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I. Leo y releo las 21 crónicas del reportero Noé Zavaleta: El infierno de Javier Duarte, el protegido por Peña y el Senado de Gamboa Patrón, quienes pudieron haberlo destituido (fracción V, del Artículo 76 constitucional). Sin embargo, lo dejaron desgobernar Veracruz con su obesidad a punto de abortar. Pero tras ser juzgado penalmente y en juicio político, este engendro ya debería estar en la cárcel… o en un consulado como su jefe Fidel Herrera, para gozar de la impunidad que les brindó el peñismo, porque Duarte aportó muchos millones a la campaña del mexiquense. El reportaje de casi 200 páginas de Zavaleta es desgarrador, con todo y lo que supimos sobre la marcha del nefasto duartismo; nos pone al tanto de las desgracias que sembró el desgobernador y cosecharon los veracruzanos con sus muertos, violaciones sexuales, desaparecidos… ¡feminicidios!, y fosas clandestinas llenas de cadáveres por la siniestra corrupción del nacido del huevo de las serpientes: Alemán y Herrera, quienes lo parieron regordete y disfrazado de sheriff barrigón, como se ve en la fotografía de la portada realizada por el reportero gráfico Rubén Espinosa Becerril, uno de los 16 periodistas asesinados durante ese sangriento (por eso la rojinegra portada) régimen.

exlibris-498-aII. Con excelente prólogo de la periodista Marcela Turati, Zavaleta nos relata un panorama infernal de ese Duarte que si no fuera consciente de lo que hizo y dijo, fuera un retrasado mental que, sin camisa de fuerza, dejaron que durante 6 años abusara del poder público con su pandilla de funcionarios que saquearon el dinero estatal y federal en las narices de Videgaray y Peña; quienes, acostumbrados al tufillo de la corrupción y las complicidades, no olfatearon las excrementosas desgracias del duartismo. Noé Zavaleta, “puño arriba, frente en alto”, recorre el infierno dejado por Duarte en Veracruz: peor que el averno dantesco. Y retrata con su prosa lo que ha pasado desde Herrera-Duarte-Peña-Calderón. “En casi una década, miles de personas han muerto en balaceras, desaparecido sin dejar rastro, o aparecido meses después en cementerios clandestinos; en lo que va del sexenio se han detectado 14 narcofosas, mientras la autoridad estatal que encabeza Javier Duarte y la federal de Peña Nieto –que mantiene la actitud del panista Felipe Calderón entre 2010 y 20l2– se niegan a reconocer la magnitud del problema y siguen dando ‘palos de ciego’, como aseguran familiares de personas desaparecidas”.

III. Es una tragedia lo que ha estado sucediendo en Veracruz, por las estupideces y la barbarie que rayan en el terrorismo del Duarte consentido por el peñismo, que ordena al Senado negociar la ley anticorrupción, pero no la destitución y consignación al menos desde hace 4 años, del desgobernador que arrasó criminal, económica, social ¡y hasta culturalmente con sus embestidas a la Universidad del estado!, a una entidad que tiene dificultades para salir del infierno duartista. Las crónicas de este reportaje son con el “puño arriba” un Yo Acuso contra el bandidaje de Duarte. Y Noé Zavaleta, con “la frente en alto” ha recogido la bandera de los 16 periodistas asesinados por el duartismo, en el contexto del tríptico: Calderón-Herrera-Peña. Y deja sus crónicas hiladas en un reportaje, para constancia, prólogo apenas, del expediente del abuso del poder público con todas las agravantes de la corrupción,  la criminalidad y el importamadrismo de una complicidad federal y estatal para desgracia de Veracruz y del país.

Ficha bibliográfica:

Autor: Noé Zavaleta

Título: El infierno de Javier Duarte

Editorial:         Ediciones Proceso, 2016

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: EX LIBRIS]

Contralínea 498 / del 25 al 30 de Julio 2016

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