Autor:

I. De entre los periodistas y escritores de la época innovadora del liberalismo político, tenemos a Juan Antonio Mateos (1831-1913), quien vivió a caballo entre el juarismo y el porfirismo con el intermedio de la usurpación del Maximiliano aquél que nunca fue, más que caricatura de emperadorcito, ya que Juárez era el Presidente de la República. Mateos fue un escritor de encantadora prosa e historiador (con su: Historia parlamentaria de los Congresos mexicanos de 1821 a 1857, paralela y semejante a lo escrito por el gigante Francisco Zarco, “con su Historia del Congreso Constituyente de 1857, obra gemela a su Crónica del Congreso Constituyente también de 1857). Mateos tiene a las órdenes de los lectores 15 hermosísimas novelas: El vendedor de periódicos, El cerro de las campanas, Las olas muertas, Memorias de un guerrillero, Los insurgentes, El sol de mayo, Sacerdote y caudillo, Los dramas de México, La baja marea, En teatro: El prólogo del Quijote, Juana de Arco, La luna de miel, El otro, Los grandes tahúres y ¡Los dioses se van! Amó escribir y leer, bebiendo el vino de las letras enlazadas con los pensamientos, sentimientos y motivaciones que hacen crear, en esa época, la República de las Letras.

exlibris-485II. Juan A. Mateos, como firmaba, fue un ciudadano más del pueblo al nacer nuestra sociedad civil que sobrevivió a las luchas internas de las ideologías de conservadores (“los reaccionarios, que al fin son mexicanos”, como puntualizó Juárez) y liberales, que confluyen en nuestra actual (y aún elemental) democracia en sus dos vertientes: la representativa y la directa, por donde a duras penas se abre paso la oposición, como el estira y afloja de la sociedad abierta. No digo que La majestad caída (se refiere a Porfirio Díaz, sobre el que he tejido la frase: Juárez sobre todas las cosas, Porfirio a pesar de todo), sea la mejor novela de Mateos. Pero es una obra genial que inicia con las fiestas porfiristas del Centenario: 1810-1910. Ese dictador al que oaxaqueños nostálgicos hoy glorifican de más, y buscan repatriar sus cenizas que –dicen– están en la monumental tumba saqueada de quien se apoderó de la presidencia en 1876-1880 y luego en 1884-1911, tras el cuatrienio de Manuel González; quien estando en Palacio Nacional, y de visita el ex presidente Díaz expresando que no volvería al poder, González empezó a abrir los cajones del escritorio y Porfirio le preguntó: “¿Que buscas?”, a lo que contestó: “¡al pendejo que te lo crea!”.

III. La novela retrata cómo se tambaleaba Díaz mientras crujían las amarras de sus 31 años a la par del “ronco son de la Revolución” (Víctor Hugo dixit) de 1910, que lo hicieron renunciar apresuradamente en el tren que iba al puerto de Veracruz, y subirse al barco “Ipiranga” rumbo a la capital de Francia donde vivió “como rey”; porque cuando era presidente a su nombre invirtió en bonos de ese país, el origen de la corrupción presidencial que ha llegado hasta Peña Nieto (¡más de un siglo os contemplan como rateros a los presidentes). Mateos desarrolla la trama de su novela histórica, con “la primera chispa” y recorre aquellos cinco meses de 1911 que precipitan la Revolución que relata en el capítulo 6: El alpha de la revolución, hasta llegar al capítulo doce: Es la boca del cráter. Pasa a La última noche. Y el Adiós de quien se autonombraba: “caudillo” en su carta de renuncia del 25 de mayo de ese 1911. Zarpaba el Ipiranga. Se iba Porfirio, Se quedaba la Revolución. Se iba “la embriaguez cesárea, de incienso cortesano… ¡Paso a la majestad caída”.

Ficha bibliográfica:

Autor: Juan A. Mateos

Título: La majestad caída o La Revolución mexicana

Editorial:         Sepan cuantos de Porrúa

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: EX LIBRIS]

Contralínea 485 / del 25 al 30 de Abril, 2016

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