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Nuestra historia reciente se ha dividido en varias generaciones. Las actuales, los millenials y la generación Z, tienen características que hacen pensar a la vieja guardia que todo está perdido.

Los millenials o generación Y nacieron en el periodo comprendido entre 1981 y 1995, son los primeros que crecieron con internet. A ellos no tuvieron que explicarles la globalización. Su entretenimiento incluye contenidos de muchos países. Sus ideas de empresa son a nivel mundial gracias a la conectividad. Un ejemplo de ello es que el gran negocio de las aplicaciones para teléfonos y tablets es de muchos países distintos y, principalmente, hechas por millenials.

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Los representantes de esta generación aprecian la educación y son emprendedores; pero, por otro lado, son la generación de la selfie. Los millenials gustan de usar una varilla donde se coloca el teléfono móvil y permite hacer un autorretrato fotografía grupal o individual. Hasta ahí nada grave. Sin embargo, esa acción de tomarse fotos provoca que pierdan la atención de dónde están y pueden lastimarse; invaden el espacio de los demás, por lo que si hay otras personas cerca pueden lastimarlas o, si es un mal día, una obra de arte de valor incalculable será dañada con la varilla.

Museos como el de Arte Moderno de Nueva York, el Smithsoniano de Washington, DC, el museo del Palacio de Versalles en Francia, la Galería Nacional de Londres, el museo del Prado en España ya han prohibido su uso y muchos otros planean hacer lo mismo. De hecho hasta en el parque de diversiones Disneylandia están prohibidos, por el riesgo de afectar algún mecanismo y poner en riesgo la vida de los visitantes. Y eso no es todo. Caídas, personas golpeadas y obras de arte dañadas no han sido lo peor: muchas personas han muerto de maneras ridículas intentando tomarse una foto para compartirla con sus contactos, al grado de que en Rusia, el Ministerio del Interior tuvo que iniciar una campaña de concientización utilizando un folleto que la policía entrega a los ciudadanos. Situaciones que para generaciones anteriores son visiblemente riesgosas, hoy son un aliciente para una foto, aunque se arriesgue la vida y no se trata de deportistas extremos, lo hacen jóvenes por obtener unos likes en sus redes sociales.

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Impacientes, malcriados y con falta de atención, pueden ser desesperantes. Son un factor para la caída en la venta de revistas y periódicos, prefieren leer en digital y textos ultra breves. Muchos de ellos se consideran informados después de leer un tuit.

Pero hay una nueva generación, los niños de esta época, nacidos desde finales de la década de 1990 hasta el año 2000, acostumbrados a utilizar la tecnología a que todos los demás sorprendió y rompió sus esquemas, ellos serán los herederos del mundo que está en crisis económica, social y ecológica, ellos lo saben: lo han visto en la pantalla, de hecho no despegan la vista de sus pantallas, (así, en plural). Quieren todo y ahora. Son la generación Z.

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Prefieren vivir la vida a través de la pantalla, acuden a reuniones familiares, a fiestas, a eventos deportivos y a museos, sin embargo, nunca están presentes. No platican o lo hacen sin despegar la mirada de la pantalla de sus dispositivos. Si interactúan, es sólo para tomarse una foto, una selfie para compartirla con el resto de personas casi anónimas con las que están conectados, miles de amigos (pocos de ellos en verdad los conocen; de hecho muchos no son amigos, son seguidores, se siguen mutuamente). Sus padres no entienden bien eso.

Confían mucho en la tecnología, demasiado. Son más bien dependientes tecnológicos y se estresan si no hay internet, sufren de nomofobia. Facebook es su diario, confidente, su muro de los lamentos.

Para ellos la televisión es inútil si no hay una consola de videojuegos cerca o si no tiene capacidad para conectarse a Internet.

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Una fotografía que resume por mucho las características de la generación Z: es la tribuna de un estadio, los adultos en actitud defensiva se hacen hacia atrás o hacia un lado; un hombre extiende el brazo, lo golpea un bate del beisbolista al que se le escapó de las manos; detrás del brazo se ocultan los ojos de un niño anónimo quien no sabe lo que pasa; estaba viendo la pantalla de su teléfono y lo salvaron del golpe de su vida. Damas y caballeros, con ustedes: la generación Z. En sus manos estaremos.

Gonzalo Monterrosa

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: SOCIEDAD BETA]

Contralínea 479 / del 14 al 19 de Marzo, 2016

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