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Por casi 50 años –8 sexenios–, la Lotería Nacional para la Asistencia Pública (Lotenal) había servido de caja chica a gobiernos priístas y panistas. Son muchas las historias y denuncias de corrupción que ha escrito la prensa sobre esa institución, sin que hasta ahora ningún gobierno haya hecho algo para impedirlo, y un manto de impunidad aún la cubre.

Lejos de contribuir a la asistencia social, la Lotería Nacional ha pasado ahora a ser una enorme sangría para el erario: su costo de operación supera los 1 mil 500 millones de pesos, y arrastra una deuda multimillonaria.

Las pérdidas en la institución son de tal magnitud, que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) recomendó al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, iniciar su proceso de extinción, pues además hay un cochinero en sus finanzas.

Para constatar lo anterior, basta leer el más reciente informe de la ASF, en el que señala que en 2015 la Lotenal no sólo no logró utilidades, sino que tuvo cuantiosas pérdidas por 566.4 millones de pesos. Es decir, finalmente dejó de ser la caja chica del gobierno para convertirse en una carga fiscal, pues consumió recursos públicos por 527.6 millones. Pese a estas transferencias, al término del ejercicio presentó una pérdida de 38.8 millones de pesos.

En consecuencia, señala el máximo órgano de fiscalización del país, “no aportó recursos para apoyar económicamente las actividades a cargo del Ejecutivo federal en el campo de la asistencia pública, por lo que no se ajustó a su mandato”.

Por si esto no fuera suficiente, la Lotenal –que dirige el priísta Pedro Pablo Treviño– se ahoga en deudas, por lo cual disminuyó su fortaleza financiera. Y es que el peso de la deuda aumentó respecto de sus activos: mientras que en 2005 sus pasivos eran de 58.7  por cada 100 pesos en activos, en 2015 fueron de 81 por cada 100.

El minucioso examen hecho por la ASF determinó que la causa principal por la que la institución dependiente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público no obtuviera utilidades en 2015 para destinarlos a la asistencia pública fueron sus gastos de operación, que en ese ejercicio ascendieron a 1 mil 548.4 millones de pesos.

No obstante, la Lotenal ejerció mucho más. Según la ASF fueron 2 mil 205.8 millones de pesos por costos de operación, que representaron un incremento del 18.2 por ciento, respecto de los 1 mil 866.9 millones programados como meta en su Programa Institucional. Su talón de Áquiles son las ventas brutas y el gasto publicitario.

La historia de este elefante blanco no es nueva: desde 2009 registra mermas multimillonarias. De ese año a 2015 dichas pérdidas sumaron 1 mil 665.7 millones de pesos. Pero en vez de sanear sus finanzas, la Lotenal fue rescatada con dinero de nuestros impuestos. Nos preguntamos entonces por qué sigue en operación esa cara institución.

El rescate inició a partir de 2011, año en que Felipe Calderón aún era presidente, y recibió transferencias fiscales por 1 mil 127.4 millones de pesos, “con las que reflejó una pérdida acumulada por 538.3 millones de pesos”.

Al referirse a las pérdidas, el informe indica que los 1 mil 665.7 millones de pesos correspondientes al periodo 2009 a 2015, se debieron a que la Lotería obtuvo ingresos por 38 mil 14.7 millones, mediante ventas brutas por 37 mil 825 millones y productos financieros por 189.7 millones, en tanto registró egresos por 39 mil 680.4 millones de pesos, derivados de costos de venta por 30 mil 813.8 millones y gastos de operación por 8 mil 766.6 millones de pesos.

El desastre financiero en la Lotería debería encender las alarmas en la Secretaría de Hacienda; más, este año que se profundiza la crisis económica y aumentan las personas en situación de pobreza extrema. Un año en el que nos dicen desde el poder que se ha promovido la austeridad gubernamental.

El análisis de la Auditoría Superior de la Federación es contundente: desde 2009, la Lotenal no ha cumplido con su mandato de aportar recursos económicos para apoyar los programas de asistencia pública; por el contrario, a partir de 2011, el gobierno federal le ha transferido 1 mil 127.4 millones de pesos para apoyar su operación.

Por ello, la propia ASF recomendó su extinción: “en razón de que la entidad fiscalizada dejó de cumplir con su objeto social de aportar recursos para la asistencia pública, se recomendó a la SHCP, en su carácter de dependencia coordinadora de sector, que se proponga al Ejecutivo Federal la disolución, liquidación o extinción de Lotenal, en términos del artículo 16 de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales”.

Por supuesto que esta difícil situación financiera de una entidad del Estado mexicano no es única, hay muchas más dependencias federales que deberían desparecer para dejar de consumir recursos públicos, pues la población ya no aguanta seguir manteniendo una burocracia cara, inútil y corrupta.

Miguel Badillo

[Oficio de papel]

Contralínea 529 / del 05 al 11 de Marzo 2017

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