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Un estudio de la Dirección de Servicios de Investigación y Análisis de la Cámara de Diputados revela que el subsidio a gasolinas y diésel que supuestamente se eliminó a inicios de este 2017 –lo cual habría motivado el llamado gasolinazo– se pulverizó en la década pasada.

Al analizar el comportamiento del supuesto apoyo a los consumidores de combustibles en el largo plazo, el informe Determinación de los precios, los subsidios y el régimen fiscal de las gasolinas y el diésel en México en el contexto de la reforma energética 2017 descubre que este ha sido inexistente.

El estudio explica que el subsidio consiste en que los consumidores en México paguen menos por los energéticos que lo que pagan en el mercado estadunidense. Sin embargo, al analizar dicho “apoyo” en el largo plazo, esto es entre enero de 2007 y diciembre de 2016, demuestra que la tendencia es a la inversa.

“En promedio, el consumidor local ha pagado el precio de la [gasolina] Premium 41 centavos por litro más cara que en Estados Unidos, y la Magna ha sido más cara en 43 centavos por litro”. Sólo la tendencia del diésel ha sido distinta: 0.82 centavos por litro más barata.

El análisis explica que, “generalmente, los precios internos de los petrolíferos en México son inelásticos y contra-cíclicos con respecto al de los hidrocarburos, lo que implica que cuando la mezcla internacional de petróleo se encarece se conforma e incrementa el subsidio a favor de los consumidores domésticos (los precios internos son más baratos con respecto al observado en Estados Unidos), y cuando el precio de esta materia prima se abarata, el subsidio tiende a cero e incluso estos petrolíferos se venden más caro en México que en Estados Unidos”.

Elaborado por el maestro en economía Reyes Tépach Marcial, el estudio advierte que “en el largo plazo existe una tendencia al equilibrio entre los precios que pagan los consumidores domésticos y los de Estados Unidos, porque los periodos de subsidio que favorecen a los consumidores locales desaparecen cuando el precio de los hidrocarburos se abarata: existen etapas donde el consumidor doméstico compra las gasolinas y el diésel más baratos que en Estados Unidos; a contrario sensu, existen otros periodos donde esta tendencia se revierte, vendiéndose estos petrolíferos localmente más caros con respecto a nuestra principal referencia internacional”.

Agrega que, el modelo mexicano de administración de precios era rígido: estaba diseñado para que el consumidor doméstico pagara un precio igual al de la referencia internacional (Estados Unidos) en el mediano y largo plazo; y en el corto plazo gozara de un subsidio si los precios de los hidrocarburos eran altos o pagara un precio superior a la referencia internacional si el petróleo se abarataba.

El estudio también explica que la apertura de este mercado elimina esa política de precios máximos. “Si la flotación del precio es limpia, si no existiera intervención gubernamental en la fijación de los precios de estos petrolíferos, no habría posibilidad de conformación de subsidios a favor de los consumidores domésticos porque los precios internos deberán converger a los de nuestra principal referencia internacional”.

Añade que los precios de las gasolinas y el diésel deberán reflejar los costos de producción, “siendo elásticos respecto al comportamiento del mercado internacional de los hidrocarburos, lo que implica que ante incrementos de los precios del petróleo, las gasolinas y el diésel aumentarían, y viceversa”.

Nancy Flores

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