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Cada día entregamos más información privada a las redes sociales; ellas obtienen ingresos económicos, nosotros… Sólo problemas.

Con el gobierno estadunidense de Donald Trump se presentan cambios en todas las áreas, la mayoría parecen apresurados y poco analizados. Uno de ellos tiene que ver con el ingreso a Estados Unidos: para ello ya se está solicitando que se muestren las redes sociales. En algunos casos, a los extranjeros se les ha pedido su teléfono y han revisado su contenido. Es importante mencionar que desde diciembre ha sucedido esto y que la solicitud de indicar las redes sociales de forma opcional en los formularios de migración viene como una herencia de Barack Obama.

Aunque parece ridículo que un posible terrorista manifieste en sus redes sociales su apoyo a ISIS o sus planes para realizar una matazón, los hay, como el caso del atacante de San Bernardino. Pero independientemente de su nivel de eficacia o de si esa acción de hurgar en nuestras redes sociales o dispositivos sea compatible con las ideas del país de la “libertad”, sabemos que los verdaderos culpables hemos sido nosotros: a la menor provocación lanzamos fotografías e información privada; algunas veces información de más, en pocos casos descuidadamente, en muchos a cambio de algunos likes.  La libertad ahora sólo representa un motivo para invadir otros países y no existe en la realidad; y la privacidad parece que correrá la misma suerte. Pero nosotros seguiremos actualizando Facebook, indicando nuestros pensamientos, nuestros enojos, confirmando nuestros lazos de amistad y de sangre con otros usuarios y hasta indicaremos con lujo de fecha y hora el momento en que estamos tristes, aunque aparentemente a nadie le importe.

Toda esa información genera un perfil propio, muy valioso. Whatsapp ahora comparte tu información con Facebook, a pesar de que ambos digan que protegen tu privacidad: tienen tu teléfono, historial de ubicaciones y sabrán sus programadores qué tanto más, pero es cada vez más invasivo. Seguro lo has notado: adviertes que la publicidad en Facebook o Google es cada vez más específica, tanto que te sientes observado. Y aunque son algoritmos que calculan las posibilidades y quizá te muestren repetidamente anuncios que no te interesan, en algunos casos es tan eficiente que da miedo. Justo lo que los anunciantes quieren escuchar.

Personas que quizá conozcas… Habrás notado que en dicha sección de sugeridos en tu línea de tiempo de Facebook aparecen cada día más personas con una eficiencia escalofriante: los papás de la novia de tu hermano, la familia de tu maestra, tu exnovio, su esposa y sus exnovios, una situación ideal para cualquier acosador. La red social muestra tantos detalles para un desconocido, imagínate para un criminal. Si la base de las redes sociales es la Teoría de los Seis Grados, cuando lo ves en acción parecen 3 grados. En una sentada y mientras comes palomitas te puedes enterar de los últimos 2 años de la vida de quien te interese. Una vez más somos nosotros mismos quienes hemos informado religiosa y puntualmente a miles de millones de desconocidos sobre nuestra vida personal y gratis.

Por ejemplo, le hacemos el trabajo fácil a ladrones y secuestradores presumiendo nuestras pocas cosas de valor; indicando a donde vamos de viaje, que nuestra casa está sola desde que salimos a las 6 de la mañana y regresamos hasta las 10 de la noche; y, claro, cientos de veces hemos publicado el mapa de nuestra casa. ¿Por qué la mostramos? Simplemente porque tenemos imágenes y mapas satelitales a nuestra disposición y no podemos aguantarnos las ganas.

Independientemente de las teorías de conspiración, estamos en una sociedad híperconectada y es claro que todo apunta a concentrar toda nuestra información y datos, así como reunir todas nuestras aplicaciones favoritas en una misma. Por ello Facebook compra, clona y unifica los productos; te quiere todo el tiempo cerca y nutriéndose de ti.

Sabemos como nos lo muestra la historia en casi todos los aspectos, hasta en las artes: las tendencias van escalonadas de ideas contrarias. Apareció el neoclasicismo y después su contrario, el romanticismo. Luego de llegar al poder, Barack Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos; después llega su contrario, Donald Trump, un blanco racista y conservador. Lo mismo sucederá con la sociedad híperconectada: se están formando poco a poco algunas corrientes entre grupos de todas las edades que buscan eliminar totalmente su huella digital en internet; otros buscan simplemente disminuir o evitar en cierta medida la dependencia a un dispositivo que los “desconecte” de la realidad presencial. Así es, la vida sin estar revisando el teléfono cada 5 minutos podría volver a ponerse de moda.

Mientras volvemos a la cordura y nos aburre nuestro juguete nuevo, pasarán muchas cosas, algunas claro que serán buenas, pero otras muchas serán malas.

Gonzalo Monterrosa

[Sociedad Beta]

 

Contralínea 526 / del 12 al 18 de Febrero 2017