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La tensión reciente entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Federación Rusa se ha elevado un tono con la reciente visita de la ministra alemana de defensa Ursula von der Leyen a los países bálticos, entre el 13 y el 14 de abril pasado. En su breve gira a Estonia, Letonia y Lituania la preocupación parecía similar a la luz de la crisis ruso-ucraniana, la potencial amenaza rusa sobre los tres miembros de la OTAN como de la Unión Europea. En un gesto similar al de la breve visita del presidente Barack Obama a Tallin, Estonia, Von der Leyen fue categórica en la necesidad de defenderse de la agresión vecina rusa. “En la OTAN tenemos la tarea común de fortalecer la comunicación estratégica propia”, declaró en su paso por Riga, la capital letona.

La vecindad de los tres países con Rusia ha cobrado en tiempos recientes un significado particular, cuando éstos temen por su integridad territorial, al considerar la presencia de importantes minorías rusas en su población. En consecuencia, en las tres capitales donde se trasladó la ministra alemana fue en un tono de fuerte preocupación y una búsqueda de reasegurarse el pleno apoyo por parte de la OTAN y de uno de sus mayores socios, que es Alemania. La venta de material militar así como los ejercicios militares siguen siendo unas de las demandas más fuertes en vistas de disuadir toda intervención por parte de la nación euroasiática. Desde Tallin, Estonia, Ursula von der Leyen hizo las siguientes declaraciones: “desde luego el tema de la velocidad y la respuesta adecuada ante posibles amenazas juegan un papel determinante, y sólo puedo recomendar que la capacidad de reacción de la OTAN nos sea infravalorada. Es alta.” Esta declaración fue dirigida, naturalmente, a Moscú.

Considerando las tradicionalmente fuertes relaciones entre Moscú y Berlín, que fueron patentes por décadas tanto en el ámbito económico como político y que aún subsistieron en tiempos del canciller Gerhard Schröder, recientemente se fueron deteriorando hasta un mínimo, en el que actualmente rigen sanciones económicas y un creciente intento por aislar a Rusia del plano internacional. En ese sentido, la visita a la zona báltica, lejos de ayudar a apaciguar las tensiones, sería una avanzada ulterior en la búsqueda de doblegar de forma agresiva toda iniciativa militar en esa zona geográfica, que en el pasado, incluso, formó parte de la entonces Unión Soviética, y representa, ante todo, una provocación para con Moscú.

Alemania dice tener en pie una división militar fuerte de 4 mil hombres, que sería el grupo de respuesta rápida en caso de ser requerido en los países de la OTAN, que tomarían hasta 4 días para estar en suelo báltico. También la promesa de ejercicios en conjunto que ya se están dando por parte de Estados Unidos en sendos países de la Unión Europea, en particular en la zona del Este, forma parte de la batería de medidas defensivas. El argumento de la “amenaza” rusa sirve, por ende, como elemento aglutinante para estos países que hoy sirven a una organización militar trasatlántica, que nació y sirvió en tiempos de la Guerra Fría para fines estratégicos y que en teoría dejó de tener sentido con el colapso del bloque del Este y de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. No obstante siguió como tal en las décadas posteriores, y hoy mismo parece tener más vigencia que nunca, ante un mundo donde la crisis ucraniana es el leitmotiv mismo de la diplomacia internacional por gran parte de la mal llamada comunidad internacional.

La tendencia al rearme militar está cada vez más justificada a la luz de esta perspectiva parcial e inflexible, la cual sólo parece admitir a Rusia como el enemigo y ya no como un Estado aliado. A priori los países ahora abogan por un rearme sin igual desde la derrota alemana en 1945. La venta de los principales países exportadores de armas ha sido una consecuencia de lo mismo, y en ese sentido, la visita internacional no carece de contratos de compra-venta de tanques y adicionalmente de armas, que definitivamente vienen a retroalimentar el complejo industrial militar de sendos países que ven jugosos negocios en el futuro con los Estados compartiendo una frontera común con Rusia.

En marzo de 2015, Estados Unidos desplegó un contingente de 3 mil soldados y material militar (cerca de 750 tanques) bajo la operación Atlantic Resolve en Letonia, país limítrofe con Rusia, con la promesa de que Washington no iba a dejar al amparo de Rusia este país en la periferia de la Unión Europea. El general John O’Connor quien presidió la entrega del material militar, pronunció las siguientes palabras: “Este equipo militar de la tercera división de infantería y sus soldados, que participarán en esta operación, deberán fortalecer nuestro compromiso a la seguridad común. Nuestro mensaje a la población letona y a todos nuestros socios es que el Ejército estadunidense será capaz y brindará todo el apoyo necesario, sea éste por tierra, mar o aire”. Mientras que la presencia del enclave ruso de Kaliningrado entre Lituania y Polonia, como la base militar de la ciudad homónima, están sirviendo como pretexto para sustentar la aparente “amenaza”.

La práctica de ejercicios militares en los países bálticos limítrofes con la Federación Rusa constituye la demostración primaria del poderío de la OTAN, donde el artículo 5 de la Carta Magna de la organización considera que el ataque a uno de sus miembros sería equivalente a atacar la OTAN misma.

Incluso la idea de crear el Ejército europeo (sic) está siendo barajada cada vez más en los círculos de la Unión Europea. Para ello habría que vencer muchas resistencias internas por parte de los Estados miembros, que siguen con recelo la idea de la soberanía nacional y en consecuencia de un Ejército propio para su defensa. Sin embargo, en palabras del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, “no se tendrá un Ejército europeo para emplearlo inmediatamente; sin embargo, un Ejército común de los europeos [sic] transmitiría a Rusia la impresión que tomamos en serio la defensa de los valores de la Unión Europea”, tal como dijo al periódico Welt am Sonntag. “Un tal Ejército nos ayudaría a forjar una política común exterior y de seguridad y juntos ejercer la responsabilidad de Europa [sic] en el mundo”. No obstante que esta política común sea en sí una aspiración más que una realidad, este futuro Ejército europeo está aún más lejos considerando los obstáculos internos y la tardanza de llevar a cabo un magno proyecto de esta envergadura.

La Unión Europea hoy día ya no goza de la unanimidad frente a su archienemigo, pues tanto el presidente chipriota Nikos Anastasiadis, como el del nuevo gobierno de Alexis Tsipras, en Grecia, suponen un contrapeso, y en definitiva rompen el unísono que hasta hace poco había en la Unión Europea. Por ese lado, la consecuencia es que probablemente no se vuelvan a renovar posteriores medidas unilaterales en contra de Moscú, pero no por ello quiere decir que el mainstream haga lo que esté a su alcance para ahondar un poco más la existente división en dos bandos, cuando la índole general tiende a la demonización a priori del otro en pos de justificar las acciones difícilmente justificables en tiempos de paz.

Mientras que el complejo industrial-militar espera conseguir nuevos pedidos por parte de los países bálticos, las economías de algunos países exportadores de armas en la Unión Europea se verán beneficiadas en consecuencia. Rusia, por su lado, está siendo asediada por sanciones económicas y viendo a sus vecinos armándose hasta los dientes con la ayuda de Alemania.

Axel Plasa*, @axel_contra

*Periodista

[Sección: Opinión]

 

 

 

 

Contralínea 434 / del 26 de Abril al 2 de Mayo 2015