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Se celebró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, conmemoración adecuada para insistir en lo mucho que queda por hacer en la emancipación de la mujer. Más aún cuando una especie de neomachismo complaciente, elegante y bien hablado busca descafeinar y aguachinar la lucha por la igualdad de las mujeres. Tienen la pretensión los tales de que el feminismo apenas tiene razón de ser porque las mujeres han alcanzado considerables dosis de igualdad. ¡Vivir para ver!

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Porque la cruda realidad se desnuda en los siguientes escenarios de hechos innegables que exponen la verdadera situación de la liberación de las mujeres. La mutilación genital femenina en países africanos y orientales; la discriminación profesional, laboral y salarial de las mujeres en todas partes, y la repugnante perseverancia de malos tratos, torturas, violaciones y asesinatos de mujeres por hombres.

Pronto serás una mujercita, le dijeron a Hibo Wardere, de 6 años de edad. Y la llevaron a una destartalada cabaña en Somalia, donde una “cortadora” local le seccionó el clítoris con una cuchilla. Doscientos millones de mujeres y niñas han sufrido esa criminal mutilación genital en 30 países del mundo. En Somalia, las ablaciones mutilan ¡al 98 por ciento de niñas!

La mutilación genital femenina es una cruel violación de los derechos humanos de las mujeres. Además, las niñas pueden morir de infección (y bastantes mueren) por las condiciones insalubres en las que se perpetra la ablación; las cicatrices pueden dificultar futuros partos y también provocar graves complicaciones al llegar la menstruación.

Ahora en Somalia el gobierno estudia prohibir la ablación de clítoris. ¿Estudia prohibirla? Debería estar perseguida sin piedad en Somalia y en todo el mundo. Y no me vengan con la zarandaja del peso de la tradición. Un crimen es un crimen por mucho que lo vistan de tradición.

En España, en 2015, murieron asesinadas 64 mujeres por sus parejas, maridos, exparejas o exmaridos. En 2016, los hombres ya han asesinado a 14 mujeres en menos de 3 meses. Cada año se registran asesinatos de mujeres por violencia machista. Pueden ser 50, 60, 70… hasta 90 mujeres asesinadas en 1 año.

Según el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, las denuncias de violencia contra la mujer tan sólo en España en 2015 fueron unas 129 mil, casi un 2 por ciento más que en 2014. Paradójica buena noticia porque indica que hay mayor sensibilidad y más conciencia ante la repugnante violencia machista.

Pero el escenario de muertes violentas de mujeres por hombres es más extenso. No sólo asesinatos de mujeres a manos de pareja o expareja sino todo tipo de muerte femenina por hombres. Por ser mujer. Una crudelísima realidad que no cede. Asesinatos de niñas en Asia por preferir hijos varones y asesinatos de madres por no haber alumbrado un hijo varón, crímenes de “honor” en la India y Pakistán, asesinatos de prostitutas en la trata de personas… La lista es muy larga.

Doscientos millones de mujeres y niñas han sufrido la criminal ablación en 30 países. En Somalia, el 98 por ciento de niñas ha sido víctima de mutilación genital”

¿Qué tal si la gente de orden reaccionará ante las muertes de mujeres con la misma virulencia y santa indignación como lo hacen por las víctimas del terrorismo?

El salario de los hombres españoles es 19.3 por ciento superior al de las mujeres por el mismo trabajo. En Europa esa superioridad es del 16.3 por ciento, según datos de la Comisión Europea. Las mujeres europeas trabajan gratis 58 días al año y las españolas, aún más.

Además, en la Unión Europea las mujeres se responsabilizan mucho más que los hombres de tareas necesarias pero no remuneradas. Trabajo doméstico, cuidado de niños, familiares enfermos… Los hombres con empleo dedican 9 horas semanales no remuneradas de media a actividad doméstica o cuidados. Pero las mujeres con empleo dedican a esas tareas no remuneradas 26 horas semanales, casi el triple.

En países donde tareas como la enseñanza son realizadas mayoritariamente por mujeres, esos empleos están mucho peor pagados. Además, la brecha salarial entre mujeres y hombres se acumula en la vida laboral de la mujer y crea una brecha aún mayor en las pensiones. En la Unión Europea, las pensiones de hombres son 39 por ciento superiores a las de las mujeres.

¿Aún hay quien no ve interrelación entre esos tres escenarios? ¿Aún tienen los neomachistas la osadía de pretender que está casi todo conseguido? Que santa Lucía les conserve la vista.

Xavier Caño Tamayo*

*Periodista y escritor

[BLOQUE: OPINIÓN][SE4CCIÓN: ARTÍCULO]

Contralínea 481 / del 28 de Marzo al 02 de Abril, 2016

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