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Todo indica que este 2017 será peor que el año que cerramos. Nuestro país, desde hace mucho dependiente de Estados Unidos, será arrastrado aun más por las políticas de la Casa Blanca; pero ahora posiblemente devastado por algunas de éstas, sobre todo las migratorias y económicas que aplique Donald Trump. Si antes de las elecciones estadunidenses nuestros políticos hicieron estupideces memorables –como portar playeras a favor de Hilary, involucrándose en la política estadunidense como porra futbolera;  romper una piñata alusiva a Trump, en la mayor demostración posible de valor y autodeterminación; o señalar que Trump es para México un huracán económico categoría cinco, ¡ah Carstens!, exguardián del Banco de México; o los desfiguros de Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto al invitar a nuestro país al entonces candidato presidencial–; y antes de que Trump tomara posesión nuestros políticos temblaron y actuaron con insensatez, ¿qué podemos esperar de ellos cuando la realidad de Trump nos alcance?

Roberto E Galindo Domínguez*roberto-galinedo-520-a

Por otro lado, muchos conciudadanos se sienten amenazados por Trump –incluso cuando sólo era candidato–. Considerar de mayor riesgo la política de Estados Unidos, que la podredumbre de nuestro sistema político es ceguera ante nuestra realidad. Con un presidente y muchos gobernadores corruptos, que son estandartes de incompetencia para garantizar nuestro bienestar; con un sistema que sólo acumula descalabros económicos, eliminación de beneficios sociales y, sobre todo, más muertos y desaparecidos en medio de una violencia casi generalizada en la nación; el que muchos mexicanos se alarmen más por los dichos de un presidente electo extranjero que por la política nacional es, cuando menos, desconcertante.

Se alarman conciudadanos y políticos cada vez que Trump menciona la erección de un muro fronterizo, cuando una tercera parte de ese muro ya está construida. Muro que ha sido el resultado de los recursos económicos y estrategias que desde la década de 1990 aplica el gobierno estadunidense, para frenar el gran flujo migratorio de nuestros connacionales; generado en gran medida por las políticas económicas entreguistas que nuestra clase política ha privilegiado desde hace décadas, y que sin duda los políticos actuales no han querido revertir.

En medio del desastre que es México y la “terrible” amenaza de un muro que desde hace tiempo se construye. Se aproxima el proceso de elección presidencial de 2018. Lo que augura un 2017 álgido y peleado en los medios de comunicación. Donde las encuestas, como siempre, serán fraudulentas bolas de cristal para mentes desinformadas. Desde ahora diversas voces, bien informadas y malintencionadas, alaban la candidatura de Margarita Zavala, y deberíamos preguntarnos ¿quién es ella además de ser esposa de Felipe Calderón? Ese presidente al que le quedó grande el uniforme militar, pero que generó el mayor conflicto armado desde la Revolución Mexicana. ¿Quién es ella para querer ser presidenta de una nación tan atormentada y diezmada? Por que los miles que han muerto en la guerra que inició su marido y ha continuado Enrique Peña Nieto, son bajas mexicanas del bando que sean. ¿Quién es ella para querer dirigir los destinos de una nación?, cuando su prima Marcia Matilde Gómez del Campo quedó exonerada de la tragedia de la Guardería ABC, en la que murieron 49 bebés. ¿Qué ha hecho ella para considerarse por un segundo como posible candidata?

Si de votar por una mujer se trata, voten por la innombrable candidata zapatista, porque no sabemos cómo se llama. Y las preguntas sobre Margarita se vuelven pertinentes otra vez. ¿Quién es la candidata indígena para querer gobernar un país? ¿Qué ha hecho además de resistir en las montañas y sobrevivir a un sistema injusto? Sistema políticamente corrompido, y acremente criticado por sus ideólogos –Marcos o Galeano, Moisés y su Congreso Nacional Indígena–.  Si ya es cuestionable que la extrema derecha y “la extrema izquierda” postulen a mujeres desconocidas por su actividad política seria –Margarita ya tiene libro y telenovela–, entonces por qué deberíamos votar por una o por la otra. Zavala significa la continuación del sistema como lo conocemos, la posible variante sería que en la fotografía habría un vestido, pero no capacidad política; aunque tal vez el Ejército si tenga un uniforme de su talla. De la candidata indígena, sin nombre ni rostro, no se puede decir mucho. ¿Qué significaría votar por ella si se postula? Puede ser que reducir el propósito del sufragio a una cuestión de género y de clases sociales.

Con la alarma por Trump y las insensatas candidaturas mujeriles, no se apartan del renglón presidencial algunos “independientes”, que agazapados se mantienen a la espera de vientos político-mediáticos favorables. Los perredistas no tienen claro quién será su candidato. Mientras a Andrés Manuel López Obrador lo comparan igual con Trump que con el finado Fidel Castro. López Obrador es el aspirante presidencial de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), y aunque las falibles encuestas lo posicionan a la delantera –siento que ya viví esa escena en los dos pasados procesos electorales–. Lo predecible es que conforme se acerquen las elecciones lo vayan des-posicionando. En esta turbulencia política algo que debería alarmarnos es el silencio a voces de la posible candidatura priísta; puede ser José Antonio Meade Kuribreña, Miguel Ángel Osorio Chong, Enrique Ochoa Reza, o cualquier gobernador que con alguna artimaña mediática sea revitalizado, engalanado y exonerado de toda corrupción. Lo que parece poco factible ante el intento de posicionamiento de Zavala, en lo que puede interpretarse como una alianza entre las cúpulas dirigentes del país, además del Partido Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional. Por supuesto, como consecuencia de la fracasada administración peñista. Pero ese aparente alejamiento de la carrera presidencial no significa que debamos dar por vencido al priísmo, que en cualquier momento puede resurgir y, lo peor de todo, comprar a millones de votantes sin memoria, ya no digamos histórica, sino inmediata.

Es así que el año que comienza promete ser ajetreado en lo político, devaluado en lo económico y más humillante en cuanto a nuestra mancillada soberanía. Y mientras tanto muchos ciudadanos y políticos están aterrorizados por un vecino que no nos quiere en su casa, cuando lo que nos debería ocupar es evitar que nuestros connacionales prefieran vivir en esa casa y no en la nuestra.

Roberto E Galindo Domínguez*

*Maestro en ciencias, arqueólogo y buzo profesional, literato, diseñador gráfico. Cursa la maestría en apreciación y creación literaria en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente

[OPINIÓN]

Contralínea 520 / del 01 al 07 de Enero 2017

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