Autor:

Roberto Savio*/IPS

Roma, Italia. Las recientes elecciones en Suiza y Polonia son buenos indicadores de lo que ocurrirá en otros lugares de Europa con la creciente ola de refugiados. Pero ante todo es necesario hacer algunas consideraciones cruciales.

europa-aterrada-300Primero, que el sistema actual de relaciones internacionales y de gobernanza nacional ha dejado de funcionar. Estamos viviendo un periodo de transición, pero nadie sabe hacia dónde. La izquierda no tiene un manifiesto y la derecha sólo cabalga en el estatu quo. No hay un pensamiento político a largo plazo.

Segundo, se vive una época de “nueva economía”, basada en la supremacía de las finanzas sobre la producción. Funcionarios no elegidos, como los gobernadores de los bancos centrales y los banqueros, tienen mucho más poder que antes.

Esta nueva economía considera los empleos precarios una realidad legítima, la desigualdad social natural, el mercado como la base exclusiva para el desarrollo de la sociedad y estima que el Estado es ineficiente y es un freno para el sector privado.

Tercero, las instituciones políticas se han ido opacando. Hoy ningún partido cuenta con un verdadero movimiento juvenil. Son percibidos cada vez más como autorreferentes que consideran a los ciudadanos sólo como electorado, y son vistos más como parte del sistema en el poder que como portavoces de la ciudadanía.

Las cifras de la política (y de la corrupción) están creciendo año tras año. Las próximas elecciones estadunidenses costarán más de 4 mil millones de dólares. Según la London School of Economics, el costo de la campaña electoral en Europa se ha incrementado en 47 por ciento en la última década.

Muchos consideran que vivimos ahora en una democracia que se está convirtiendo en una plutocracia.

Cuarto, el multilateralismo está en crisis. Estados Unidos ha dejado de ratificar todo tratado internacional, desde la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño hasta la del Derecho Marítimo.

La Organización de
las Naciones Unidas (ONU) ha sido marginada. Las organizaciones regionales, como la Unión Africana, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático o la Organización de los Estados Americanos se convirtieron en notoriamente ineficaces.

La Unión Europea está saltando de la crisis existencial del euro (Grecia) a la aún más grave de los refugiados. Gran Bretaña está liderando una carga contra Bruselas para la restitución de poderes, lo que creará un precedente que otros invocarán, empezando por Hungría y Polonia.

De manera que no es difícil entender por qué los electores europeos están votando con base en la nostalgia política y la falta de seguridad: frente a un futuro incierto, se fortalece el sueño de volver a un pasado mejor.

Las elecciones suizas y polacas premiaron a los partidos que prometieron defender la identidad nacional contra los extranjeros, en particular musulmanes.

El caso polaco es emblemático. Polonia ha sido uno de los mayores beneficiarios de la ayuda de la Unión Europea. Polonia quiso ingresar a esa unión de Estados para conseguir fondos y apoyo, pero sin la más mínima intención de dar algo a cambio, como lo demuestra la negativa de aceptar inmigrantes.

Vale la pena recordar que hasta la crisis financiera estallada en 2008, la xenofobia y los partidos de derecha radical eran marginales en casi toda Europa, pero en poco tiempo se han convertido en actores importantes en todo el Continente, incluso en países conocidos por su sentido cívico y tolerancia, como los Países Bajos así como los países nórdicos.

Resulta desconcertante ver a trabajadores y personas de bajos ingresos votar por el Frente Nacional en Francia, el Movimento 5 Stelle en Italia, el Partido de la Independencia del Reino Unido y, ahora, Paz y Justicia en Polonia.

El sueño de regresar a un pasado seguro y ordenado es lo que lleva a votar por un partido xenófobo, de derecha radical y antieuropeo.

También vale la pena recordar que gran parte de los ciudadanos europeos aún no ha recuperado la calidad de vida que tenía antes de 2008. Los jóvenes pagan un costo desproporcionado por una crisis provocada por el sector financiero, que ha recibido para su rescate mucho más dinero que el asignado a políticas de empleo o para la recuperación social.

La nostalgia del pasado explica también el origen del Tea Party en Estados Unidos, creado por el ala radical del Partido Republicano, y la victoria de Justin Trudeau en Canadá.

Para Occidente se presenta un problema.

Actualmente existen 60 millones de refugiados, sin incluir en esta cifra a los que escapan de persecuciones sexuales, como los gays en África, o las mujeres de Boko Haram, en Nigeria. Tampoco están contabilizados aquellos que se ven obligados a desplazarse por el cambio climático –que según la ONU serán otros 15 millones para 2025–, a los que hay que añadir los que escapan del hambre y de las dictaduras.

La demografía es clara: África tendrá 1 mil millones de habitantes en 2030, mientras Europa perderá 15 millones para esa fecha. La Europa que conocemos homogénea, blanca, cristiana y tolerante va a desaparecer. Y esto no va a ocurrir sin una buena dosis de sufrimiento.

Estados Unidos se convirtió en un país multicultural y multiétnico en poco más de 100 años. De acuerdo con los registros de la isla de Ellis, el punto de entrada más importante de inmigrantes, 9 millones de irlandeses, alemanes, austriacos y escandinavos, entraron en los tiempos del barco a vapor, al igual que más de 8 millones de polacos, búlgaros, rumanos, húngaros, rusos y bálticos, y más de 5 millones de italianos y griegos.

En unas pocas décadas, un total de 22.5 millones de europeos se convierten en estadunidenses. Europa no está preparada ni siquiera para 1 décimo de esto…

*Fundador y presidente emérito de Inter Press Serice (IPS); editor de Other News

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Contralínea 462 / del 09 al 15 de Noviembre 2015

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ENTRESACADO

Para la nueva economía, los empleos precarios son una realidad legítima, la desigualdad es natural y el mercado es la base exclusiva para el desarrollo