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I. De entrada debe decirse que también las guerras (desde la de los griegos contra los troyanos) son barbarie. Y no solamente las provocaciones de los llamados bárbaros sinónimo ahora de los terroristas. Así, pues, terror y barbarie tienen un factor común: la guerra. Son el tríptico devastador de la humanidad. Y tienen una explicación. No una justificación. Y desde la perspectiva histórica, Homero, en su Ilíada, plantea “en primer lugar y ante todo una epopeya bélica […] Este hecho perdurable y aparentemente inextinguible de la guerra es, en el panorama sabio y amplio de la Ilíada, un elemento tan intrínseco y trágico de la condición humana como nuestra propia mortalidad”, escribe Caroline Alexander en su conmovedor y magnífico libro: La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la Ilíada (editorial Acantilado). Después de Homero está Edward Gibbon y su memorable y actual Historia de la decadencia y ruina del imperio romano, en ocho tomos publicados por Gedisa y también por Turner, con traducción de José Mor Fuentes. Y la Ilíada por L Sagala, en edición universitaria de Puerto Rico. Motivado por los hechos de París y el Estado Islámico, la barbarie y la guerra, es que el historiador Niall Ferguson, es autor de Coloso: auge y decadencia del imperio americano, y Civilización, occidente y el resto (editorial Debate publicó su ensayo: París, víctima de la complacencia).

exlibris-300II. En ese ensayo, Ferguson transcribe cuando los godos saquearon Roma: “En la hora de salvaje licencia, cuando toda pasión se inflamaba y toda restricción se levantaba […] se hizo una cruel matanza de romanos […] las calles de la ciudad se llenaron de cadáveres […] cuando los bárbaros se sintieron provocados por la oposición, extendieron la masacre indiscriminada a los débiles, los inocentes y los desamparados”. Palabras de Gibbon, que parecen retratar lo que ha pasado entre musulmanes y franceses, en el contexto actual de la decadencia europea, inglesa y estadunidense. La historia no se repite. Son nuevos hechos que interrumpen la relativa paz contemporánea, pues en “los últimos 5 mil años […] por término medio 94 de esos años estén ocupados por conflictos a gran escala en una o más partes del mundo”, dice Caroline Alexander. No cesan las guerras. Aparecen y desaparecen como las ratas en la novela de Albert Camus, La peste. Dice Ferguson que Europa abre las puertas a los extranjeros que codician su riqueza “sin renunciar a su fe ancestral”.

III. Homero y Gibbon, Alexander y Ferguson nos ofrecen de la guerra como barbarie y de ésta como guerra, cuatro acercamientos de esos fenómenos que casi siempre anuncian la decadencia de los pueblos por el mutuo desgaste de sus civilizaciones, atrapadas en su atraso y sus religiones y/o atrapadas en su concepción imperialista y sus periferias. La lectura de esos textos nos permiten explicarnos las nuevas Troyas-Grecias a través de las Romas y los efímeros apogeos de España, Inglaterra, Alemania, Francia y Estados Unidos con su dios común: el dios de la guerra como barbarie o de la barbarie como guerra. Guerra inútil, dijo Aquiles. E inútiles todas las posteriores a la fecha. Y no es Cristo contra Mahoma ni viceversa, por más que así parezca. Tampoco un choque de civilizaciones. Son dos concepciones del mundo. Del nosotros y ellos con nuestros modos de hacer política.

Ficha bibliográfica:

Autor: Homero

Título: La Iliada

Editorial: Universidad de Puerto Rico

Autor: Edward Gibbon

Titulo: Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano

Editorial: Turner y Gedisa

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: EX LIBRIS]

Contralínea 468 / del 21 al 27 de Diciembre 2015

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