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Por la cantidad de homicidios de periodistas y su impunidad, nuestro país ocupa el octavo lugar en el mundo, según el último reporte del Comité Para Proteger Periodistas (CPJ). El saldo es de 35 profesionales de los medios de comunicación privados de la vida desde 1992. Y 42 más sobre los que se cierne la sospecha que fueron asesinados (junto con el fotoperiodista ultimado en la colonia Narvarte de la Ciudad de México, y los 11 baleados en Veracruz), por su actividad profesional sobre todo en la prensa escrita. No son, por supuesto, casos ajenos a la violencia criminal que tiene México, donde funcionarios y sicarios de éstos y de la delincuencia organizada eliminan reporteros por buscar información y darla a conocer a la opinión pública. Ellos son parte de la aterradora inseguridad que padecemos y que ha ido creciendo en lo que es una intencional impunidad, para que no se sepa, a ciencia cierta, quiénes son los autores intelectuales de esos crímenes.

No se ha dejado de matar periodistas desde hace, al menos, 30 años; y más desde que aumentaron los homicidios políticos a partir de 1994, ya que el autoritarismo presidencial pone las condiciones para esos hechos, al parejo del crecimiento delincuencial y del narcotráfico. Los reporteros son la presa. Y es que éstos son quienes han estado exhibiendo las crisis que padecen los mexicanos, entre ellas, pues, la socioeconómica en el contexto de la sangrienta inseguridad que brota del seno de todas las delincuencias. En el periodismo, ellos son los que directamente dan la cara al ser publicadas sus informaciones.

defensor-periodista-300El reportero David Brooks (La Jornada, 17 de diciembre de 2015) ha cubierto la fuente de la CPJ y proporcionado las cifras dramáticas de homicidios, encarcelamientos y agresiones a los periodistas del mundo. En el periodo de 1 año han sido privados de la vida 199 y más de 100 han quedado en la impunidad, porque no conviene a los responsables que ya no encuentran la forma de silenciar a la prensa. No obstante las novedades en la tecnología, la prensa escrita por el mundo resiste esas innovaciones que la quieren sustituir, y eso implica el trabajo de periodistas para recabar información y publicarla, sea del tema que sea, pero que de todas maneras a los involucrados les disgusta que circulen de manera impresa.

No hay un lugar del mundo donde el periodista no sea acosado, llegando a la eliminación física. Y México es un lugar donde estas eliminaciones han venido sucediendo cotidianamente. De los derechos humanos, el respeto a la vida es el más violado. Pues funcionarios y delincuentes no soportan ver la letra impresa donde se informa sobre sus actividades, que es lo que tratan los reporteros en sus labores, para que conozcamos los eventos de todos los días. Un octavo lugar, atrás o delante de los demás casos de homicidios, demuestra que México tiene un récord sangriento para ultimar comunicadores. Acusando que la inseguridad general es el contexto donde los periodistas mexicanos disminuyen por asesinato. Y que no hay voluntad política para que las investigaciones den con el paradero de los sicarios y autores intelectuales, para que puedan ser sancionados.

Y menos procede la reparación del daño a los familiares de los reporteros que son asesinados por ejercer el periodismo. Los gobernantes del mundo, donde esos crímenes han tenido lugar, incurren en complicidad, o de plano son ellos los que mandan ejecutar esos homicidios. Y puesto que prácticamente son juez y parte de esa barbarie, ya ni siquiera son encarcelados, salvo excepcionalmente, y sólo como venganza por alguna indisciplina. La prensa escrita es el medio en el que más reporteros asesinan en México, sin que haya investigación de los ministerios públicos que lleve a los culpables.

El índice global de impunidad, del Comité para Proteger Periodistas, señala que nuestro país está entre los primeros 10 donde han aumentado considerablemente los homicidios. Y donde no se sabe quién o quienes los asesinaron; mucho menos quiénes ordenaron esos homicidios. La impunidad en todos los aspectos también alcanza a los reporteros y demás periodistas que han laborado en la información, y cuya veracidad es lo que molesta a los protagonistas de los hechos. Los profesionales del periodismo en nuestro país están siendo presionados por todos los medios para que no publiquen ni del narcotráfico ni de los abusos de los gobernantes, teniendo que trabajar con la pistola amartillada en la sien, y la amenaza de que su vida pende de un hilo.

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: DEFENSOR DEL PERIODISTA]

Contralínea 473 / del 01 al 07 de Febrero de 2016

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