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Con los desperdicios de alimentos que se generan en América Latina cada año, se podrían cubrir las necesidades alimenticias de 300 millones de personas, el 37 por ciento de todas las que sufren hambre en el mundo. Así lo revelan cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), las cuales indican que diario se pierden o desperdician hasta 348 mil toneladas de comida.

Esta situación pone en riesgo el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un proyecto de las Naciones Unidas que busca impulsar la transición a la sostenibilidad. La FAO señaló que para alcanzar el Objetivo 12, el cual está enfocado en garantizar los hábitos de consumo y producción sostenibles, se debe reducir a la mitad, para 2030, las 127 millones de toneladas de desperdicios de alimentos generadas anualmente.

En ese sentido, los gobiernos de América Latina ya trabajan con apoyo de la FAO para lograr esta meta. Durante 2015 establecieron una Red de Expertos, una Estrategia Regional, y una Alianza Regional para la Prevención y Reducción de Pérdidas y Desperdicios Alimentarios.

Algunos países han desarrollado estudios preliminares para medir su desperdicio de alimentos. Tal es el caso de Chile, en donde se han cuantificado las pérdidas de productos como lechuga, pan, arroz y papa; así como Argentina que, a través de su Programa Nacional, logró estimar que desaprovecha el 12.5 por ciento de la producción alimentaria, del cual más del 40 por ciento corresponde a frutas y hortalizas.

Por su parte, en Costa Rica se han realizado pruebas en las agrocadenas de lácteos y tomate, mientras que en República Dominicana se elaboró un estudio para la consolidación de un Banco de Alimentos.

En Brasil se presentaron proyectos de ley para la creación de una Red Nacional de Expertos, la consolidación de una política nacional para la reducción de pérdidas y desperdicios, y la regulación de las donaciones de alimentos.

Además, la FAO está elaborando el Índice Global de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, una herramienta con la que los países podrán cuantificar con mayor precisión sus pérdidas y, en función de los resultados, definir sus estrategias.

El objetivo general es lograr la reducción del desperdicio de alimentos tanto en los procesos de venta a los consumidores como en las cadenas de producción y distribución, lo que también ayudaría al Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, cuya meta es acabar con el hambre para 2025.

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