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Más en el espectáculo de los dimes y diretes que en el bienvenido escenario de las críticas, réplicas y defensa por las libertades de expresión, de difundir y publicar opiniones, análisis y comentarios, es que del vientre nazi-fascista abortó el ataque infame, estúpido y mal nacido contra el periodista y conductor de noticieros Ezra Shabot, enseñando los dientes de la intolerancia y queriendo también combatir los derechos-libertades de la prensa escrita y de la radiodifusión con su pluralismo de opiniones. Por las redes le imputaron inquisiciones vomitadas por el rencor a la diversidad de puntos de vista. Con su derecho a cuestionarla, Shabot ha discrepado de Carmen Aristegui estando dentro de MVS. En una atmósfera donde hay muchos antiaristeguistas y pocos simpatizantes y solidarios con su despido laboral.

El caso es que el comunicador Shabot fue duramente insultado –no tanto criticado– con repulsión discriminatoria. Lo que significó que sus anónimos enemigos buscaran provocar descalificaciones a su legítima discrepancia. Con su hostilidad querían generar un linchamiento en lugar de crear desacuerdos en el contexto de la polémica por la acción empresarial que, obviamente, abusó de un simple incidente que pudo arreglarse en una negociación. Ahora se usó la vieja arma nazi-fascista del odio racial, para injuriar al periodista y atizar no una discusión democrática sino un enfrentamiento sucio que muestra la parte más perversa de ciertas naturalezas humanas.

Ezra Shabot no cometió ninguna agresión. Sencillamente manifestó su desacuerdo con lo ocurrido, lo cual no era motivo para lanzarle tal cantidad de ofensas desde la cómoda cobardía y pretextando defender la causa de Aristegui, a la que ésta es completamente ajena. Las discusiones por la libertad de prensa en los medios de comunicación no tienen por qué decantarse en vilipendiar a los adversarios que piensan diferente. Y lo expresan, fundados en esas libertades que los mexicanos, como Ezra Shabot, han de ejercer de acuerdo con lo que dicta la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que es norma de conducta para todos los ciudadanos.

Las amenazas al periodista son, anónimas o no, manifestaciones de incapacidad para contraargumentar sobre puntos de vista diferentes. Deben y pueden, unos y otros, escenificar controversias ante la opinión pública y entre sí, como lo exige el comportamiento de mutuo respeto por más radicales que sean las diferencias. La forma como ha sido atacado Ezra Shabot es una vil arremetida a su derecho a manifestar su inviolable libertad de difundir su opinión, como corresponde a tirios y troyanos fijar posturas. Y es que también es censura denostar a alguien, anónimamente y con seudónimos, o no, para en lugar de discrepar, pretender amedrentar, al defender a una periodista agredida en su libertad de informar y cuestionar con actos de igual calaña para arremeter contra otro periodista.

El pluralismo ideológico, cultural, político, económico y social es, y debe ser, parte de los mexicanos en todas las actividades, sin incurrir en las bajezas de ofender con perversos seudoargumentos. Las crisis personales y colectivas sirven para tomar decisiones sin descalificaciones ni acometidas racistas, en un país donde la igualdad ha de ser el factor común para la convivencia. El altercado contra Shabot ha rebasado los límites de la tolerancia, para contribuir a la violencia verbal que puede llevar, de las simples amenazas, a su cumplimiento; y esto es barbarie. La catapulta de insolencias al comunicador ha sido una estupidez. Los periodistas despedidos de MVS y la embestida a Shabot son dos actos igualmente contrarios a la libertad de pensamiento para expresar opiniones.

Y son censurables, porque implican una ofensiva al derecho de discrepar, de criticar y de pronunciarse en favor o en contra de los hechos. En los medios de comunicación hay diferentes criterios para analizar e interpretar. Así debe mantenerse el ejercicio de las máximas libertades de prensa. Y protestar cuando funcionarios y empresarios concesionarios, en la radio y televisión, y dueños de medios escritos, abusan de sus armas económico-políticas para censurar a los periodistas. Y cuando, como ahora, se hace uso de las redes para abusar e insultar desde la oscuridad, lanzando la piedra y escondiendo la mano.

Lo que ha sufrido Ezra Shabot es reprobable. Y más, cuando desde la vileza se escupieron acometidas infames que solamente el nazi-fascismo usó para separar a quienes son parte de la misma humanidad. Shabot es un periodista que con todo su derecho ha tomado partido en una discusión que, con el concurso de diferentes opiniones, genera más luz para valorar los hechos con sus pros y contras, sin que esto sea pretexto para atacar a cualquiera de los que toman parte. Se trata de abrir el debate en todas direcciones, con el concurso de los actores que quieran participar, pero dando la cara y no ocultándose en las redes para lastimar con la barbarie del nazi-fascismo. Vilipendiar para censurar el trabajo de un periodista porque éste manifiesta su parecer en un asunto es, también, echar mano de ataques a las libertades de expresión de las ideas, a las que todos los mexicanos tenemos derecho. Y que en las redes se haya injuriado a Ezra Shabot por su diferendo con los periodistas despedidos arbitrariamente de MVS es, a todas luces, de racionalidad reprobable.

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

[DEFENSOR DEL PERIODISTA]

 

 

 

 Contralínea 433 / del 19 al 25 de Abril 2015