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Numerosos países y personalidades se habían posicionado al principio de la guerra contra Yemen, pero ahora están modificando su postura. Al hacerlo evitan pronunciarse según el cliché creado alrededor del diferendo entre sunitas y chiítas y llaman a la proclamación de un alto al fuego y a la búsqueda de una solución política. Lo que en realidad se esconde tras esa guerra inútil es el proyecto de creación de una OTAN árabe… bajo las órdenes de Israel

Thierry Meyssan/Red Voltaire

Damasco, Siria. En su Doctrina de Seguridad Nacional, publicada el 6 de febrero de 2015, el presidente estadunidense, Barack Obama escribía:

“Una estabilidad a largo plazo [en Oriente Medio y en el Norte de África] requiere más que el uso y la presencia de Fuerzas Militares estadunidenses. Exige socios que sean capaces de defenderse por sí mismos. Es por eso que invertimos en la capacidad de Israel, de Jordania y de nuestros socios del Golfo para desestimular una agresión, manteniendo a la vez nuestro inquebrantable compromiso con la seguridad de Israel, incluso mediante su ventaja militar cualitativa.”

La lectura cuidadosa de ese documento no deja lugar a dudas. La estrategia del Pentágono consiste en crear una versión actualizada del Pacto de Bagdad, una Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) árabe, para poder retirar sus propias tropas de Oriente Medio y del Norte de África, y reposicionarlas en el Lejano Oriente (el llamado pivote contra China).

También está claro que, según su visión, el Pentágono planea que los países del Golfo y Jordania conformen esa “Fuerza Árabe de Defensa Común”, que estaría bajo las órdenes de Israel. Si retomamos el ejemplo del Pacto de Bagdad, hay que recordar que el Reino Unido lo creó incorporándole sus excolonias. Sin embargo, a los 3 años de su creación, el Estado Mayor del Pacto de Bagdad fue puesto bajo las órdenes del Pentágono, a pesar de que Estados Unidos ni siquiera había firmado aquel Pacto.

En noviembre de 2013, el entonces presidente de Israel, Shimon Peres, hizo una intervención, por videoconferencia ante el Consejo de Seguridad del Golfo, reunido en Abu Dabi y con la participación de los representantes de los principales miembros de la Liga Árabe y de varios Estados sunitas de Asia. La intervención de Peres sobre la necesidad de crear un nuevo pacto militar contra Irán fue largamente aplaudida.

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por su sigla en inglés) acaba de revelar que Arabia Saudita estuvo preparándose para crear la “Fuerza Árabe de Defensa Común”, elevando su presupuesto militar de 2014 en 13 mil millones de dólares, ¡lo cual representa un aumento de 17 por ciento!

Riad está tratando de implicar la mayor cantidad posible de países a ese proyecto, y ya logró comprar la participación de Egipto. Para eso, en la Conferencia Económica de Sharm el-Sheij realizada el 13 de marzo pasado, los Estados del Golfo ofrecieron 12 mil millones de dólares para los proyectos de inversión del Cairo.

La Liga Árabe adoptó el proyecto de creación de la fuerza “árabe” el pasado 1 de abril, en la Cumbre de Sharm el-Sheij. Según la explicación oficial, el objetivo es aplicar el Tratado de Defensa árabe de 1950 para luchar contra el terrorismo, a no ser que en realidad sea para satisfacer las ambiciones de Arabia Saudita en Yemen. La guerra contra los hutis –cuya necesidad nadie entiende– tiene así el papel de un ejercicio militar a escala real, sin que nadie manifieste compasión por el millar de muertos y los 3 mil heridos que ya han dejado los bombardeos contra Yemen.

Según Stratford, el Estado Mayor militar de esa operación –bautizada como Tempestad Decisiva– no está en Arabia Saudita sino en Somalilandia. Ese país, que se proclamó independiente en 1960 y fue incorporado a Somalia en 1969 como resultado de un golpe de Estado, volvió a proclamarse independiente en 1991, antes de ser reintegrado nuevamente a Somalia en 1994 y de proclamarse independiente por tercera vez en 2002. Las dos primeras veces, Israel fue el primer Estado en reconocer su independencia. Actualmente nadie reconoce la independencia de Somalilandia, pero desde 2010 su territorio se ha convertido en una base israelí que garantiza el control del estrecho de Bab el-Mandeb, el cual vincula el canal de Suez y el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el Océano Índico.

Los jefes de estados mayores de los países de la Liga Árabe se reunieron el 22 de abril para evaluar las unidades que podrían poner a la disposición del nuevo dispositivo. Egipto, Kuwait y Marruecos –implicados los tres en los bombardeos contra Yemen– presentarán un informe preliminar el 1 de julio.

Por desgracia, todo esto era previsible. Después de haber traicionado al pueblo sirio con la exclusión de la República Árabe Siria –en franca violación de sus propios estatutos– la Liga Árabe ahora se dispone a traicionar al pueblo palestino poniendo los ejércitos de sus miembros bajo las órdenes de un Estado colonial.

 

Thierry Meyssan/Red Voltaire

[Sección: Línea Global]

 

 

 

Contralínea 435 / del 04 al 10 de Mayo 2015