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Al recibir el Decimocuarto Premio de Periodismo, en la capital de España (Armando G Tejeda, La Jornada, 9 de abril de 2016), el escritor y periodista Juan Villoro cumplió con su deber de ética democrática, al criticar las condiciones que los periodistas mexicanos padecen en México. Fue un discurso de enorme valor político en los momentos en que nuestro país es uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo, ya que –recordó el escritor– 120 informadores han sido asesinados en los últimos 25 años; y recientemente en Veracruz 15 periodistas han sido víctimas de homicidio y más de 300 han sufrido agresiones, en el contexto de la espantosa inseguridad que afecta a toda la población con muertos, secuestrados y desaparecidos.

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premio, sentenció Juan Villoro, en el que se eleva la libertad de expresión, lo dedico a los compañeros de trabajo en México y que se han negado a cerrar los ojos y han tenido la valentía de descubrir, aun en medio de tanto espanto, historias de compasión y solidaridad. Las buenas noticias no son noticias, dice el refrán. Contra ese lugar común los resistentes periodistas mexicanos confirman que en tiempos de terror la felicidad es una forma de rebeldía… para conocer la guerra no se necesita ser corresponsal de guerra, pues basta con vivir en México”. Conmovedor discurso en defensa del periodismo veraz y crítico que informa sobre la barbarie que tiene a la nación entre la espada de la guerra, y la pared sin escapatoria del fuego cruzado entre las delincuencias y las llamadas fuerzas del orden, para sumar cientos de miles de muertos; donde no se ve el fin de ese baño de sangre.

Con todos los puntos de vista y opiniones, el periodismo mexicano mantiene la libertad de expresión como una conquista democrática, para brindar información a la opinión pública. Y consecuente con su trabajo de periodista, Juan Villoro manifestó que los periodistas mexicanos enfrentan intolerancia y censura; agresiones, homicidios y otros delitos para poder informar y criticar. Y no obstante las miles de amenazas cumplidas para acallarlos no cederán en su tarea. “Villoro dedicó el galardón a los periodistas que se juegan la vida a diario en México, para defender la libertad de expresión”.

Un ejemplo de ese periodismo combativo que no cede terreno en la lucha contra la corrupción política y económica de funcionarios y políticos de cuarta, es Sanjuana Martínez. Periodista incansable en la búsqueda de información. Pendiente de las víctimas de abusos del poder privado y público, que ampara con sus reportajes a los más débiles en la cadena social. Y se entrega a la causa con todas sus capacidades y profesionalismo, para exhibir a quienes hacen alarde de su poder y cometen actos que deben mostrarse en la prensa escrita, porque otros medios no se atreven a hacerlo.

Y es que “los de arriba” (ahora que se celebran festejos por la obra de Mariano Azuela: Los de abajo), suponen que no hay periodistas que cumplan con su deber, pero se encuentran con una Sanjuana Martínez quien no deja pasar nada que merezca ser informado con pelos y señales. Ella ha sido embestida otra vez por uno de los dos chuchos del decadente Partido de la Revolución Democrática (PRD), precisamente por Jesús Ortega, el mismo que es uno de los poderes clandestinos tras el trono perredista. El otro es Jesús Zambrano.

Los dos chuchos, conversos al peñismo para obtener premios, son enemigos de las libertades de prensa, que en cuanto los ponen en la mira, de inmediato embisten a reporteros para tratar de censurarlos. Jesús Ortega, el jefe del chuchismo, demandó a Sanjuana Martínez por… ¡supuesto daño moral! Ha sido una canallada de ese neofascista que quiere… ¡una indemnización! porque  se sintió ofendido por una veraz información de la reportera. Ésta fue sentenciada por un juzgado civil donde quedó claro que no fue un debido proceso y hubo violación a los Artículos 6, 7, 14 y 16 constitucionales. Tan es así que la reportera interpuso un amparo que le fue concedido para suspender la sentencia por la que Ortega pedía unos pesos para curar su moral dañada.

Sanjuana Martínez –quien colabora en el periódico La Jornada–, demostrará en su amparo que el chucho Ortega falta a la verdad jurídica ya que nada hay en su escrito que se tipifique como daño moral. Y debe ser absuelta y relevada del pago que exige el perredista; quien no la pasa tan mal económicamente, pero quiere más dinero con su perversa demanda. Lo que pasa es que a los protagonistas de la vida pública –como él– no les gusta ser objeto de información. Ni menos de críticas. No quieren aceptar que, por elemental que sea nuestra democracia, los derechos de libertad de prensa son vitales para mantener encendida la antorcha republicana, para informar y ser informado de las omisiones y negligencias de quienes actúan en el escenario público; o de quienes presumen de políticos y quieren impunidad sólo porque son dueños de un partido electorero.

Dispuesta a defender su derecho a ejercer, hasta sus últimas consecuencias, la libertad de expresión, no están agotadas las instancias judiciales para que Sanjuana Martínez demuestre que en su escrito nada hay que pruebe tal daño. El chucho Ortega no se saldrá con la suya. A ella, en cambio, la han amparado probando que se violaron preceptos constitucionales que deben prevalecer. De lo contrario, las inquisiciones judiciales continuarán limitando las libertades de prensa, ya de por sí demasiado acotadas por las embestidas a lo chucho Ortega, que no quieren ser molestados ni por el pétalo de una flor.

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: DEFENSOR DEL PERIODISTA]

Contralínea 490 / del 30 de Mayo al 04 de Junio 2016

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