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El gobierno mexicano sí tiene opciones para revertir el gasolinazo. Una de ellas es rehabilitar las seis refinerías existentes, para alcanzar la capacidad de proceso para la que están diseñadas. Sólo esta medida permitiría aumentar el abasto en un volumen equivalente a una nueva refinería de 250 mil barriles diarios

Como respuesta al gasolinazo, se desarrolla en nuestro país una protesta popular dispersa y con demandas diversas; en algunas reuniones, bloqueos y marchas se han expresado no sólo denuncias, sino también demandas que, sin duda, son parte de un programa en la búsqueda de soluciones a esta crisis. En esta nota intentamos exponer algunas ideas para detener lo que podría convertirse en una escalada alcista en el curso de 2017.

Comencemos por enumerar las principales causas del aumento:

  1. Destrucción del aparato de refinación:

Desplegados, mantas, cartulinas, artículos y documentos han insistido en que la causa principal es que no se construyeron refinerías. El gobierno de Carlos Salinas comenzó con nueve refinerías, y en 40 años de neoliberalismo se han cerrado tres: Azcapotzalco, Reynosa y Poza Rica.

Pero en el gobierno de Enrique Peña Nieto se ha desarrollado lo que parece una política deliberada de empequeñecer las seis que quedaron: en 2011 se producían 479 mil barriles diarios de gasolinas, en noviembre de 2016 apenas se procesaron 253 mil barriles diarios, casi 50 por ciento menos.

  1. Se dejó de producir diésel fabricado en México, ¡que tiene costos de produccion más bajos!:

Contrariando principios elementales de la economía, se importa diésel más caro; con ello se lesiona el empleo de nuestros connacionales, se ayuda a mantener la producción shale de Texas y, desde luego el gobierno recibe dólares fáciles y rápidos.

¿Cuál es la fuente de esta afirmación de que el gobierno compra diésel más caro y deja de producir lo que en México es más económico? El dictamen de una auditoría concluida el 20 de noviembre de 2015, es decir hace poco más de 1 año, por un organismo de la Cámara de Diputados: la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Este documento ni siquiera fue leído o ha permanecido silenciado por todos los partidos políticos en el Congreso (aclaro que el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, no estaba representado).

El dictamen establece, en su Capítulo 13, el “costo de producción e importación de gasolinas y diésel: respecto de los costos de producción de diésel, se constató que éstos resultaron competitivos para el organismo [Pemex Refinación], ya que son inferiores en 7.9 por ciento: el costo en México es de 1 mil 488 pesos por barril, y en Estados Unidos de 1 mil 606 pesos por barril” (auditoría de desempeño 14-6-47T4M-07-0325 a Pemex Refinación, sobre la producción y distribución de petrolíferos.)

Respecto a la gasolina Magna equivalente a la llamada regular en Estados Unidos, sus costos de producción, en 2014, presentaban una diferencia del 2.1 por ciento a favor de los gringos; le propia ASF la califica de “marginal”, pero, y éste es un comentario mío, era utilizada para desplegar una campaña sobre la “ineficiencia mexicana”.

  1. Jueces y gobernadores haciendose millonarios con los autos chocolates:

Al mismo tiempo constatamos un crecimiento explosivo del parque vehicular, proceso al que le es concomitante el incremento de la demanda de gasolinas. Este fenómeno es inducido por el modelo económico, que privilegia a la industria automotriz, pero hay peculiaridades mexicanas. Por ejemplo, la irrupción de los llamados autos chocolates. Como secuela del huracán Katrina, que azotó Louisana y Texas, en 2005, decenas de miles de carros rescatados del fango entraron a nuestro país gracias a una mafia de coyotes que, con el apoyo del poder judicial, tramitaron permisos, amparos y otras mecanismos legales.

Apenas en 2015, el anterior gobernador de Zacatecas, después de que agotó la capacidad de endeudamiento de su entidad, acudió a otro “ingenioso” recurso: la venta de documentos de regularización de los famosos chocolates a sólo 1 mil 400 pesos.

Si revisamos estadísticas sobre las importaciones de gasolinas podemos observar que en 2004 se importaban 200 mil barriles diarios; en 2012, casi 600 mil, y en 2016, más de 800 mil barriles cada día.

  1. Ataques al transporte colectivo y la hidroelectricidad:

El transporte colectivo incluso ha sido disminuido. Un caso que golpeó el transporte popular fue la privatización de los ferrocarriles, realizada por Ernesto Zedillo.

Para privilegiar lo que podríamos llamar el “paradigma fósil”, es decir sólo los hidrocarburos, el caso más reciente es el cierre de la planta de Necaxa. Éste fue un golpe furtivo, a traición, del exespurio presidente Felipe Calderón, que gastó millones de pesos para desatar una guerra mediática sobre los “privilegios” de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Sobre este tema recomendamos la lectura de un libro imprescindible, de Guillermo Padilla, José Tomás Oropeza Berumen y Nelly Moro: Voces de la resistencia del Sindicato Mexicano de Electricistas (2009-2014), editorial Itaca, 2014.

El modelo fósil ha colocado a algunas ciudades al borde del colapso; por ejemplo, en el área conurbada de la capital mexicana, se estima que cada año el número de automóviles se incrementa en un cuarto de millón. Evidentemente es un curso insostenible.

Lo anterior requería un crecimiento paralelo de la infraestructura portuaria, para recibir las importaciones de transporte por ductos a los mercados y de almacenamiento, distribución y reparto, llamada TAR; pero, por la vía fiscal, se despojaba a Petróleos Mexicanos de todos sus ingresos y se le imposibilitaba para hacer estas inversiones.

Desde la gran discusión de 2008 sobre la reforma energética de Calderón, se dedicó una mesa a examinar una de las más ominosas consecuencias de esto último: las TAR habían quedado desbordadas; la Ciudad de México, por ejemplo, tenía una autonomía de abasto de unas horas; sólo los puertos podían contar con autonomía para 5 o 6 días.

  1. Surgimiento de los mercados paralelos:

A este proceso de descomposición, se agregó la llamada “guerra” al narcotráfico, cuyo impacto sobre la industria de la refinación ha sido de una magnitud que todavía no hemos podido cuantificar.

Las distintas bandas de narcotraficantes se volcaron sobre las instalaciones de transporte de combustibles y, según las estadísticas oficiales, el número de tomas clandestinas se multiplico más de 1 mil veces, es decir creció en 1 mil 49 por ciento, al pasar de 367 tomas en 2008 a 4 mil 218 en 2014; así surgió un nuevo renglón en la contabilidad de Pemex Refinación (hoy llamada Pemex Transformación Industrial): los costos por reparaciones, mismas que se multiplicaron en más de 800 veces; repetimos, son cifras oficiales.

  1. La “gasolina popular”:

Así, fueron surgiendo mercados paralelos y nuevos tipos de gasolinas. Se cree que en nuestro país sólo existen dos tipos de estos combustibles: la Premium y la Magna; pero no es así: en la nueva situación, agravada en el sexenio de Enrique Peña Nieto, surgió un combustible conocido en Puebla, Tlaxcala, Estado de México y otras entidades como el huachicol; por ello a los expendedores los llaman huachicoleros. Y en las entidades del Norte, principalmente Tamaulipas, surgió la llamada “gasolina popular”, que en algún momento se vendía a la mitad del precio de la Magna.

Estas son mezclas de los combustibles robados y, naturalmente, causan problemas en los motores y sobre todo constantes accidentes en los expendios “populares”. Omitiremos estadísticas sobre este último asunto, para acortar este texto y pasar a las propuestas que evidentemente sólo pueden ser impulsadas desde abajo, con la movilización que sin duda continuará.

  1. Echando gasolina al fuego:

¿Por qué la crisis continuará? Entre otros factores, porque Peña Nieto está rodeado de ineptos que actúan como si quisieran precipitar su fracaso. Por ejemplo, la Secertaría de Energía y la Comisión Nacional de Hidrocarburos insisten en la torpeza de comenzar la Ronda 2 de sus llamadas licitaciones o subastas de más bloques, que hasta ahora sólo consisten en entregar gratis grandes espacios territoriales o marinos que las empresas mantienen intactos, en espera de que el mercado mundial se recupere.

Ante ello, podemos esbozar dos propuestas para revertir esta crisis.

  1. Incrementar la oferta:

Lo primero es precisar que desde el lado de la oferta es poco lo que puede y debe hacerse. La extracción petrolera en México está desplomándose hace más de 1 década y ningún geólogo coincidiría con las fantasías de los políticos sobre la posibilidad de revertirla, en el corto o medio plazos. Desde luego, nadie puede descartar la probabilidad de un “gigante” oculto bajo formaciones sub sal.

Las áreas prospectivas más importantes de este país son, en tierra: 1) las lutitas; 2) el Proyecto de Aceite Terciario del Golfo (ATG); 3) costa afuera, el sub sal en las aguas profundas, y 4) la posibilidad de rehabilitación de algunos campos maduros. Aún hace falta mucha investigación, sólo para una verdadera evaluación y aún en el caso de que existiera un potencial en los shales, antes deberían considerarse problemas como el fracking y el cambio climático, una de cuyas manifestaciones es el avance, ya considerable, de las aguas del Golfo de México, sobre la costa de Laguna Madre en Tamaulipas, el Delta del Grijalva, en Tabasco, y la Costa Norte de Isla del Carmen.

Para aumentar la oferta proponemos medidas como rehabilitar las seis refinerías actualmente existentes, para ir alcanzando gradualmente la capacidad de proceso para la que están diseñadas, como lo ha propuesto temprana y reiteradamente la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas de Pemex.

Sólo esta medida permitiría aumentar el abasto en un volumen equivalente a una nueva refinería de 250 mil barriles diarios.

Asimismo, construir nuevas plantas de refinación pequeñas. Hemos insistido en abandonar los proyectos faraónicos. Para reforzar nuestro planteamiento, publicamos en un apéndice las estadísticas que muestran que de las 150 refinerías de Estados Unidos, el 25 por ciento son chicas. En nuestro cuadro, la más reducida, funcionando en Nevada, tiene una capacidad de proceso de 2 mil barriles diarios; es decir, un volumen más de 100 veces menor a la gran refinería planeada para 300 mil barriles, que inició el expresidente Calderón en Tula, Hidalgo. La mayor en nuestra lista es una refinería en Indiana, que recibe una carga de crudo de 27 mil barriles al día, 10 veces menos que la planeada en Tula. Nótese que en Wyoming hay una empresa refinadora que precisamente se llama Pequeña: Litle America Refining Company.

Obras de dimensiones reducidas permitirían participar en proveeduría a las pequeñas, medianas y aún microempresas; incluso podrían incorporarse talleres de refacciones, y de fabricación de ropa y calzado para los obreros, aliviando el desempleo regional. Hay proyectos de explotación que Pemex tuvo que suspender porque la caída de los precios en el mercado mundial los arrojó debajo de la línea de la rentabilidad, pero pueden regresar a la agenda si se planean como explotación de aceite y gas, refinación y separación de azufre, pequeñas plantas de amoniaco, etcétera. Eso sólo puede hacerlo una empresa integrada como Pemex, y no las empresitas enanas que recibieron, por ejemplo, la mayor parte de los bloques de la licitación tres de la Ronda 1. De ahí la importancia de que funcionarios honestos de la CNH suspendan la entrega de campos.

  1. Disminuir la demanda:

Lo primero es aminorar el derroche de combustibles que hoy se realiza.

Las calles de nuestras ciudades hoy están convertidas, a ciertas horas, en gigantescos estacionamientos: saturadas de doble remolques. ¿Qué transportan? Alimentos chatarra, botellitas con agua y refrescos embotellados. Es necesario exigir la suspensión total de venta de ese tipo de artículos en las escuelas, y convencer a los profesores de dedicar un espacio para explicar que ahí comienzan los problemas de obesidad, diabetes y otras enfermedades, que nos han convertido en un país con la mayoría de sus habitantes mórbidos.

En el Congreso hay una iniciativa para prohibir los doble remolques que está “trabada” por la oposición de alguna camarilla; retirarlos de la circulación aliviaría en alguna medida la congestión del tráfico, abatiría el derroche, lograríamos ahorros de gasolinas y mejoraría el ambiente y la salud.

Una medida que lograría resultados en muy corto plazo serían las obras necesarias para volver, también gradualmente, a la operación los ferrocarriles que fueron privatizados en el sexenio del expresidente Zedillo. En reuniones del Grupo Constitución y República, he escuchado muchas interesantes propuestas de construcción de tramos de líneas ferrocarrileras, partiendo de puertos del Golfo de México al centro del país y también a lo largo de las costas.

Desde luego algo de todo lo anterior podría emprenderse si se lograran recortar los derroches en los salarios, bonos y otros dispendios de las élites en el gobierno y los partidos políticos, la demanda que más se escucha en las calles.

Tal vez algo podría logarse si, como pide el padre Alejandro Solalinde, los organismos protagonistas aceptan “bajar sus banderas individuales, para enarbolar una común, donde puedan caber otros”.

Fabio Barbosa

[ANÁLISIS PETROLERO]

 

Contralínea 525 / del 05 al 11 de Febrero 2017