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Más de 185 mil personas han sido desplazadas por la construcción de represas en México. En tanto, la cifra llega a 80 millones en todo el mundo. Una de las 150 obras que se proyectan en el país, y que podría tener este efecto de desplazamiento, se encuentra en Jalisco, conocida como El Zapotillo y su Acueducto Zapotillo-León. La construcción  impactaría a los habitantes de las comunidades de Temacapulín, Acasico y Palmarejo.

La Comisión Mundial de Represas contabilizó que en el mundo hay 47 mil grandes presas construidas, hasta el 2000, “lo que implica que más de la mitad de los ríos del planeta se encontraban represados, provocando el desplazamiento de 80 millones de personas”, informaron organizaciones defensoras del agua y los ríos.

En México, según el Informe Presas, Derechos de los Pueblos e Impunidad, se han construido más de 4 mil 200 proyectos de presas, expulsando a más 185 mil personas de sus lugares de origen.

“Estas obras responden a un modelo añejo y obsoleto de manejo y gestión del agua, en donde solo predominan las soluciones técnicas y de ingeniería de grandes obras de infraestructura…”, informaron las organizaciones: Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo, el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (IMDEC), Colectivo de Abogadxs, Acción Colectiva, Plataforma Tómala Ciudad y el Movimiento Mexicano de Afectado por las Presas y En Defensa de los Ríos (MAPDER).

Las dudas de El Zapotillo

La cortina a que se levanta en el Río Verde, Jalisco, beneficiará con contratos a las  empresas españolas Fomento de Construcciones y Contratas (FCC),  Abengoa, y a las mexicanas La Peninsular y Grupo Hermes, indicaron en el marco del Día de Acción Internacional en Defensa de los Ríos y contra las Represas, el Agua y la Vida.

Las organizaciones indican que sigue pese a los años que lleva el proyecto, impulsado desde la administración de Felipe Calderón, existe la duda de “¿cómo va a llegar el agua de la presa El Zapotillo a los pueblos de los Altos de Jalisco?, debido a que no existe ningún documento que clarifique los ramales y un plano de conexión del Acueducto Zapotillo León para la región. Por lo que es necesario preguntarse ¿realmente les llegará agua de este proyecto?; y de ser así ¿quién absorberá los costos de  conexión,  de bombeo, de potabilización y si existirá una partida especial para los gobiernos locales?”.

También documentaron que fichas técnicas hidrológicas realizadas por la Comisión Estatal del Agua de Jalisco, “reflejan que de 20 municipios  ubicados en región Altos, 19 están sobreexplotados. Nos preguntamos entonces si el proyecto pretende llevarse el agua ¿Cuál es el beneficio para la región de los Altos si según testimonios de los campesinos sus acuíferos se están agotando, las sequías son más prolongadas, las poblaciones no tienen agua y se pone en riesgo a las unidades de producción?”.

En la evaluación de quién pierde y quién gana con este proyecto en Jalisco, los defensores de los ríos y del agua enumeraron:

Pierden los campesinos y productores por qué:

Les cerraran los pozos, con el argumento de que es necesario que la presa se alimente.

Les obligaran a comprar el agua a costos definidos por la empresa Abengoa y ya no podrán sacarla de pozos, ni podrán captar el agua de lluvia.

En la mayoría de los municipios de los Altos se prologaran las vedas de aguas profundas y superficiales.

Los bordos y la captación de agua se volverán alternativas reprimidas por la Comisión Nacional del Agua, con el argumento que el agua de escurrimiento será para El Zapotillo.

Les quitarán el agua a los campesinos y productores con la que se produce el 88 por ciento de todo el huevo que comemos en México y el 22 por ciento de la proteína animal, poniendo en riesgo el sector productivo rural, la economía y vida misma de más de 800 mil habitantes de la región de los Altos de Jalisco.

Ganan las empresas constructoras por qué:

Se llevaran, controlarán y venderán el agua de los Altos por 25 años, incrementando el costo del pago por el acceso y distribución del agua, como se ha hecho con la luz, el gas y la gasolina.

El gobierno le sirve en charola de plata a la empresa Abengoa  el Acueducto, debido a que solo  tendría que aportar el 25 por ciento del costo de la obra; pero, como ese 25 por ciento sería su utilidad en la construcción del acueducto, entonces no pondrá nada.

Abengoa gana con la construcción del acueducto, gana con la operación del mismo, tiene a un cliente cautivo León y SAPAL (Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León) que durante 25 años asume un convenio que lo obliga a pagar toda el agua que «transportaría» el acueducto aunque en realidad no la provea (venta de agua virtual).

A pesar de que en noviembre de 2015 la empresa Abengoa entro en quiebra, el Gobierno con nuestros recursos intenta rescatarla, aportando hasta ahora más de 1 mil millones de pesos.

Los municipios de los Altos que avalen a El Zapotillo y su Acueducto, deberán asumir el pago de conexión al Acueducto y pagarle a Abengoa el precio que defina.

El informe Grandes represas en América. ¿Peor el remedio que la enfermedad?, editado por la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente con la organización International Rivers, indica que los principales impactos ambientales de las grandes represas son:

  • Empeoramiento de la calidad y salubridad de las aguas, río arriba y río abajo por la modificación artificial de las cuencas hidrográficas.

  • Degradación de los ecosistemas acuáticos. Al menos 400 mil kilómetros cuadrados de los ecosistemas ribereños más diversos del mundo se han perdido al ser inundados para crear represas.

  • Impactos a la biodiversidad: afectaciones a especies de peces migratorios.

  • Impactos en el cambio climático por el aumento en la emisión de gases de efecto invernadero, causados por la descomposición de materia orgánica inundada por la obra.

  • Efectos sísmicos que las grandes represas y los embalses pueden producir por la alta presión del agua del embalse, lo cual puede lubricar las fallas tectónicas y reducir el rozamiento entre las superficies de las rocas subterráneas.

Érika Ramírez

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