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A pesar de los empeños de Estados Unidos, Alemania, Francia y Reino Unido por aislar a Rusia de Occidente, Moscú logra acuerdos políticos y económicos con Estados de la propia Unión Europea. El gobierno de Putin hace valer el peso político, económico y cultural de los rusos en Europa central

Jorge Petinaud Martínez/Prensa Latina

Moscú, Rusia. La reciente visita a Rusia del presidente de Chipre, Nikos Anastasiadis, ratificó el rechazo de una parte de la Unión Europea a la política de ese bloque de limitar los vínculos políticos y económicos con el Estado eurasiático.

Por invitación de su par Vladimir Putin, Anastasiadis cumplió una estancia oficial de 3 días, la primera de un jefe de Estado de la Unión Europea a Moscú desde la imposición de sanciones del bloque de los 28 miembros, en 2014, bajo presión de Estados Unidos. Tras la firma de un paquete de acuerdos sobre diferentes esferas, con énfasis en la militar, el mandatario aseguró ante la prensa que Putin abordó con respeto, enfoque delicado y comprensión la situación de Chipre, sin presentar a Nikos condiciones ni exigencias.

 “El presidente nunca ha puesto a nuestro país en una situación incómoda ante los aliados. Es un enfoque de principio de un líder que defiende los intereses nacionales y respeta los de otros países”, exteriorizó el gobernante.

Indicó que en paralelo al programa suscrito de cooperación bilateral para el periodo 2015-2017, el Estado mediterráneo renovó un contrato militar con Moscú, el cual ya había sido iniciado, aclaró.

Detalló que durante las pláticas sobre ese tema sensible, el presidente Putin sostuvo un diálogo en extremo delicado y respetuoso.

Tal avenencia refrendó jurídicamente el derecho de entrada a los puertos chipriotas de buques con fines humanitarios, puntualizó, y no representa erogaciones adicionales para las partes.

A cambio, Chipre gana la posibilidad de adquirir nuevos armamentos rusos, de carácter defensivo, según catalogó el mandatario.

Sobre este particular, Putin descartó –en rueda de prensa conjunta– que la cooperación militar esté enfilada contra terceros países, y fue enfático al destacar que “no molesta a nadie”.

Precisó el estadista que lo pactado en relación con el ámbito naval se refiere a buques rusos que participan en la lucha internacional contra el terrorismo y la piratería.

Con respecto de las finanzas, Putin sostuvo que Moscú continuará ayudando a Nikos a resolver las consecuencias sufridas por el país debido a la crisis de la deuda.

 “Hemos asignado, como se sabe, un gran crédito de estabilización de 2 mil 500 millones de euros, y hemos accedido a reestructurar el préstamo con condiciones más ventajosas”, comentó.

Dicho acuerdo reestructura el crédito concedido a Chipre en 2011 en el orden de los 2 mil 500 millones de euros, con una reducción de la tasa de interés de 4.5 a 2.5 por ciento, a pagar en un plazo entre 2018 y 2021, en mejores condiciones.

Además, destacó Putin, que el banco ruso BTV Capital y el Ministerio chipriota de Finanzas realizaron con éxito la colocación en el mercado de obligaciones de la deuda soberana de esta isla por 750 millones de euros.

Con esos pasos, Moscú contribuye a estabilizar la eurozona, después de las dificultades que vivió entre 2011 y 2013, declaró el mandatario ruso.

Rechazo a las sanciones

Anastasiadis consideró, por su lado, que los 28 miembros de la Unión Europea, sin excepción, resultaron perjudicados por la aplicación por parte de ese bloque comunitario de sanciones unilaterales contra Rusia, que respondió con contramedidas. “Sin importar cuales fueron las sanciones, éstas afectan a todos en la Unión Europea y tenemos sobradas razones para oponernos a esas medidas”, subrayó el dirigente chipriota, cuyo país fue obligado a respaldar las restricciones el pasado año.

Sobre el régimen de represalias impuesto contra Moscú por el irresuelto conflicto en Ucrania, Anastasiadis opinó que los medios punitivos y militares no conducen a resultados positivos, y reiteró la vía del diálogo diplomático como única alternativa de solución.

Dijo que Chipre no intervenía en contradicción con la Unión Europea, pero cada Estado miembro tiene el derecho de expresar libremente su posición, alegó.

“Estamos en contra de las sanciones respecto a Rusia”, reiteró el líder chipriota, “y no somos los únicos que tenemos esa posición entre los países europeos. Hay un grupo compacto de Estados que están en contra de las sanciones”.

Contrastó el visitante que pese a las acciones de Bruselas, Bélgica, se observa una tendencia de incremento de las inversiones rusas en la economía de la isla, donde residen más de 30 mil ciudadanos rusos.

Antes de partir, Anastasiadis reconoció el papel de Rusia como un actor de peso en el escenario internacional, al agradecer a Moscú el apoyo en la solución del diferendo territorial en la isla mediterránea, cuya porción Norte fue ocupada por tropas turcas en 1974.

Más allá de las pláticas del visitante con Putin, la amplitud del diálogo político bilateral quedó demostrada en su encuentro con el primer ministro, Dmitri Medvédev.

Celebró, asimismo, conversaciones con los líderes del Senado (Consejo de la Federación), Valentina Matviyenko, y de la Duma estatal (Cámara de Diputados), Sergei Naryshkin.

Antes de regresar a su país, el titular chipriota viajó a la segunda ciudad en importancia de Rusia, San Petersburgo, donde dialogó con el gobernador, Georgy Poltavchenko.

La visita a Rusia del mandatario chipriota confirmó que pese al interés de los países ricos del Norte de la Unión Europea (Alemania, Francia y Reino Unido) de imponer su voluntad a los 28, el bloque no es un ente monolítico.

El intelectual italiano Luciano Vasapollo calificó de práctica colonialista hacia el interior del Continente las políticas de austeridad que en detrimento de los programas sociales para la población pretenden imponer el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional a los países más pobres del Sur.

Estas asimetrías en el desarrollo y la imposición por los más fuertes a los más débiles de las políticas de recortes neoliberales constituyen el eslabón más débil en la cadena europea y una oportunidad que aprovecha Moscú para romper el aislamiento que la Unión Europea pretende imponerle bajo presión de Estados Unidos.

Otra muestra de la capacidad de maniobra de Rusia en sus vínculos políticos y económicos con la Unión Europea fue la reciente visita a Hungría del presidente Vladimir Putin y los acuerdos sellados en Budapest. La cordial acogida en esa capital al jefe del Kremlin y la firma de entendimientos millonarios en materia energética entre Rusia y Hungría provocaron la ira de Occidente contra el país de la ribera del Danubio.

El acercamiento con Rusia pone en peligro la colaboración con Polonia, República Checa y Eslovaquia, y afecta también las relaciones con Alemania y Estados Unidos, opinó en el canal Rossiya 24 el analista político András Deak.

Alertó el experto que Hungría puede pagar un alto precio político por distanciarse de la política de sanciones y aislamiento que Washington y la Unión Europea pretenden imponer contra el Estado eurasiático.

Sin embargo, durante la visita de trabajo del líder ruso se evidenció la voluntad del mandatario, János Áder, y del primer ministro, Viktor Orbán, de estar al margen de la histeria antirrusa occidental por la actitud crítica de Moscú contra el golpe de Estado del 22 de febrero de 2014 en Ucrania.

Putin inauguró un memorial dedicado a los combatientes soviéticos que murieron durante la liberación de Hungría en Budapest en 1945, y agradeció a sus anfitriones por la cuidadosa actitud hacia las tumbas de los soldados y oficiales caídos en la Segunda Guerra Mundial.

En rueda de prensa, confirmó que personalmente invitó a Áder a los actos conmemorativos del aniversario 70 de la victoria contra el fascismo en la segunda conflagración planetaria.

Orbán, por su parte, se mostró consecuente con su punto de vista de que la Unión Europea “se disparó a sí misma en el pie” al perjudicar sus relaciones comerciales con Moscú, y propició la firma de acuerdos referidos sobre todo al sector energético.

En sus conversaciones con Putin, el jefe de gobierno insistió en el interés de conservar la condición de socio privilegiado de Moscú en la importación de hidrocarburos.

De su lado, el líder ruso reiteró que Moscú valora su reputación de suministrador fiable de energía para Europa y para Hungría.

Rusia provee el 80 por ciento del petróleo y el 75 por ciento del gas natural que consume Hungría, agregó, e insistió en que el papel de este país balcánico en el tránsito del carburante ruso no disminuyó después del cierre del gasoducto Flujo del Sur.

Añadió Putin que Moscú dará respuesta positiva a las solicitudes húngaras sobre cooperación energética desde este año, y señaló que está dispuesto a evaluar con todas las empresas la posibilidad de cooperar sobre el ducto Turk Stream. Tendida por debajo del Mar Negro hasta Turquía y a través de su territorio para alimentar el mercado del Sur de Europa, esta tubería convertirá a Ankara en nudo clave distribuidor del combustible azul en el llamado viejo continente.

En tanto, Sergey Kiriyenko, jefe de la corporación rusa constructora de centrales electronucleares Rosatom, confirmó que la edificación de dos nuevos reactores en la nucleoeléctrica húngara Paks comenzará en la primavera de 2015.

 “Hay un calendario claramente definido y estrictamente bien complementado con todas las regulaciones y requerimientos de impacto ambiental y con los trabajos imprescindibles para la obtención de la licencia”, explicó.

Durante la visita de Putin a Budapest, también fue firmado un acuerdo sobre el entrenamiento del personal que trabajará en las nuevas unidades de Paks.

Los reactores incluyen las más novedosas tecnologías de seguridad post-Fukushima (Japón), las cuales garantizan una operatividad segura de la planta por, al menos, 60 años, según el experto ruso.

Cerca del 40 por ciento de la producción de la energía consumida en Hungría procede de esta electronuclear de fabricación rusa.

Según los acuerdos, la construcción del quinto y sexto reactores de esta planta tendrá un costo estimado de 9 mil 600 millones de euros, el 80 por ciento de los cuales se garantiza con un crédito ruso pagadero en 30 años. Al reaccionar a las críticas de diversos medios occidentales sobre los resultados de la visita de Putin a Hungría, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Levente Magyar, insistió en la posición pragmática de las autoridades de su país.

 “Rusia es un mercado enorme para los productos húngaros, y Budapest tiene ideas concretas sobre cómo aumentar los suministros para poder usar todo ese potencial”, concluyó el portavoz.

Jorge Petinaud Martínez/Prensa Latina

 

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Contralínea 429 / del 22 al 28 de Marzo 2015

 

 

 

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