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I. Está en proceso de creación la Constitución para el estado Ciudad de México, para lo cual fueron electos en las urnas 60 diputados. Y es importante que tanto ciudadanos como representantes repasen el origen del constitucionalismo mexicano yendo a una obra documental recién publicada: El Congreso de Anáhuac y la Constitución de Apatzingán, con un estudio introductorio y selección documental del Instituto de Investigaciones Jurídicas, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Con ella debe tenerse a la mano de Ernesto de la Torre Villar: La Constitución de Apatzingán y los creadores del Estado mexicano (UNAM). Alguna biografía de Miguel Hidalgo. Sin faltar, de Ernesto Lemoine: Morelos. Su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época (UNAM). Morelos reunió dos características que no siempre han estado juntas: hombre ilustrado al tanto de la teoría política de su época y hombre de acción, que sembró el republicanismo, la democracia, el constitucionalismo, la revolución y forjó el concepto y la práctica de pueblo, para ser un hombre de Estado asido al imperio de la ley como medio para implantar los fines-cimientos de la Independencia política, económica y social, para afianzar esas conquistas históricas refrendadas y enriquecidas a través del constitucionalismo (Felipe Tena Ramírez, Leyes fundamentales de México: 1808-2015, editorial Porrúa).

ex-libris-300x300II. Morelos fue y es piedra de toque y punto de partida para la creación de la sociedad-pueblo, el gobierno democrático y el Estado federal (Michael P Costeloe, La primera república federal de México: 1824-1835. Un estudio de los partidos políticos en el México independiente), y para explicarnos ese pasado con sus innovaciones y las de los hombres de esa generación que inauguró la modernización donde se finca nuestra historia contemporánea y su inmediato futuro, en una constante que es el presente. No sólo es cuestión de redactar un texto constitucional. Se requiere si no estrictamente conocimientos jurídicos –que no sobran– sí una mínima información histórica sobre el tema. Y, sobre todo de la historia, en este caso, de lo que han sido, de 1814 a 1917, entre vigentes y proyectos, las siete que liberales y conservadores redactaron, hasta lograr las hazañas de 1857 y 1917; ésta a punto de cumplir un siglo con más de 700 reformas y contrarreformas.

III. Por eso es indispensable el estudio de la Constitución de 1824, alumbrada por el Congreso de Anáhuac y conocida como Constitución de Apatzingán, donde se vierten los Sentimientos de la Nación. Y que supera con creces a El Congreso de Anáhuac: 1813, editado por la Cámara de Senadores en 1963, compilado por Lucila Flamand Bazán, y dirigido por Luis González. Empero, es de gran utilidad para completar el que aquí se reseña, con casi 400 páginas donde se exponen 118 documentos sobre ese Congreso de Anáhuac. Bien dicen sus editores que este libro es parte de la conmemoración de los 100 años de la Constitución de 1917; misma que no se explica sin la de 1857 y ésta a su vez sin la de 1824. Nacidas de tres revoluciones: la de Hidalgo-Morelos, con el pueblo. La de 1857 forjada por la gloriosa Revolución de Ayutla, de Juan Álvarez y aquellos “hombres que parecían gigantes”, con Juárez, Ocampo, Ramírez, Zarco (biógrafo de ese Congreso Constituyente). Y la de 1917 como obra de Villa, Zapata, Madero, etcétera, para normar la conducta de gobernados y gobernantes, de sus instituciones y órganos para constituir el orden jurídico positivo y escrito que se denomina Estado Mexicano.

Ficha bibliográfica:

Autor:             Congreso de Anáhuac

Titulo:           La Constitución de Apatzingán 1824

Editorial:       UNAM, 2016

Álvaro Cepeda Neri

[Ex Libris]

Contralínea 511 / del 24 al 29 de Octubre 2016

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