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París, Francia. Crisis migratoria, campamentos de refugiados, derecho de asilo… tales palabras protagonizaron con marcada frecuencia los titulares de la prensa en Francia este año, en el cual la nación gala vivió el arribo masivo de miles de foráneos.

Luisa María González/Prensa Latinaluisa-gonzalez-518-a

Mientras las guerras continúan y se agudizan en países de Oriente Medio y África, el flujo de personas que huyen hacia Europa no cesa y en el llamado viejo continente el recibimiento se vuelve cada vez más complejo, con numerosos países impulsando medidas para impedir los ingresos.

En Francia, el foco de la crisis se concentró en París y en la ciudad norteña de Calais, donde miles y miles de foráneos se instalaron en campos irregulares de condiciones en extremo precarias.

Calais, desde donde parte el eurotúnel que atraviesa el Canal de la Mancha y llega al Reino Unido, constituyó en los últimos tiempos el destino de grandes grupos de migrantes que desean llegar a suelo británico, donde tienen familiares o consideran que disponen de mejores posibilidades para instalarse.

Sin embargo, Londres no espera a ese movimiento masivo con las fronteras abiertas, sino todo lo contrario: el recio rechazo británico a recibir a los extranjeros –agudizado con el Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea)– los llevó a incrementar la seguridad en sus fronteras.

Esto los condujo incluso a comenzar la construcción de un muro de 4 metros de altura para impedir a los indocumentados acceder a la carretera que conduce al eurotúnel.

El resultado de esa postura fue el crecimiento desmedido del campo de migrantes de Calais, aglomeración que llegó a albergar a cerca de 10 mil personas en casas de campaña improvisadas, sin las mínimas condiciones higiénicas, lo que le valió el apelativo de “jungla”.

Del total, más de 1 mil eran menores de edad solos que aspiraban a reunirse con sus familiares del otro lado del Canal de la Mancha.

El objetivo de la mayor parte de los migrantes era esperar una oportunidad para cruzar al eurotúnel de forma clandestina y muy peligrosa, escondidos en camiones u otros vehículos.

Por otro lado, en París también proliferaron los campamentos irregulares cercanos a la estación de metro de Stalingrado, en el Norte de la ciudad. Procedentes de países como Sudán, Afganistán y Eritrea, los foráneos –mayormente hombres jóvenes– permanecieron en refugios improvisados que fueron llenando las avenidas de la zona.

La alternativa

La problemática migratoria no faltó en las reuniones y cumbres de mandatarios de países europeos, pero el discurso pocas veces se concretó en hechos prácticos para gestionar de una mejor manera el flujo.

Tras meses de pasividad ante el fenómeno, el gobierno galo procedió en marzo a evacuar una parte del campamento de Calais; operación que trascurrió con numerosos incidentes, como la manifestación de refugiados irakíes que se cosieron la boca en señal de protesta.

Una parte importante de los habitantes de la zona evacuada se trasladaron al área que no fue desmantelada, con lo cual aumentó la densidad, el hacinamiento y empeoraron las condiciones de vida.

En octubre se llevó a cabo una operación gigantesca para desmantelar por completo la aglomeración de Calais, para lo cual fueron habilitados unos 400 centros de acogida en diversas localidades de Francia.

En esta ocasión, la misión se desarrolló en calma y casi sin incidentes, mientras todos los refugios improvisados que conformaban la “jungla” fueron destruidos completamente con maquinaria pesada.

Pocos días después, una labor similar se realizó en el campo parisino de Stalingrado, donde vivían ya más de 3 mil indocumentados en una especie de “mini-jungla”.

Tal como señalaron algunos analistas, el desarrollo favorable de ambas operaciones mostró que sí es posible gestionar de una mejor forma el flujo migratorio, y darles una acogida decente a quienes huyen de la guerra en busca de un poco de solidaridad.

Lamentablemente, muchas veces escasea lo más necesario para afrontar esta problemática: la voluntad política, la cual sólo aparece casualmente cuando faltan pocos meses para las elecciones presidenciales de 2017 y el gobierno se esfuerza por dar la mejor imagen.

De cualquier forma, en un contexto marcado por la continuidad del flujo migratorio y la política británica de fronteras cerradas, muchos franceses se preguntan cuánto tiempo pasará antes de que vuelvan a formarse nuevos campos de migrantes en Calais, París o cualquier otra ciudad de Francia.

Luisa María González/Prensa Latina

[OPINIÓN]

Contralínea 518 / del 12 al 18 de Diciembre 2016

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