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En picada, la inversión extranjera total. En 2012 era de más de 102 mil millones de dólares. Para 2015 fue de sólo 53.2 mil millones. La caída es de 48 por ciento: casi 50 mil millones de dólares. Particularmente, la inversión extranjera directa hoy es menor que la registrada en 2009. Además, el peso se ha devaluado 42 por ciento en lo que va del sexenio. Y la tormenta que anuncia Trump todavía no comienza

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Finalmente, José Antonio Meade, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), se vio obligado a reconocer la omnisciente y lacerante realidad. Aunque de manera sesgada. Quizá para tratar de exorcizar a  los malos espíritus que mantienen aterrorizados a los siempre nerviosos inversionistas foráneos y menoscaban su confianza en la pregonada solidez de los llamados “fundamentos económicos” del país, así como en la capacidad conductiva del gobierno en “un mundo rico en incertidumbre”, como dijera con su lenguaje extravagante Agustín Carstens.

Más tarde que temprano, Meade, frente a un puñado de empresarios, tuvo que admitir, ante la inocultable realidad, pero en una visión distópica futurista que pone en riesgo al proyecto neoliberal peñista, que peligra la inversión por la volatilidad financiera. En el contexto de incertidumbre que rodea a México, dijo Meade, existe el riesgo de que disminuyan las inversiones. Pese a ello, agregó, aún “hay interés sobre México, sobre sus reformas, sobre su presente y sobre su futuro; hay confianza en las autoridades”.

Para tratar de despejar los barruntos de tormenta, Meade anuncia el interés peñista por reforzar la supuesta “confianza” y el supuesto interés de los inversionistas, sobre todo los foráneos, en los cuales se ha depositado el inexistente crecimiento y bienestar económico, por medio del señuelo de las “reformas: Pemex, la red [eléctrica] compartida, el aeropuerto, el superávit [fiscal] primario”. Con ellas y cuantas se le ocurran pretenden “anclar procesos de inversión”.

Todos los activos que quedan de la nación para ser subastados. A precios de remate, gracias a la macrodevaluación cambiaria nominal registrada durante el peñismo los ha abaratado. Hasta principios de diciembre de 2016 el peso mexicano se ha devaluado en 18 por ciento, en promedio, frente al dólar estadunidense. En lo que va del peñismo acumula una macrodevaluación media de  42 por ciento, según datos del banco central.

En ese  mismo lugar y en un tono similar, Eduardo Osuna, del Grupo BBVA-Bancomer, anticipó que podría observarse un retraso en los flujos de inversión hasta finales de abril de 2017. A su juicio, durante esos primeros 100 días del gobierno de Donald Trump, se disipará la incertidumbre, una vez que se definan las decisiones que tomará el republicano en materia económica, comercial.

El desasosiego está justificado.

Algunas declaraciones nacionalistas emitidas por Trump durante su campaña pusieron en estado de shock a los militantes de la internacional neoliberal, entre ellas a las elites dominantes mexicanas. Como se recordará, durante su campaña electoral Trump criticó a las empresas estadunidenses que se han trasladado a otras naciones, y apuntó a China y México, entre otras, dejando su propio país una estela de desempleo, pobreza y otras lindezas, y señaló que haría lo necesario para retenerlas en tierra patria.

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Extraña declaración cuando se sabe que en el capitalismo tiende naturalmente hacia la transnacionalización, y que el capital no huele ni tiene patria, salvo cuando le conviene. ¡Cuántos golpes de Estado se han llevado a cabo en nombre de sus intereses!

Las desregulaciones nacionales y la liberalización de los mercados impuestos por el neoliberalismo global sólo han servido para derribar las murallas económicas que impedían su internacionalización y maximización de sus utilidades, su nueva conquista de nuevas zonas que les asegura manos de obra casi esclava, con bajos salarios, sin prestaciones sociales, sin odiosos sindicatos, con bajos impuestos o sin ellos, con subsidios generosos, sin regulaciones ambientales, con gobiernos y socios empresariales ser-viles.

El primer ensayo trumpiano, el caso United Technologies-Carrier provocó una crisis nerviosa a la elite mexicana. A cambio de 7 millones de dólares en bonificaciones fiscales a 10 años –¿además los apoyos que recibe del Eximbank, de los jugosos negocios de sus directivos (50 millones de dólares en 2015), los gastos para “inflar” el precio de sus acciones (12 mil millones en 2015), en lugar de usar ese dinero para invertir en nuevas plantas y trabajadores, y que forman parte de lo que Bernie Sanders calificó como la “codicia corporativa? –, la firma decidió cancelar el traslado de 1 mil empleos a Nuevo León. Detractores como Chris Isidore y Eric Bradner dicen que, en realidad, sólo serán 800 y, de todos modos, trasladará 600 plazas a México. Ahora se habla de que Trump y la empresa pactaron que sólo se lleve la mitad a México.

Cuál sería el sentimiento peñista-empresarial cuando Trump dijo que “va a reducir sustancialmente impuestos y regulaciones a las empresas, pero cualquier empresa que abandone nuestro país por otro país, despida a sus empleados, construya una nueva fábrica o planta en otro país, y luego crea que va a vender de vuelta sus productos en Estados Unidos sin castigo o consecuencia, está equivocada”, y que les impondrá una tasa impositiva del 35 por ciento.

Visto razonablemente el asunto, ¿acaso no debería ser esa la práctica de cualquier gobierno que se preocupe por el empleo?

Cualesquiera que sea el número de empleos involucrados, Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, aceptó que Donald Trump sí “despeina a México y a Nuevo León”.

Pero alguien se ha preguntado cuáles eran los beneficios que ofrecía el gobierno neolonés y el mexicano a esa y otras empresas, a cambio de sus inversiones

¿Cuáles iban a ser los salarios que pagaría Carrier a los trabajadores neoleoneses?

Según Carrier, en Nuevo León el salario promedio es de 11 dólares diarios y en Indiana de 30 dólares. Es decir, 227 pesos contra 618 pesos a la paridad de principios del sacrosanto diciembre.

Gilberto Villarreal, presidente de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo   de Monterrey (Canaco Monterrey), dijo que en Indiana el salario es de 20 dólares la hora y aquí de 3 dólares. Es decir, 412 pesos contra 62 pesos. “La mano de obra mexicana –agregó Villarreal– está más calificada y con más calidad, todos salen ganando”. ¿Todos? ¿Eso piensan los trabajadores mexicanos?

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Do you understand mexican greasers?

Lástima: por un puñado de dólares como subsidios, Carrier perdió la carne esclava mexicana domesticada por los sindicatos blancos que privan en esa entidad.

Wilbur Ross, designado como titular de Comercio estadunidense, dijo: “vamos a revisar en una manera programada los acuerdos de libre comercio”; vamos a detener la Asociación Transpacífica, las “importaciones injustas”; las “prácticas comerciales desleales”, vamos a buscar acuerdos comerciales bilaterales; y, como había dicho Trump, se arreglará el Tratado de Libre Comercio, pero, calma, “México no va a desaparecer, Canadá no va a desaparecer, pero hay cambios que se necesitan”; y añadió: “los mexicanos tendrán que hacer concesiones. Punto”. “Representamos 80 por ciento de las exportaciones totales [de México]. Eso es enorme […]. Cuando uno es el cliente del 80 por ciento [de las exportaciones] de alguien, ¿realmente peleará conmigo? No, va a negociar”.

¿Quizá por eso Agustín Carstens, como el clásico roedor, abandonará el banco antes del cataclismo?

 “‘Cosas veredes’, dijo mi señor Don Quijote a Sancho Panza.”

Meade prefirió hablar de un futuro inmediato para olvidar, amnésicamente, el pasado reciente, donde la inversión extranjera prefirió abandonar el barco peñista neoliberal antes que Carstens.

Hace poco dijo Carstens: “No hemos visto grandes salidas de capital, incluso la inversión extranjera directa en nuestro mercado de deuda interna se ha mantenido y ha crecido en el margen”.

Todo es relativo y depende de cuál sea el margen que se observa.

En efecto, entre abril-junio y julio-septiembre de 2016 la inversión extranjera total (IET) aumentó de 1.4 mil millones de dólares a 14.4 mil millones de dólares.

Pero la mejoría se debió a la inversión de corto plazo, la especulativa que se mueve al ritmo de la rentabilidad que ofrezca un mercado u otro, el bursátil y el de dinero. En abril-junio salieron en tropel de esos mercados 4.4 mil millones de dólares, ya sea a especular con la moneda o salieron del país. En el siguiente trimestre entraron impetuosamente 10 mil millones de dólares. La sacudida de la paridad se explica en parte a esos movimientos bruscos. Su retorno coincide cuando el banco central elevó su tasa objetivo de  3.75 por ciento a 4.25 por ciento, el último día de junio. No será extraño que se observe el mismo fenómeno en el último trimestre del año, pues a mediados de noviembre volvió a subirla la tasa 5.25 por ciento.

Pero los flujos de largo plazo, la inversión extranjera directa (IED), el otro componente de la IET, bajó de 5.9 mil millones de dólares a 4.3 mil millones de dólares entre el segundo y el tercer trimestre

Sin embargo, en una perspectiva más amplia, los datos del propio banco central ofrecen un panorama distinto.

Hasta septiembre de 2015, el saldo acumulado de la IET sumó 45.9 mil millones de dólares y el mismo lapso de 2016 fue de 37.4 mil millones de dólares, lo que representa una reducción de 19 por ciento, de 8.5 mil millones de dólares. De hecho, es el monto más bajo registrado en lo que va del peñismo para un periodo similar y el peor desde 2009, cuando fue de 22.4 mil millones de dólares.

En 2012, el saldo fue de 76.8 mil millones de dólares; en 2013, de 66 mil millones; en 2014 de 57.1 mil millones. Entre septiembre de 2012 y el mismo lapso de 2016 se redujo en 51 por ciento, en 39.3 mil millones de dólares.

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En términos anuales, la IET ha descendido sistemáticamente. En 2012 de 102.9 mil millones de dólares, en 2013 de 98.6, en 2014 de 74.5, y en 2015 de 53.2 mil millones de dólares. Sexenalmente muestra una caída de 48 por ciento, de 49.6 mil millones de dólares. El dato de 2015 es el menor desde 2009, cuando fue 33.4 mil millones de dólares.

La IED acumulada declinó de 25.8 mil millones de dólares a 19.8 mil millones de dólares entre los meses de septiembre de 2015 y 2016, lo que representa una baja de 23 por ciento o 6 mil millones de dólaresd. En el primer año del peñismo había sido de 34.8 mil millones de dólares.

Anualmente, en 2013 la IED presentó su mejor momento del sexenio: ingresaron 47.5 mil millones de dólares, pero al año siguiente bajó a 27.4 y en 2015 se ubicó en 32.9 mil millones. No obstante, entre 2013 y 2015 muestra una reducción de 14.7 mil millones de dólares o 31 por ciento.

Pero si se considera únicamente a la llamada nueva inversión, los nuevos capitales invertidos, ésta ha perdido terreno sensiblemente. La IED integras ese concepto, la reinversión de utilidades y las cuentas entre las filiales y las matrices, generalmente trianguladas en los paraísos fiscales, que representa la caja negra donde se subestiman o sobreestiman costos de producción, precios de importación y otras operaciones que les permite a las empresas reducir y evadir el pago de impuestos y otras operaciones de dudosa reputación.

Con Ernesto Zedillo la nueva inversión equivalió a 58 por ciento de la IED, con Vicente Fox a 52 por ciento, con Felipe Calderón a 51 por ciento y con peña Nieto a sólo el 30 por ciento.

Entre septiembre de 2015 y 2016 su saldo disminuyó de 6.7 mil millones de dólares a 6.4, 5.8 por ciento menos (393 millones de dólares), representa su menor ingreso desde 2016 (4.3 mil millones de dólares). En 2011 había sido de 12.9 mil millones de dólares.

Anualmente, su saldo en 2013 fue de 22.4 mil millones de dólares, en 2014 de 5.7 y en 2015 de 13 mil millones de dólares, 42 por ciento o 9.4 mil millones de dólares menos que 2013.

En lo que va del peñismo la IED acumulada suma 127.6 mil millones de dólares y la nueva de 47.6 mmd, el 37 por ciento del total. Las utilidades obtenidas ascienden a 75.5 mil millones de dólares y las remitidas a las matrices a 5 mil millones de dóalred, el 33 por ciento del total. Las ganancias remitidas equivalen a 20 por ciento del total de la IED y a 52 por ciento de las nuevas inversiones.

En el caso de la inversión financiera o especulativa, ésta cayó de 20.2 mil millones de dólares a 17.6 entre septiembre de 2015 y 2016. Su nivel sexenal más alto fue en 2014, ubicándose en 37 mil millones de dólares. Comparado con ese nivel, en septiembre de 2016 representa una caída de 52 por ciento o 19 mil millones de dólares menos. En 2012 había sido de 58.3 mil millones.

Anualmente, en 2012 fue de 81.8 mil millones de dólares; en 2013 de 51.1; en 2014 de 47.1; y en 2015 de 20.4, es decir, 61.5 mil millones de dólares menos, 75 por ciento, respecto de 2012.

Dicha inversión muestra significativos altibajos en el mercado bursátil. Pero se resiente ese fenómeno con más fuerza en el mercado de dinero y la demanda de títulos públicos. Su saldo acumulado en 2015 fue de 1.3 mil y en 2014 de 23.1 mil millones de dólares. En 2012 había llegado a 46.6 mil millones de dólares.

Ese mercado registró una salida acumulada de 5.6 mil millones de dólares en septiembre de 2016. Un año antes apenas ingresaron 1.3 mil millones.

La tendencia de papeles públicos en manos extranjeras se contrajo en enero-octubre de 2016 en 121.8 mil millones de pesos con relación al mismo lapso de 2015. El saldo total pasó de 2.310 billones de pesos a 2.188 billones de pesos.

Entre diciembre de 2014 y octubre de 2016 los inversionistas extranjeros se han deshecho de títulos públicos por un monto de 95 mil millones de pesos. En 2014 controlaban 2.283 billones de pesos.

Marcos Chávez

[BLOQUE: ANÁLISIS][SECCIÓN: ECONÓMICO]

Contralínea 518 / del 12 al 18 de Diciembre 2016

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