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De los 31 desgobernadores, incluyendo al jefe de gobierno de la Ciudad de México y Distrito Federal como asiento de los tres poderes del Estado federal, no cabe duda de que Javier Duarte de Ochoa, impuesto en el cargo por las maniobras tenebrosas de Fidel Herrera Beltrán, es el desgobernador número uno y, en consecuencia, el enemigo público número uno de las libertades de prensa y de quienes las ejercen en el estado de Veracruz. Es el típico troglodita que, según las Cartas persas de Montesquieu: “Más que a humanos a brutos semejaban […] fieros y perversos que no conocen principio ninguno de equidad y justicia”. La descripción de Charles-Louis de Secondat, barón de la Brede y de Montesquieu, sobre lo que es un troglodita es como si el célebre autor de estas cartas, Del espíritu de las leyes y creador de la moderna división-separación de los tres poderes: Legislativo, Judicial y Ejecutivo, estuviera viendo al desgobernador veracruzano. Desgobernador para deshonra de Veracruz, quien es responsable de las condiciones políticas que han hecho posible el asesinato de 12 periodistas en 5 años. En el mandato, de 2004 a 2010, del padrino-cómplice de Duarte de Ochoa, Fidel Herrera, por su despotismo cuando fue también desgobernador, por omisión o por negligencia ocurrieron tres homicidios de periodistas. Y durante la gestión del júnior multimillonario –gracias a papá–, Miguel Alemán Velasco, desgobernador anterior a Fidel, se registraron dos asesinatos.

A Veracruz, con una historia heroica y de mexicanos dedicados a actividades sociales, económicas y culturales, le han impuesto a tres depredadores con las características de “los trogloditas o habitantes de las cavernas”, que han pisoteado esa trayectoria veracruzana al servicio de la nación; patriotas que no se merecían tan perversos individuos al servicio del mal gobierno antirrepublicano, salidos, antidemocráticamente, de la designación del antiguo régimen priísta abortado por el salinismo para que los tres –Alemán, Herrera y Duarte– se hayan apoderado –sin división ni separación– de los poderes de Veracruz, y dispongan a su antojo de la entidad creada como estado por la Constitución de 1824. Duarte ha llevado esos 17 años de autocracia hasta sus últimas consecuencias, convirtiendo a la entidad en el colmo de la impunidad sangrienta y aterradoramente violenta contra los veracruzanos.

Por cierto, fue el fotorreportero Rubén Espinosa Becerril, quizá también asesinado a control remoto tras su exilio defeño huyendo del Veracruz en manos de Duarte de Ochoa, quien fotografió al desgobernador vestido de policía, regordete y sonriente, que ocupó la portada de la revista Proceso, y que tanto lo enfureció. Veracruz, con ese Duarte, es la entidad donde los 12 periodistas asesinados a la sombra de la total impunidad investigaban para informar sobre la corrupción gubernamental. Recientemente Duarte vomitó una amenazante perorata a los periodistas veracruzanos, para burlonamente advertirles: “Pórtense bien”, como anunciando algo más que las patadas que Santa Anna –el padre de Alemán, Herrera y Duarte–, como amenazas cumplidas, casi propinó a los periodistas Eufemio Romero y Guillermo Prieto, con la velada amenaza de arrancarles la lengua (Guillermo Prieto, Memorias de mis tiempos). Superando a Santa Anna, ahora en Veracruz, durante el desgobierno de Duarte, no les dan patadas ni les arrancan la lengua… ahora los privan de la vida, con el radicalismo criminal de quienes abusan del poder, tienen fuero y están protegidos por la impunidad.

Corrupción, sangrienta inseguridad, asesinatos de estudiantes y narcotráfico reinan en el desgobierno duartista. Impera en la entidad el mal gobierno antidemocrático de un cacique que se ostenta como desgobernador. Donde las libertades, como derechos humanos y sus garantías no se ejercen cabalmente por los veracruzanos. Y es que el despotismo del desgobernador ha impuesto su ley de la selva del “pórtense bien”. Es esto o hay vía libre a homicidios, secuestros, desapariciones, desplazamientos, exiliados y un miedo colectivo porque en Veracruz solamente truenan los chicharrones del señor desgobernador, dueño de vidas y haciendas… ¡si no se portan bien!

Duarte, como antes Herrera Beltrán, manda, no con la Constitución de Veracruz y menos con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sino con sus deseos que han de cumplirse al pie de la letra. Pues sabe que no hay poder humano que se atreva a la desaparición de poderes y que concluirá su sexenio sangriento y corrupto para después escapar por el túnel de la impunidad.

 

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

[BLOQUE: OPINIÓN]

 [SECCIÓN: DEFENSOR DEL PERIODISTA]

 

 

 

 

Contralínea 451 / del 24 al 30 de Agosto 2015