedicarían a realizar delitos comunes que persigue la policía.

Pero es que estos hombres tienen la misma operatividad de los paramilitares. Entonces son paramilitares, que es salir a matar a líderes sociales, populares, de izquierda, a medio mundo.

Son paramilitares y esa actitud del gobierno de desconocerlos muestra que hay poca sinceridad, porque no ven objetivamente la realidad y la tratan con eufemismo para ignorarla. Ello no está bien porque no hay honestidad en esa actitud.

PL: Entonces, ¿las FARC-EP están en condiciones para después de la deposición de las armas asumir la lucha política que se han propuesto?

JG: Es oportuno denunciar que la situación aún inadecuada de las zonas y puntos es un acto premeditado, intencional, del gobierno para evitar que nos podamos ocupar de inmediato en asuntos políticos y no estar enredados aquí con que si el lavamanos, que el baño y el tiempo va pasando de manera implacable.

Eso es una cuestión intencional que parece obedeciera a un plan. Están jugando con los tiempos políticos, pues si no fuera una cuestión premeditada, intencionada y fríamente calculada, podría darse el abandono a la preparación de las zonas veredales en sólo uno o dos lugares.

Pero en todo el país es lo mismo y a pesar de que la prensa nacional e internacional lo ha visto, lo ha denunciado, esa dinámica del gobierno continúa y no se cumplen los acuerdos en cuanto a la adecuación de las zonas transitorias.

Todo es así: donde hay puntilla no hay martillo, donde hay martillo no hay madera, donde hay madera no le han pagado a los obreros y eso por todas partes es lo mismo, una calamidad.

PL: ¿Cuál es la postura de las FARC-EP respecto al proceso electoral, en un panorama que ya comienza a mencionar nombres de presidenciables? ¿Tendrían previsto el apoyo a algún candidato individual o a quien represente a un gran frente democrático?

JG: Nosotros pensamos que en esta etapa preelectoral tenemos que hacer un trabajo político bastante activo, a nivel de alianzas y/o coaliciones. Lo dijo nuestro comandante en la conferencia y el pleno lo ratificó. Tenemos que hacer un gran trabajo para que el presidente electo dé continuidad a los acuerdos de paz.

Se deben posibilitar reformas y más allá de lo acordado, que se profundicen éstas y para ello es necesario que quien salga electo presidente sea una persona que defienda los acuerdos de La Habana y esté interesado en ponerle fin al conflicto, de tal manera que exista una paz duradera.

PL: ¿Ustedes no sienten la sensación de que se han expuesto a la posibilidad de una traición?

JG: Sí. Todo eso lo hemos analizado, y todo eso está en el campo de las probabilidades. Pero nosotros nos hemos empeñado en que sea el pueblo quien se apropie de esta causa, de tal manera que si algo sucede contra el término feliz del acuerdo de paz, que no se pueda decir o que no digan Santos o el gobierno de Santos engañó a las FARC-EP.

No, se dirá Santos engañó al pueblo. Porque nosotros no estamos aquí y no hemos estado en el monte buscando privilegios personales ni mucho menos.

Lo que hemos hecho ha sido por el bienestar del pueblo y por eso deseamos que el pueblo, conociendo los acuerdos, se apropie de ellos, para que los defienda. Ese es nuestro único blindaje.

PL: A partir de ese enfoque, ¿quién ha hecho más por la paz, el gobierno o las FARC-EP?

JG: Esa pregunta es supremamente interesante. Pero vea si somos objetivos, aunque a mí no me gusta por principio hablar de uno mismo: hemos hecho más por la paz nosotros. ¿Y por qué?, porque en esta lucha fratricida ­–y no fratricida porque sea entre colombianos–, todos los muertos son sólo hijos de Juan Pueblo.

Otra gente de la clase de quienes detentan el poder sólo se ha beneficiado con el conflicto. Mientras la gente humilde pierde sus seres amados, ellos engordan sus bolsillos.

Por eso hay un sector que por convicción y por sus intereses no desean el fin del conflicto, pues ellos han vivido de él y los hijos de ellos estudian en las mejores universidades del país y del exterior;  siempre ha sido así.

Entonces es muy fácil pedir que siga el conflicto cuando los muertos no son los tuyos.

PL: Las visitas de grupos sociales de estos pueblos cercanos, ¿cómo se están comportando? ¿Se han acercado a las FARC-EP, los han visitado?

JG: No debía ser yo quien te lo diga, sino algún otro imparcial, posiblemente con mucha más objetividad y sin menos pasión, pero aquí son romerías interminables de gente todos los días.

Y eso es lo que incomoda a los que detentan el poder; es a lo que más ellos le temen, es ese contacto nuestro con el pueblo.

Por eso a raíz del caso de El Conejo, que lo conociste bien, que ellos se incomodaron mucho e hicieron un gran escándalo, cuando nosotros no hicimos nada distinto que explicarle a la gente el estado del proceso, inclusive le hicimos un reconocimiento allí al presidente Santos.

Pero nada de eso les satisfizo y quedaron incómodos. Entonces yo decía, bueno por qué se incomodan tanto si ustedes dicen que nadie nos quiere, entonces no se incomoden.

PL: Como cubano pensé que me iría de este mundo sin ver restablecerse las relaciones entre Washington y La Habana. Haciendo una analogía en cuanto al conflicto armado de su país, ¿pensó usted ver algún día concretarse la paz tras una guerra tan larga?

JG: Ahora sí me agarró usted fuera de base con esa pregunta. No, no pensé que fuera a darse así la paz. Para ser honesto, además, hay una suma de hechos y muchos intentos de parte nuestra de ponerle fin al conflicto con algunos gobiernos ya pasados y siempre detrás estuvo la trampa, el engaño.

Por ejemplo, el caso del expresidente Misael Pastrana (1970-1974). Ocurrió la ruptura cuando estábamos discutiendo el subsidio para los empleados. Y bueno, de la noche a la mañana se acabó todo, argumentando que nosotros habíamos utilizado la zona de distensión para traer allí a nuestros prisioneros.

Pero, para resumirle, la verdad la dijo el propio Pastrana cuando afirmó que fue una estratagema que él se inventó para dar tiempo a reencauchar el Ejército con la ayuda directa e intensiva de Estados Unidos: se estaba gestando el Plan Colombia, debido a que en aquel tiempo las fuerzas armadas estaban siendo objeto de múltiples y seguidos golpes.

Entonces ahí no hubo deseos de paz, sino una jugada. Es decir ganar tiempo. Así también fue lo de Uribe, que a su vez fracasó. ¿Por qué fracasa?, porque los camaradas Manuel (Marulanda) y Jacobo (Arenas) mandaron una exploración que se percató que el Ejército estaba emboscado, a la espera que llegáramos para cargarnos de metralla.

PL: ¿Qué recuerdos le quedan de su estancia en Cuba, como parte del equipo negociador de las FARC-EP, en el diálogo con el Ejecutivo Nacional?

JG: Yo estuve aquí en el monte 32 años y fui uno de los últimos del Secretariado que llegó a La Habana. Tuve problemas al principio por la cuestión del sueño, que se me dislocó totalmente.

Acá despertaba a las dos de la madrugada y me ponía a estudiar y después hacia ejercicios. Allá me acostaba a las diez u once de la noche, pero a las dos estaba también despierto.

Fue lo único malo, pero por lo demás, para ser sincero siento una profunda gratitud por el pueblo cubano, no expresable ni con palabras ni con hechos, pues por mucho que yo hable, nunca podré decir lo que verdaderamente sentí en Cuba, más yo que soy costeño, me sentí en mi propia casa.

Recuerdo siempre la fraternidad, la cordialidad del cubano. Eso que vez tú, la situación económica que tienen, que es difícil por el papel genocida de Estados Unidos, y sin embargo Cuba siempre tiene algo que dar sin pensar en lo que necesita ella misma. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento al pueblo cubano. Como otro recuerdo de Cuba, es que, además de potencia médica, será una potencia turística. Se están dando condiciones de que al turista sólo le brinde seguridad un sistema como el cubano.

¿Por qué? Usted sabe que hay unas bellezas naturales allá en el Mediterráneo y no sé en qué parte más, pero la gente va allá -quien tiene solvencia económica-, pero ahora encuentran lo del Estado Islámico. Está la gente disfrutando y cuando vienen a darse cuenta hay un AKM sonando por ahí.

Esa gente no vuelve a hacer turismo en esos lugares y a mí me llama la atención que a Cuba está llegando una cantidad de estadounidenses que andan felices con su maquinita de sacar películas, sin guardaespaldas, sin nada, tomando foto a todo y encantados de la vida.

Entonces, en la medida que el mundo se va volviendo más inseguro en ese aspecto, va siendo Cuba desde el punto de vista turístico más atractivo. En la isla tienes que llegar en avión o por barco. Encuentran en la isla gran seguridad, hay control.

Uno analiza y ve a esos gringos con tanta tranquilidad, ¿dónde pueden encontrar algo igual? Mira lo que ocurrió en Turquía, en la mejor discoteca. Y esa violencia está en todas partes.

Félix Albisu/Prensa Latina

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: ENTREVISTA]

Contralínea 531 / del 20 al 26 de Marzo 2017