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El recurrente fracaso olímpico  de nuestros deportistas  no fue  la excepción en Río de Janeiro; y como siempre, a la hora de repartir culpas, aparecen a escena las mil y un corruptelas e intereses creados que han hecho trizas el deporte de alto rendimiento en México, incubados desde hace décadas por la ausencia de políticas de Estado que busquen fomentar de manera seria y profesional la impartición de la materia de educación física, desde el nivel básico, en las escuelas públicas y privadas de todo el país.

Martín Esparza Flores*martin-esparza-503-a

(Parte I: El deporte excluido de  las políticas de Estado)

Desde hace décadas en que los gobiernos neoliberales iniciaron el paulatino desmantelamiento de los programas educativos, la materia de educación física fue perdiendo importancia al grado de que hoy se reduce en muchos casos a que los alumnos de primaria y secundaria den dos vueltas al patio para cumplir con esta relegada asignatura. Peor todavía, enterarse que los  dirigentes del sindicalismo charro del SNTE (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación), en el marco de la cuestionada reforma educativa, se opongan a que diariamente los alumnos se ejerciten 30 minutos diarios, aduciendo que esto representa quitarle un “valioso tiempo” a la enseñanza.

Recapitulando los orígenes de esta “tragedia” nacional, podemos señalar que tras la aparición en la escena oficial de la Comisión Nacional del  Deporte (Conade), en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la promoción y el fortalecimiento al deporte de alto rendimiento se convirtió en una lucha de poder entre grupos políticos y dirigentes de las diversas federaciones que hasta hoy pervive y que ha terminado por estancar la formación de atletas mexicanos realmente competitivos a nivel internacional.

Anunciada el 13 de diciembre de 1988 como la llave mágica que produciría a futuro deportistas de clase mundial en México, la Conade ha mantenido, desde su creación, un eternizado enfrentamiento no sólo con las federaciones deportivas sino con el Comité Olímpico Mexicano (COM), manejado hasta hace unos años por el empresario Mario Vázquez Raña (q.e.p.d), y ahora dirigido por Carlos Padilla Becerra, quien para revivir las añejas discrepancias, ha tenido un marcado enfrentamiento con Alfredo Castillo Cervantes desde la  llegada de este último a la inoperante entidad.

Prueba de que la Conade  estaba destinada al fracaso lo representó el magro resultado obtenido en Barcelona 1992, cuando en su debut como cabeza del sector deportivo, y dirigida por  el medallista  Raúl González, apenas logró  una presea de plata con el marchista Carlos Mercenario, tras enviar una delegación de 102 atletas.

Desde entonces, los neoliberales no plantearon la necesidad de recomponer la cultura del deporte desde la enseñanza básica, utilizando como herramienta fundamental a la educación física, como ha sucedido en otros países del mundo; por el contrario,  se optó por privilegiar el manejo del deporte a través de la manipulación mediática de los medios de comunicación, sobre todo de las televisoras, pese a que la Conade quedó insertada en la administración pública como un organismo desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública.

Inmersos en esta tendencia mercantil, las federaciones y sus directivos  mostraron más interés  en buscar el jugoso patrocinio de firmas comerciales y el manejo discrecional de los recursos públicos que les entregaba la Conade, que en buscar y apoyar a los talentos deportivos en el país.

Cuando en febrero de 2003, en el gobierno de Vicente Fox, se cambió la denominación del organismo  responsable de impulsar el deporte,  estableciendo la  Comisión Nacional de la Cultura Física y el Deporte (Conade), se buscó ampliar su injerencia mediante la instrumentación de acciones tales como: “Promover el desarrollo de los programas de formación, capacitación, actualización y los métodos de certificación en materia de cultura física y deporte, promoviendo y apoyando, la inducción de la cultura física y el deporte en los planes y programas educativos”.

A 13 años, la institución no ha logrado ser el detonante de una mejor cultura física no sólo en los planes educativos, sino en políticas públicas en beneficio de la población en general; datos del Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) señalan que actualmente el 56.2 por ciento de la población adulta en México no hace ninguna actividad física. Y en el peor de los escenarios, 18 por ciento de la misma manifiesta no haber practicado nunca alguna actividad deportiva. Si esto no constituye un fracaso y reflejo de lo que ahora acontece en Río de Janeiro, quiere decir que la tecnocracia neoliberal sigue obstinada en  cerrar los ojos a la abrumadora realidad.

Lo patético es que estos vicios lejos de erradicarse, al paso de los años se han acrecentado; de hecho, miembros de la delegación mexicana que acudió a Brasil debieron costearse sus entrenamientos, uniformes y hasta viajes en las eliminatorias con recursos propios, de sus familias y hasta  “boteando”, como fue el caso del boxeador Misael Rodríguez.

Este año, el presupuesto de la Conade fue de 2 mil 800 millones de pesos, de los cuales nadie sabe a ciencia cierta dónde fueron a parar, pues como lo han denunciado los participantes mexicanos, muchos de ellos no recibieron apoyo alguno. Situación que pone en evidencia que no es la falta de recursos lo que impide el despegue del deporte nacional, sino la ausencia total de una política de Estado que realmente lo impulse de manera multisectorial, transparentando su aplicación.

En su informe de 2014, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) señaló que la Conade gastó ese año mil 353 millones de pesos de manera “discrecional” y, sin control alguno, en apoyos a asociaciones y federaciones deportivas para “eventos y proyectos especiales”. Tal opacidad y marcada corrupción ha dado pauta a que arrecien las acusaciones entre partidos políticos, y de manera especial entre PAN y PRI, sobre todo luego de trascender que directivos de la Conade aprovecharon las olimpiadas de Río de Janeiro para viajar con sus parejas sentimentales en “luna de miel” pagada con los impuestos de todos los mexicanos, sin importarles la suerte de los deportistas mexicanos.

El asunto es que estos escándalos mediáticos no van al fondo del problema y sólo sirven para traer a la memoria abusos similares cometidos por quienes en su momento ejercieron cargos públicos en el sexenio de Felipe Calderón,  como sucedió en el evento olímpico de Beijing, China, en 2008, cuando la entonces secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, formó parte de la abultada  comitiva mexicana de 170 personas –sólo 85 eran atletas- que viajó a ese país por dos semanas y con gastos endosados al erario nacional.

Al igual que ahora acontece, la exfuncionaria se llevó a varios de sus colaboradores al periplo, lo mismo que Carlos Hermosillo, titular de la Conade, quien invitó a su esposa y tres hijos a la justa deportiva en la que México sólo consiguió tres medallas de las 24 que ha logrado en las últimas siete olimpiada. Rutilantes fracasos deportivos engendrados por los gobiernos neoliberales.

Martín Esparza Flores*

*Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

[OPINIÓN]

Contralínea 503 / del 29 de Agosto al 03 de Septiembre 2016

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