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Los países que integran el Consejo de Seguridad de la ONU refuerzan su control de toda la organización. Los feudos más importantes son para Estados Unidos, Gran Bretaña y Franca

Thalif Deen/Inter Press Service

onu-300Nueva York, Estados Unidos. Cuando Antonio Guterres, el exprimer ministro de Portugal, asuma como secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 1 de enero, su equipo de dirección estará integrado más que nada por candidatos de las cinco potencias con derecho a veto en el Consejo de Seguridad del foro mundial: China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia.

Según la tradición, el equipo de dirección actual, integrado en su mayoría por subsecretarios generales, presentará su dimisión para darle libertad de acción a Guterres antes de asumir el cargo.

 “Creo que existe una tradición en la mayoría de los funcionarios de alto rango, como los subsecretarios generales, de presentar sus renuncias”, declara el portavoz adjunto de la ONU Farhan Haq.

Pero los directores de las agencias de la ONU “son aprobados por las juntas directivas de los organismos respectivos por períodos fijos, que no necesariamente terminan ahora, para que continúen durante la duración de su mandato”, añade.

De acuerdo con otra tradición de larga data, las cinco potencias se aseguran el control de algunos de los puestos más poderosos del foro mundial, al frente de los departamentos de Asuntos Políticos, Mantenimiento de la Paz, Asuntos Económicos y Sociales, Gestión y Asuntos Humanitarios.

“Las grandes potencias consideran estos puestos de alto nivel sus derechos políticos e intelectuales innatos”, afirma un diplomático asiático, hablando en condición de anonimato.

James Paul, exdirector ejecutivo durante 18 años de la organización Global Policy Forum, que analiza la política de la ONU, dice a Inter Press Service (IPS) que las cinco potencias han ejercido una gran influencia en la selección de los altos cargos en la Secretaría General desde los primeros días del foro mundial.

En teoría, el secretario general ocupa los cargos de forma independiente, a partir de los mejores candidatos de todo el mundo, expresa. La Carta de la ONU exige que su personal sea independiente de toda interferencia gubernamental.

Ban Ki-moon, el secretario general actual, dijo en el pasado que ocupa los cargos “de forma transparente y competitiva, según el mérito, teniendo en cuenta el equilibrio geográfico y de género”. En la práctica, los puestos se otorgan de forma muy diferente.

Las potencias analizan meticulosamente a los candidatos y, para ciertos cargos, nombran literalmente a sus propios funcionarios. “Con este sistema, los departamentos han sido feudos virtuales, controladas por un período prolongado”, sostiene Paul.

Durante los primeros 46 años de la ONU, hasta 1991, el subsecretario general al frente del Departamento de Asuntos Políticos siempre fue un ciudadano de la antigua Unión Soviética. Tras el final de la Guerra Fría, Gran Bretaña asumió ese cargo durante 13 años. Ahora Estados Unidos lo ha controlado durante los últimos 8 años.

 “Claramente hay un feudo de Estados Unidos en progreso”, comenta Paul.

Mientras tanto, Gran Bretaña dirige la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios desde 2005. “El feudo de Gran Bretaña está, sin duda, consolidado”, subraya.

Los “secretarios generales tienden a designar a sus confidentes más cercanos a los mejores puestos del gabinete interno. Por lo tanto, es difícil imaginar que un nuevo secretario general quiera continuar con el mismo equipo de directores… de Ban”, observa Palitha Konoha, exdirector de la sección de tratados de la ONU.

Cabe destacar que es posible que se hayan hecho promesas a países influyentes a cambio de su apoyo a la designación del secretario general, explica. Y esos compromisos deberán cumplirse, añade.

“A pesar de todos los esfuerzos realizados para asegurar una representación más equitativa de los Estados miembros de la ONU en puestos de responsabilidad, determinados puestos tienden a otorgarse a nacionalidades específicas o a ciertos grupos regionales”, según Konoha, exembajador de Sri Lanka ante el foro mundial.

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Por ejemplo, en el caso del mantenimiento de la paz, los asuntos políticos, legales y humanitarios. “Si bien las personas designadas en el pasado pueden calificarse de competentes, no hay ninguna razón lógica para perpetuar un monopolio en un cuerpo que aspira a ser verdaderamente representativo”, manifiesta.

La práctica actual también permite a los países o grupos interesados ??influir en las actividades de la ONU para que reflejen sus propios intereses, a pesar de la necesidad de mantener la neutralidad. Aunque el mérito no puede ser el único criterio, sí debe cumplirse la representatividad, argumenta.

El exsecretario general Kofi Annan (1997-2006) “podría decirse que fue más sensible a los deseos del personal que Ban… Ambos trataron de reformar la administración para que reflejara más las necesidades actuales. Ambos lograron un éxito limitado. Queda mucho por hacer”, expresa Konoha.

Guterres deberá tener como prioridad la reforma de la secretaría, añadió. No hay duda de que la Secretaría debe reflejar las necesidades del mundo contemporáneo, y que sus actitudes y prácticas deben actualizarse para garantizar una prestación más eficiente de servicios, comenta.

La selección de directores apropiados será un elemento clave en la implementación de los cambios necesarios, dice Konoha.

Paul señala a IPS que Francia dirige el Departamento de Mantenimiento de la Paz desde hace casi 20 años.

Es “un cargo muy apreciado, ya que el mantenimiento de la paz es una operación mayor que todos los departamentos de la ONU juntos. Francia está contenta de tener ese puesto bajo su control”, asegura.

Esos feudos no implican que los encargados sean siempre menos competentes. Algunas personas asignadas, sin embargo, encajarían en esa descripción. El rendimiento general es mixto, señala.

“El sistema en su conjunto aumenta la injusticia y la falta de sinceridad en el sistema de nombramientos, refuerza en gran medida el control de las cinco potencias y tiende a la mediocridad en los puestos más encumbrados de la ONU”, subraya Paul.

En la comunidad diplomática de la ONU, el poder que ejercen las potencias sobre el nombramiento de los cargos superiores es un secreto a voces y causa de enojo ocasional, aseguró. (Traducido por Álvaro Queiruga)

Thalif Deen/Inter Press Service

[BLOQUE: INVESTIGACIÓN][SECCIÓN: LÍNEA GLOBAL]

Contralínea 515 / del 21 al 26 de Noviembre 2016

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