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“Mientras exista la explotación económica y la opresión política, la acción revolucionaria siempre será necesaria y legítima”. Es el mensaje que pervive luego de la lectura del libro publicado por el Ejército Popular Revolucionario (EPR). Por “acción revolucionaria” se entiende lucha armada.

zona-cero-485-aY es que quién puede negar que “la lucha electoral sólo ha servido para legitimar el actual estado de cosas, para administrar la crisis del sistema capitalista, para administrar la crisis del régimen neoliberal”, como se asienta en el documento Preguntas al PDPR-EPR. Historia y problemas de actualidad, libro publicado por la guerrilla decana del movimiento armado mexicano que analizamos por segunda vez en este espacio.

Aún más: cómo creer en la lucha civil y pacífica cuando en los procesos electorales de 1988, 2000 y 2006 “se creó una falsa expectativa [de cambio] que gradualmente se ha ido transformando en frustración al ver, primero, que no se defiende consecuentemente la voluntad popular y, segundo, que los políticos de oficio de izquierda son igual que los de derecha, defendiendo incluso de manera más rabiosa los usos y costumbres del sistema que dicen combatir”.

Las palabras de los guerrilleros podrían resultar fuego en pradera seca, si recordamos que son dichas en uno de los países del mundo con mayor desigualdad económica, con los niveles de impunidad y cinismo que exhiben los políticos de todos los partidos con registro y con un proceso de despojo en marcha contra las comunidades indígenas y campesinas y contra todo tipo de propiedad colectiva y nacional.

…Pero no, los resortes del sistema aún alcanzan para ahogar y controlar los aislados fuegos de la propaganda subversiva y los arrinconados estallidos sociales.

Si los pobres de este país (más del 75 por ciento de la población) no tienen manera de incidir en su propio destino, “la crítica de las armas tiene su legitimidad en la necesidad de la autodefensa del pueblo” dicen los eperristas. Y, “ante la aplicación de una estrategia de guerra de baja intensidad contra el pueblo, sigue siendo necesaria la lucha armada revolucionaria; primero, como medida defensiva y, segundo, como método de lucha para la transformación de la sociedad”.

Hoy, reducidas al mínimo probablemente las discusiones y disputas al interior –luego de las “crisis” de las décadas de 1990 y 2000–, el EPR dice con claridad que es una organización marxista leninista que ha adoptado la guerra popular prolongada como estrategia para tomar el poder. Sí. Según se quiera ver, la principal fortaleza o debilidad es su claro e inamovible sistema de ideas programático y estratégico. Y los eperristas son “sinceros” al decir que ellos tienen la “aspiración legítima” de organizar y dirigir la eventual revolución que se desarrolle en México:

El EPR no puede renunciar “al legítimo derecho de ser o formar parte de la vanguardia histórica que en efecto haga y dirija la revolución socialista en nuestro país. Es de hipócritas decir que se lucha sin la aspiración de tomar el poder y mucho más aún si se pretende desarrollar la lucha diciendo que no se busca ser vanguardia cuando en los hechos se actúa en esa dirección”.

Las últimas palabras parecen tener dedicatoria especial. Aunque llaman “compañeros” a los integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), es esta guerrilla la que ha criticado el “vanguardismo” y la que ha dicho que no aspira a la toma del poder.

Ahora bien, según el EPR, no hay responsabilidad alguna del actual Partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR) en los fracasos de la lucha armada. No hay errores que reconocer. Si acaso, sus “autocríticas” tienen que ver con que no pudieron advertir o corregir a tiempo los errores o las limitaciones de otros (compañeros, excompañeros o francos antagonistas).

Como decíamos en la entrega anterior, se advierte que el documento no sólo es de carácter histórico, sino político: justifica la situación actual de la lucha armada entre las filas de lo que hoy es el EPR y que, se han esmerado en establecer los autores, no es otro que la Unión del Pueblo a la que sólo se le cambió de nombre.

México es uno de los países más desiguales del mundo, con altos niveles de impunidad y cinismo entre sus políticos y donde con fraudes electorales se impone a los gobernantes. Por ello es necesaria la “crítica de las armas” o lucha armada: EPR”

Se destaca lo anterior porque varios temas sólo se abordan tangencialmente. Uno de ellos es el de la “leyenda negra” del PROCUP (Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo) y sus métodos de resolver sus disputas internas.

Por principio, es claro que la “leyenda negra” fue una campaña organizada por el Estado mexicano dentro de toda su política contrainsurgente. Se atiza de vez en vez para demeritar la lucha que puedan hacer los movimientos armados y, en específico, el EPR.

Sin embargo, el EPR podría de manera frontal referirse a hechos puntuales que se le han imputado: la “ejecución revolucionaria” como método para resolver sus disputas.

Los guerrilleros señalan que “todo partido revolucionario, como el nuestro, está en su derecho de aplicar determinadas medidas políticas para preservar la unidad ideológica y de acción”. También, que “no puede haber indisciplina, no puede permitirse el diversionismo [sic] ideológico, no puede haber heterogeneidad en la acción”. Y, “cuando no es posible el acuerdo, la depuración es la mejor resolución, ya sea voluntaria u obligatoria”. No queda claro cómo se dan las expulsiones obligatorias. Se refieren a una de las “contradicciones” que llegaron a ser “del conocimiento público”.

Se trató de desavenencias “con algunos exmilitantes de origen pequeñoburgués que al no coincidir con el lineamiento político y el estar imbricado este asunto con problemas de salud psíquica [sic] se llegó a tener la actitud indigna de querer, primero, entregar al enemigo a compañeros del partido que tenían responsabilidades de dirección y, segundo, agruparse con gente oportunista que en ese tiempo eran parte de la nómina de Gobernación para asesinar a militantes del partido”. Por todo ello, “el tribunal revolucionario tomó una determinación, los hechos son del conocimiento público”.

Probablemente se refieren a la “ejecución” de los hermanos Cortés Gutiérrez. Una nota del periodista de José Reveles, publicada en Proceso el 10 de diciembre de 1983 señala: “Los hermanos Arturo, José Luis y Felipe Cortés Gutiérrez y la esposa de este último, Guadalupe Carrasco, fueron ultimados a balazos, por la espalda, en dos acciones concertadas, en la ciudad de Oaxaca y en el estado de México. El PROCUP, además intentó dar muerte por lo menos a tres miembros más de la familia, todo ello entre el viernes 2 y el sábado 3 de diciembre”.

Por lo que puede leerse en el documento del EPR, ni remotamente fue un error, como tampoco pudo haberse resuelto de otra manera. Aunque no detallan nombres, ni fechas, se trató de otro acierto de la revolución.

Finalmente, cada que existen crisis en el partido, aparecen los problemas “psíquicos” de los disidentes. ¿Quién evalúa y determina que lo que se tiene no es un problema político sino una enfermedad de carácter “psíquico” del disconforme?

Nadie demerita la tenacidad ni la capacidad de resistencia y organización. Son décadas de mantener un ideal a contracorriente. Que la palabra del EPR sea analizada directamente por historiadores, sociólogos, otros revolucionarios y todo aquel interesado en el devenir histórico del México real. Desde esta liga se puede descargar el documento completo.

Zósimo Camacho

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ZONA CERO]

Contralínea 485 / del 25 al 30 de Abril, 2016

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