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Javier Duarte de Ochoa, el todavía desgobernador de Veracruz, ha creado un ambiente delincuencial en la entidad, permitiendo que, sumado a los cientos de asesinatos, secuestros, violaciones sexuales, pederastia, saqueo del dinero del pueblo y el establecimiento de varios cárteles del narcotráfico, se agreguen 18 periodistas privados de la vida. El más reciente es el homicidio de Manuel Torres González, en Poza Rica. Duarte debe ser llevado al tribunal penal para que responda de la criminalidad en la entidad, con los miles de casos que han convertido a Veracruz en otro Guerrero y peor que Tamaulipas, Morelos y Michoacán (para donde va Nuevo León con el desgobernador dizque independiente).

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Dentro de la sangrienta inseguridad nacional, sin duda Veracruz es una de las entidades donde prevalece la crisis de ingobernabilidad, porque Duarte de Ochoa solamente está ocupado en robarse lo que puede, dejando que ese estado esté en manos de las delincuencias, los ricos y la policía corrupta. Una oligarquía con protección del presidencialismo peñista y la complicidad del Senado (¿dónde están los representantes veracruzanos… mientras los partidos van por el botín electorero?). En cuanto termine su sangriento sexenio, Duarte debe ser detenido y con las investigaciones hechas en su contra, presentado ante el juzgado penal.

Se dice que Duarte tiene compromisos de dinero y políticos muy fuertes con Peña, y por eso se le ha dejado en la total impunidad. Y no hay otra manera de interpretar que permanezca intocable con cientos de miles de asesinatos y todo un catálogo de delitos. Se trata de que Veracruz caiga totalmente en manos de los narcos y de que cualquiera cometa delitos, sin esperar que se imponga la ley. Estamos hasta el cuello de una violencia criminal que ha puesto en grave situación a los mexicanos. Y para colmo, quieren silenciar a los medios de comunicación, asesinando a los periodistas. El desgobernador Duarte se ha comportado como un troglodita: durante su mandato ha hecho de la entidad un desastre social, donde los mexicanos radicados en ella no hayan cómo sobrevivir al final del duartismo; abandonados por las instituciones federales para restaurar la paz.

Y no hay quien pare esa sangrienta inseguridad. El gobierno está en manos de narcos y la corrupción policiaca, porque la administración pública de la entidad está al garete. Duarte se prepara para huir del país con la riqueza mal habida, porque el Senado no quiso destituirlo y encarcelarlo. Continuarán los homicidios en el contexto veracruzano (y nacional), de la violencia que tiene al pueblo sin más alternativa que resistir o enfrentar, como democracia directa en las calles esa ingobernabilidad, para poner un hasta aquí a la impunidad.

Este corrupto desgobernador está terminando su sangriento sexenio en la impunidad, porque fue de los más generosos donadores de dinero para la campaña del mexiquense, cuando “el hombre del maletín”, y hoy favorito para candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, recorría las entidades.

Por otro lado, apenas había sido asesinada la reportera Anabel Flores y aparecido su cadáver, cuando la pandilla de este sujeto declaró que estaba coludida con los narcotraficantes del cártel de Los Zetas, y por no acatar lo que se le ordenaba fue ejecutada. Transcurridos casi 4 meses de ese vil homicidio y al ser capturado un sicario de ese cártel, éste confesó que la reportera fue privada de la vida porque sus informaciones estaban afectando los intereses de la delincuencia organizada en Veracruz.

Anabel Flores se dedicaba, en Orizaba, a cubrir los temas policiales y del narcotráfico, desempeñando su trabajo con veracidad. Escribía para El Sol de Orizaba y el periódico El Buen Tono, cuyo director también se apuró a difamarla, acusándola de estar relacionada con el narco. Los hasta ahora detenidos del citado cártel han confesado que les ordenaron matarla porque “sus publicaciones estaban dañando los intereses del grupo de Los Zetas”. Es la periodista número 14 asesinada en Veracruz, a razón de dos por año y el desvergonzado y cínico desgobernador ha sumido a la entidad en multimillonarios desfalcos, y se roba el dinero de los salarios de maestros y de la Universidad de Veracruz, a la que le adeuda más de 2 mil millones de pesos, y está a punto de cerrar por falta de recursos.

Protegido por Peña, el peñismo y el Senado, ese Duarte no titubeó para difamar a la reportera y ahora las investigaciones arrojan que ella fue asesinada por cumplir con su trabajo de informar sobre todo acerca del narcotráfico en el municipio de Orizaba, donde los narcos han dispuesto de la ciudad con la complacencia de quien ya prepara su salida del país para dificultar su arresto por el sinnúmero de delitos, y haber entregado –con el anterior desgobernador Fidel Herrera, a quien Peña premió como cónsul en Barcelona– la entidad a la delincuencia organizada.

Anabel Flores desempañaba su oficio de reportera con valentía y apegada a los hechos, sin importarle que exhibía a los delincuentes que se han apoderado de Orizaba. Lo relevante es que Duarte y sus empleados no esperaron a la investigación y de inmediato la difamaron. Así ha hecho con el resto de los periodistas asesinados en Veracruz. Nada más por esas negligencias es que Duarte debería ser presentado en juicio político y después penalmente. Es el responsable del auge de la criminalidad en el estado y para justificar sus complicidades culpa a los periodistas, a los estudiantes y a los profesores de lo que ha hecho de Veracruz. La periodista Anabel Flores cumplía con su deber y por eso fue asesinada. El nexo: Duarte-narcos fue el autor intelectual de su homicidio.

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: Defensor del periodista

Contralínea 494 / del 27 de Junio al 02 de Julio 2016

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