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I. Hay dos clases de restos de Porfirio Díaz: los que sus nostálgicos admiradores insisten en regresar del exilio, y los que del salinismo al peñismo han resucitado como “menos política y más administración” con la sangrienta violencia del “mátalos en caliente”. Por eso es que, parafraseando la divisa de “¡volvamos a Kant!” y “¡volvamos a Kelsen y a Keynes!”, para rehacer el estado de bienestar que desmanteló el neoliberalismo económico y la austeridad de esta crisis que ya presiona a la nación empobrecida, se requiere volver a los Juárez, Ramírez, Altamirano, Escobedo, Zarco, Miguel Ángel Granados Chapa, Juan Álvarez, Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada, Guillermo Prieto, Santos Degollado, Zaragoza, León Guzmán y los constituyentes de 1857 y 1917. También a Zapata, Villa, Madero, Cárdenas y a los mexicanos que han integrado nuestra democracia directa, que hoy demanda el republicanismo contra la impunidad y corrupción, concentración de la riqueza, abusos de los gobernantes y la falta de impartición de justicia. Nada como volver al libro de Justo Sierra Méndez (1848-1912): Juárez, su obra y su tiempo, una obra maestra de la historia nacional que, por la grandeza de esos hombres y mujeres (Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, las adelitas, etcétera), es un capítulo de la historia universal.

justo-sierra-300II. “A la generación que llega. A nuestros jueces de mañana […] a los que llegan en el último barco cargado de flores, a la juventud y al amor, pero que, hombres muy pronto, y desde hoy testigos de nuestras luchas, de nuestros triunfos discutidos y de nuestros desmayos, nos pedirán cuenta de nuestra obra de historiadores y de mexicanos, consagro este libro escrito con profundo respeto a la verdad que alcanzo y con profunda devoción a la patria. La personalidad en torno de la cual esta obra ha cristalizado, como un día cristalizó la disuelta República, ha guardado el don de exhumar pasiones que parecen espectros de rencores […]. Haga cada cual aquello que lo ponga de acuerdo con su conciencia. La mía me ha inspirado el afán de ‘limpiar del negror del humo’, como decía Horacio al gran representante de nuestro derecho en una época en que la República luchó para vivir y agonizó vencida, al gran indígena a cuya memoria la gratitud del país ha erigido un ara inconmovible. Y dedico esta labor a la juventud, porque la vida de Juárez es una lección, una suprema lección de moral cívica. Puedo engañarme, pero no sé engañar. Si este libro no fuese nacido de una sinceridad inmensa, no osaría consagrarlo a la generación que llega; sería como si presentase una frente manchada a los besos de mis hijos: Justo Sierra”.

III. Ésta es la biografía del estadista oaxaqueño y su férrea voluntad política, su pensamiento jurídico y su sentimiento patriótico. Sus 14 capítulos son un arsenal de datos, reflexiones, informes, acciones, derrotas, victorias para ser colocado en la cabecera, porque relata la fusión, tras las generaciones de Hidalgo y Morelos, de mujeres y hombres que, mayoritariamente (en la lucha entre liberales y conservadores), decidieron el rumbo del país, de un país laico, republicano, democrático, constitucional y abierto a las libertades de pensamiento, de escribir, de oposición y del estira y afloja de la democracia directa versus la democracia representativa. Es una historia conmovedoramente admirable del país de entonces, con una composición arreglada de fotos donde aparecen los 20 hombres clave de esa época. Está ilustrado con las pinturas del retratista Ramón Casas, cuenta con un índice alfabético y otro de las locuciones utilizadas por Sierra. Un gran libro para estos días.

Ficha bibliográfica:

Autor: Justo Sierra

Título: Juárez, su obra y su tiempo

Editorial: Porrúa, colección Sepan cuantos, 146

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

[BLOQUE: MISCELÁNEO][SECCIÓN: EX LIBRIS]

Contralínea 465 / del 30 de Noviembre al 06 de Diciembre de 2015

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