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América Latina empieza a impulsar la energía limpia. Sin embargo, la transición energética será costosa: para alcanzar el nivel de 50 por ciento de energías renovables en 2050 se necesitarán unos 32 billones de dólares en inversiones a escala global

María Julia Mayoral/Prensa Latinainvestigacion-600

La producción de electricidad concentra las principales iniciativas de América Latina y el Caribe para el aprovechamiento de las energías renovables, cuyo acelerado crecimiento todavía resulta distante del vasto potencial de la región.

A juicio de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena, por su sigla en inglés), los altos precios de la electricidad en muchos territorios, la creciente demanda, los problemas de seguridad energética y, en algunos casos, el potencial para la exportación, proporcionan “un terreno fértil” para el despliegue del sector.

El interés por las renovables en Latinoamérica, junto con las políticas para fomentarlas, se remonta a la década de 1970 y las crisis del petróleo. Además la zona cuenta con un extenso historial en el empleo de los recursos hidráulicos, recuerda la Agencia.

En opinión de la entidad, el establecimiento de objetivos nacionales ofrece una clara indicación de la prioridad otorgada por los gobiernos. Por ejemplo, Ecuador prevé alcanzar el 90 por ciento de la electricidad mediante fuentes renovables en 2017, y una meta de 4.2 gigawatt (GW) de energía hidroeléctrica para 2022.

Datos emitidos por la consultora internacional Bloomberg New Energy Finance precisan que la inversión mundial en energías renovables sumó en el primer semestre de 2016 un total de 116 mil 400 millones de dólares.

Aunque la cifra es elevada, representa una merma del 23 por ciento frente a similar etapa de 2015, debido a factores clave como la reducción de los costos para el uso de la energía solar y la desaceleración económica de China y Japón, ubicados entre los líderes a escala global.

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De enero a junio de 2016, las inversiones subieron en Europa, situándose en 33 mil 500 millones, un 4 por ciento más que en 2015,  y sobre todo en Brasil, donde la cifra ascendió a 3 mil 700 millones para un alza de 36 puntos porcentuales, señaló el reporte.

Sin contar a Brasil y Estados Unidos, que terminó el semestre con un retroceso del 5 por ciento, el resto de América totalizó inversiones por 2 mil 300 millones de dólares en la primera mitad del año, notificó Bloomberg.

Al decir de Abraham Louw, asociado para la economía de la energía en la consultora, las cifras del primer semestre de 2016 no hay que valorarlas de forma negativa, pues la inversión de 2015 fue realmente inusual: creció un 11 por ciento con respecto a 2014 y un 30 por ciento frente a 2013.

Evaluaciones de la Agencia Internacional de la Energía estiman que Latinoamérica y el Caribe necesitarían inversiones por 4 billones (millones de millones) de dólares hasta 2035 para poder satisfacer las demandas regionales, especialmente en términos de energías renovables a fin de limitar las emisiones de dióxido de carbono.

En declaraciones a la prensa, el jefe de la División de Energía del Banco Interamericano de Desarrollo, Ariel Yépez, consideró que si bien los gobiernos mantendrán un importante papel en el financiamiento e instrumentación de los proyectos, el peso principal durante los próximos años recaerá en el sector privado.

Por tanto, es preciso garantizar instituciones y marcos regulatorios capaces de ofrecer atractivos y seguridad a los inversionistas en términos de rentabilidad y riesgos, comentó el experto.

El informe presentado este año por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre la inversión extranjera directa asegura que entre 2005 y 2015 ocurrieron importantes cambios en la distribución sectorial de esos flujos financieros.

Mientras las nuevas inversiones anunciadas en actividades asociadas a la extracción y el procesamiento de recursos naturales, principalmente minería e hidrocarburos, disminuyeron del 74 al 13 por ciento del total entre 2005 y 2015, en la rama de los servicios, dos sectores presentaron una evolución notoria: las telecomunicaciones y las energías renovables, observó la agencia de Naciones Unidas.

Durante el periodo, las inversiones anunciadas en la rama de las telecomunicaciones aumentaron del 4 al 11 por ciento del total, y los montos para los proyectos de energías renovables pasaron del 1 al 20 por cierto, ejemplificó.

En 2015 más del 50 por ciento de la inversión anunciada en energías renovables correspondió a obras localizadas en Chile. De hecho, ese año Chile incrementó su capacidad instalada en 580 megawatt (MW), indicó el análisis.

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Honduras, apreció la Cepal, mostró un desempeño muy destacado durante el año anterior, al agregar cerca de 500 MW a su capacidad de generación, como resultado de “una generosa política” de subsidios para la creación de capacidad instalada antes de julio de 2015, lo cual incrementó la participación de la energía solar en la matriz energética nacional. Entre los países sobresalientes, el organismo también incluyó a Brasil, México y Panamá.

Al decir de la Cepal, los proyectos de inversión anunciados en energía solar “han aumentado de manera sustantiva, en particular desde 2010, desplazando a la tecnología que había despertado el mayor interés por parte de los inversionistas extranjeros hasta ese momento, la energía eólica”.

En 2015, el 70 por ciento del total de las inversiones anunciadas para las energías renovables correspondieron al desarrollo de proyectos en el campo solar, precisó el estudio.

Un análisis de Irena, divulgado en junio de 2016, aseguró que actualmente menos del 2 por ciento de la electricidad mundial es generada por la energía solar fotovoltaica, pero la proporción podría aumentar a 13 por ciento en 2030, al pasar capacidad instalada de 227 GW a un monto entre 1 mil 760 y 2 mil 500 GW.

Según opinó la Cepal, “los gobiernos latinoamericanos han apostado con entusiasmo por las energías renovables” para diversificar la matriz energética, particularmente en países no productores de hidrocarburos, buscando disminuir los costos de generación y reducir el impacto ambiental en el largo plazo.

No obstante, “resulta alarmante la débil respuesta del sector privado local frente a las oportunidades de esta industria. Por ejemplo, en Chile, uno de los líderes mundiales en capacidad instalada de energía solar, la industria está dominada por compañías extranjeras”, expuso la investigación.

Como una manera de aprovechar las ventajas competitivas del país y estimular la creación de una plataforma productiva, logística y tecnológica con proyección internacional, las autoridades chilenas han intentado articular y fortalecer a los agentes locales vinculados al sector de la energía solar, mediante un programa de especialización inteligente, reconoció la Cepal.

Opiniones de expertos coinciden en que el acuerdo de París sobre la lucha contra el cambio climático debe representar una importante palanca para fomentar las fuentes renovables, a sabidas de la negativa contribución de los combustibles fósiles al calentamiento global.

Sin embargo, la transición energética será costosa y choca con los intereses de grupos económicos cuya renta procede de las energías fósiles. La Agencia Internacional de la Energía  calcula que para alcanzar el nivel de 50 por ciento de energías renovables en 2050 se necesitarán unos 32 billones de dólares en inversiones a escala global.

 “Transformar la economía mundial no es una tarea fácil, habrá mucho juego  político, de resistencia, cierta inercia”, sostiene el especialista Saleemul Huq, consejero de países en desarrollo.

Para América Latina y el Caribe se trata de un reto esencial ante la necesidad de lograr un cambio estructural progresivo de su economía, orientando la base productiva hacia sectores innovadores y tecnologías limpias, con reducción del consumo de energías fósiles.

Hasta el momento, “el estilo de desarrollo dominante en la región se basa en una estructura productiva cuya competitividad depende de la abundancia y la explotación de los recursos naturales”, advirtió la Cepal al caracterizar los desafíos con vistas al cumplimiento de la Agenda 2030, suscrita por Naciones Unidas en septiembre de 2015.

Ese estilo de desarrollo dominante “sesga las inversiones, la innovación y el desarrollo tecnológico, y fomenta el uso intensivo de energía y el uso predatorio de esos recursos”, añadió la evaluación.

La zona, juzgó el examen, “se mueve en la dirección opuesta a la deseable”: las emisiones de gases con efecto invernadero registran una tasa de crecimiento anual del 0.6 por ciento y el consumo energético produce 4.6 toneladas de emisiones per cápita.

Esta última correlación es casi igual a la existente en la Unión Europea, con la diferencia de que Europa está desacoplando las emisiones al crecimiento económico a un ritmo de menos 0.9 por ciento anual, observó la entidad de Naciones Unidas.

En su informe Horizontes 2030, la igualdad en el centro del desarrollo sostenible, la Cepal reiteró que “el sector energético desempeñará un papel clave en la redefinición del estilo de desarrollo” de América Latina y el Caribe, que posee ventajas para el empleo de las fuentes hidráulicas, solar y eólica en tierra.

Las energías renovables, recordó el documento, tienen además el potencial de generar encadenamientos productivos hacia atrás, como ha sucedido con la energía solar y la geotérmica.

 “Un apoyo más decidido a la incorporación de las energías renovables mediante la reducción de los subsidios a las energías fósiles, los impuestos a la emisión de carbono y las adecuaciones regulatorias para la compra, generación y transmisión facilitaría un tránsito más rápido hacia fuentes más limpias”, recomendó el organismo.

María Julia Mayoral/Prensa Latina

[BLOQUE: INVESTIGACIÓN][SECCIÓN: LÍNEA GLOBAL]

Contralínea 505 / del 12 al 17 de Septiembre 2016

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