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I. Ya Manuel Castells nos había brindado su monumental obra La era de la información: economía, sociedad y cultura, con traducción de Carmen Martínez Gimeno (sin ningún parentesco, se nos antoja, por el título, con la trilogía de Fernand Braudel: Civilización material, economía y capitalismo). Ahora nos presenta su trabajo Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de internet, que tradujo María Hernández. Y que se complementa con el libro escrito por Jorge Riechmann y Francisco Fernández: Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales. Una continuidad en el contexto de que “la historia de las sociedades modernas […] inicia con la Revolución Francesa de 1789, es una historia de los movimientos sociales”. Estos intervienen en el proceso de transformación social, promoviendo cambios u oponiéndose a ellos. Riechmann y Fernández se refieren a estas redes sociales; diferentes a lo que en internet se entiende como “redes” y que también fomentan movimientos sociales, hechos realidad cuando el pueblo sale a la calle demandando de sus gobernantes la solución a sus problemas. O cuando los integrantes de una sociedad, todos a una, se deshacen de los malos gobernantes.
 
II. La introducción es para detenerse en Manuel Castells y su trabajo Redes de indignación y esperanza: los movimientos sociales en la era de internet, donde analiza la conexión entre las redes virtuales que han generado nuevos movimientos sociales. Pues –agrega– “donde quiera que haya poder hay también contrapoder”. El contrapoder es, en este caso, el binomio: internet-comunicación por medio de un factor común: las redes divulgan y convocan a cientos de miles para alimentar los movimientos sociales; dan libertad, reivindican las libertades y las expropian de los que las suprimen o controlan desde los malos gobiernos. Y basadas en la observación, propone hipótesis sobre la naturaleza y perspectivas de los movimientos sociales en red, con la esperanza de identificar los nuevos caminos del cambio social en nuestra época y estimular el debate sobre las repercusiones prácticas (y, en última instancia, políticas), de dichas hipótesis; para –como explica en su penúltimo capítulo– “Cambiar el mundo en la sociedad red”, pues “el legado de los movimientos sociales en red habrá sido vislumbrar la posibilidad de reaprender a vivir juntos. En una democracia real”.
 
III. Se trata de conciliar la democracia representativa o indirecta con la democracia directa, es decir, el pueblo como contrapoder para impedir los abusos del poder de los gobernantes que, una vez electos, creen (fundamentalistas) o piensan que no han de consultar a los gobernados para tomar las grandes decisiones. Porque “los movimientos, y la opinión pública en general, coinciden en denunciar la burla de los ideales democráticos en gran parte del mundo”. En los apéndices nos pone al tanto de la cronología de la Revolución Egipcia, los levantamientos árabes, los indignados de España y la ocupación de Wall Street. Los movimientos-red van contra el triunfo del capitalismo financiero de la globalización, que hace víctimas a los pueblos que se rebelan contra el neoliberalismo económico que ya dividió al mundo en una minoría dueña de la riqueza y una inmensa mayoría pobre.
 
 
Ficha bibliográfica:
 
Autores: Jorge Riechmann y Francisco Fernández
Título: Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales
Editorial: Paidós
 
Autor: Manuel Castells
Título: Redes de indignación y esperanza. Movimientos sociales en la era de internet
Editorial: Alianza
 
*Periodista
 
 
 

 Contralínea 448, del lunes 03 al 08 de agosto