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Para sabotear, es decir, entorpecer el trabajo periodístico de Contralínea, nuevamente la mano negra de funcionarios a izquierda, centro y derecha de los gobiernos defeño, estatales y federal, con sus métodos policiacos, a la luz del día y/o nocturnos, con base en el espionaje, violan los domicilios, ahora de las reporteras Elva Mendoza y Flor Goche, únicamente para robar el material de investigación periodística. No es, pues, la primera vez que nuestro medio de prensa escrita es víctima de esa delincuencia, que sirve al abuso del poder administrativo-político para conseguir documentación que –reconstruyéndola– de todos modos se publica; pero que los gobernantes quieren enterarse de antemano recurriendo a ese atentando anticonstitucional que, llevado a cabo cobardemente, evitan la denuncia penal y la sanción a su conducta, semejante a los actos de la delincuencia organizada. El hecho fue ejecutado por órdenes “superiores” de funcionarios mayores o menores para hacerse de información virgen y entregarla en sus reportes a sus jefes para dárselas de estar al día de lo que, contra viento y marea de esos topos del terrorismo, ejerce el periodismo de investigación.

Ya Contralínea ha sido objeto de esas irrupciones a su domicilio y al de sus reporteros, sobre cuya labor de investigación informativa descansa su columna vertebral, para mantener del conocimiento público temas sociales, económicos, políticos y culturales, e incluso sobre temas que los gobernantes consideran prohibidos, intocables; pero que con todo su derecho buscan información y la publican para compartirla a los lectores, por escrito y por las redes de comunicación digital (Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza, Alianza editorial). La intromisión a la vivienda de Flor Goche y Elva Mendoza, tan a la canalla, obviamente es para intimidarlas, advirtiéndoles que cancelen la agenda de los temas que ocultan los gobernantes; y que esas dos reporteras sirvan de ejemplo para que todos los demás desistan de las tareas que les encomienda la revista Contralínea. O todo aquello que, sobre la marcha de sus investigaciones pe-rio-dís-ti-cas, ha de interesar a la opinión pública, individual y colectiva de la sociedad civil, para que tome conocimiento de los hechos que esconden o no quieren que se ventilen.

El atraco al domicilio de las periodistas Mendoza y Goche muestra y demuestra que los autores, claramente testaferros de los funcionarios que los enviaron, querían y lograron apropiarse de lo que ambas han estado trabajando como reporteras. Fue una embestida común policiaca en primer término: la clásica provocación desde los poderes de los gobiernos para atemorizar a quienes, por su oficio, descubren hechos de corrupción, crímenes y aquellos actos que los funcionarios, a toda costa, quisieran que no se dieran a conocer. Sin embargo, ellas, como el reportero que se precia de tal, no abandonarán el desempeño puntual de la labor que ejercen por convicción y responsabilidad.

La mano negra que busca implantar la censura previa, momentáneamente logra su objetivo; pero en el corto plazo, el trabajo periodístico continúa implacable para informar y criticar, aferrado a su divisa de contrapoder. A otros medios de la comunicación impresa también los han agredido. Y de Veracruz al resto del país aumentan los homicidios contra periodistas, activistas de los derechos humanos y, en general, tenemos enfrente una creciente inseguridad sangrienta, secuestradora, de feminicidios, desapariciones forzadas, trata de niños y mujeres, en el contexto del narcotráfico. Y las acometidas del neoliberalismo económico, también interesado en suprimir las libertades de prensa para clausurar la libertad de expresión, de información, de crítica y de las modernas técnicas del periodismo de investigación.

Contralínea se precia de estar llevando, hasta sus últimas consecuencias, el periodismo de investigación, del que las reporteras amenazadas son un ejemplo. Y por eso han sido víctimas del ataque perpetrado a su domicilio. Empero, nada detendrá el puntual trabajo de sus reporteros y demás colaboradores. Se han ensañado contra esta revista semanal los delincuentes-funcionarios, con la mira de que la publicación claudique. En condiciones económicas “adversas, porque está enlistada entre las que no han de recibir toda la publicidad autorizada legalmente”, Contralínea, que en su nombre lleva la razón de contrapoder, seguirá navegando con la brújula constitucional, a contracorriente de los ataques de que es objeto, a través de sus reporteros y directamente a sus instalaciones.

La divisa de Contralínea y de sus periodistas es lo que plantea la alternativa de Thomas Jefferson: “Puesto que la base de nuestro gobierno es la opinión del pueblo, el primerísimo objetivo debe ser conservar esa relación; y si me tocara decidir si deberíamos tener gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no vacilaría un sólo momento en preferir lo último”. Acerca de este tema, el periodista que fue Carlos Marx escribió: “La prensa libre es el espejo en el que la gente se ve a sí misma”. Y Rosa Luxemburgo también se refirió al tema con las siguientes palabras: “Sin elecciones libres generales, sin una libertad prensa y de reunión ilimitada, sin una lucha de opinión libre, la vida se marchita en las instituciones públicas, vegeta, y la burocracia queda como único elemento activo”. En nuestro país, la burocracia autoritaria, policiaca y antiprensa es la que arremete contra los periodistas asidos a las libertades constitucionales para investigar y publicar información. Y criticar.

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

[BLOQUE: OPINIÓN] [SECCIÓN: DEFENSOR DEL PERIODISTA]

Contralínea 459 / del 19 al 25 de Octubre 2015

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