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I. Con más de 2 mil títulos –sólo en francés–, Napoleón Bonaparte (1769-1821) sigue siendo materia de investigación, apareciendo cuatro textos más: Philip Dwyer: Napoleón, el camino hacia el poder: 1769-1799, traducción de Isabel Murillo; Jean Tulard: Napoleón, traducción de Jord Terré; Emilio Diego: España, el infierno de Napoleón: 1808-1814, y David Chandler: Las campañas de Napoleón: un emperador en el campo de batalla de Tolón a Waterloo (1796-1815). Sólo he podido clavarle el diente a los dos primeros, en tanto daba cuenta de una nota (lástima su brevedad) de Jacinto Antón (El País, 17 de febrero de 2016) sobre el general ruso Mikhail Kutuzov quien, con el “general invierno” ruso, realizó “una implacable persecución del ejército francés tras su retirada de Moscú que significó el principio del final de Napoleón”. Que vale el reconocimiento de Karl von Clausewitz a Kutuzov, pues fue su guerra de guerrillas y estrategia, lo que realmente derrotó al estadista militar, promotor del famoso Código Civil de 1804 (consultar el Código de Napoleón, estudio de varios autores de la facultad de Derecho de la UNAM, editorial Porrúa).

Ex-librisII. Y más autócrata que republicano se coronó emperador, escenificando una tragicomedia. No era un político. Era un soldado. La espada como estrategia sin cualidades de orador, ni información y formación en teorías políticas, lo derrotaron en el estira y afloja para la conducción del Estado en el picado mar de los problemas sociales, económicos y culturales de una Francia que quería ser república con democracia, como respuesta al levantamiento del pueblo en la Revolución de 1789. El acerado estudio de Philip Dwyer nos muestra el camino de este militar de espada y fusilamientos, como el asesinato del duque de Enghien: Luis de Borbón, denunciado como parte de una conspiración para matar a Napoleón. Éste se lo comenta al ya destituido del Ministerio de Policía: Fouché, quien contesta: “No ha sido un crimen… fue una estupidez política”. Esa espada desenvainada lo llevó a su locura por el poder; pues sólo así se explica el golpe de Estado del 18 Brumario. Éste es un trabajo excepcional para comprender al militar que se presentó como un salvador, y optó por la autocracia para imponerse contra las demandas republicanas que terminaron por echarlo al exilio, prisionero de los ingleses en una isla. E inmortalizado en su museo-tumba en París.

III. Y tal vez Jean Tulard sea el mejor conocedor del fenómeno napoleónico –en cuyos cursos se formó Philip Dwyer–, pues empezando por el Diccionario de Napoleón, tiene la más completa biografía. Así, este libro es una joya biográfica, donde “la leyenda y la contraleyenda contribuyeron a embrollar la figura de Napoleón, sobrevalorando unas veces sus cualidades y otras sus defectos… prodigiosa memoria… extraordinaria capacidad para el trabajo, su admirable organización, su inteligencia y, sin duda, nos hemos dejado atrapar por su genio puesto en escena”. Pero se volvió déspota y se lo comió la crisis económica. Hay que devorarse esta biografía crítica pero verídica de un Napoleón en su apogeo y su ocaso. Que significó toda una época francesa de proyección europea y universal. “Lo que profetiza Mozart… al final de La Flauta Mágica, donde las tropas de Sarastro derrotan a las legiones de la Reina de la Noche… es la victoria de la Ilustración sobre el oscurantismo… ¿Cuántos espectadores reconocieron en Sarastro el rostro del general Bonaparte convertido en el Primer Cónsul de la República y el último baluarte de las conquistas revolucionarias?

Ficha bibliográfica:

Autor:             Jean Tulard

Título:             Napoleón

Editorial:         Crítica

Autor:             Philip Dwyer

Título:             Napoleón, el camino hacia el poder 1769-1799

Editorial:         La esfera de los libros

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: EX LIBRIS]

Contralínea 518 / del 12 al 18 de Diciembre 2016

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