Estrategias retóricas de la derecha

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Luego de la debacle panista en las elecciones de 2012, algunos medios de comunicación, que a su vez representan intereses empresariales, así como sectores de la jerarquía católica, impulsan la recuperación electoral del Partido Acción Nacional (PAN), donde milita la derecha y la ultraderecha católica del país.

Tanto las cadenas televisivas como algunas radiofónicas siguen brindando su apoyo al PAN y otorgando amplia cobertura a las declaraciones de los dirigentes y políticos del partido derechista, pese a que ya no detenta el poder.

Aunque no se han manifestado abiertamente contra el gobierno de Enrique Peña Nieto, esos medios no le otorgan el apoyo incondicional y absoluto que le brindaron al gobierno católico, militarista y espurio de Felipe Calderón, quien sigue gozando de la impunidad mediática a pesar del saldo desastroso y sangriento que arrojó su sexenio.

El tendencioso respaldo de los medios poderosos al partido católico es congruente con los orígenes y naturaleza de la radio y la televisión en México, que nacieron para servir al poder económico y religioso, y que para su funcionamiento requieren de grandes inversiones (véase “Censura y manipulación: historia de la radio y la televisión”, Contralínea, 25 de enero de 2015).

La jerarquía católica, otro de los puntales del calderonismo, se dedicó también a respaldar a ese gobierno que tanto la benefició, y se abstuvo en general de cuestionarlo, mientras que ahora sectores clericales quieren asumir un papel supuestamente crítico frente a “la corrupción” y otros problemas nacionales.

Discurso foxista y corrupción panista

Hasta el cansancio, en los últimos meses, en radio y televisión se estuvo difundiendo un spot de Ricardo Anaya, presidente interino del PAN (cargo que ocupó hasta antes del retorno de Gustavo Madero, el 20 de enero pasado), donde el dirigente panista evoca la retórica foxista del “cambio” que engañó a tantos votantes en las elecciones de 2000.

Reza el mensaje derechista: “México no va por el camino correcto. Está herido por la violencia, manchado por la corrupción, detenido por la economía. Necesitamos cambiar el rumbo con nuevas ideas. Aumentemos el salario mínimo, es lo justo. Metamos a los corruptos a la cárcel […] Cambiemos el rumbo con nuevas ideas…”

Se trata de una reformulación de la conocida retórica del “cambio” que pregonaba Vicente Fox, y cuyos resultados fueron sacar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de Los Pinos para promover la llegada del partido derechista que gobernó totalmente en contra del pueblo y para beneficio del clero y de los grandes empresarios.

Al igual que Fox, hace 3 lustros, hoy Anaya despotrica contra la corrupción, pero se olvida de la que protagonizaron los panistas en el poder, comenzando por la pareja presidencial Fox-Sahagún, y los privilegiados del foxismo, del calderonismo y de los gobiernos panistas de todos los niveles: desde la Presidencia, pasando por los gobiernos estatales y alcaldías hasta la delegación Benito Juárez en el Distrito Federal, con los conocidos casos de exfuncionarios corruptos y abusadores que fueron encarcelados en Brasil el año pasado.

Acerca de la corrupción panista y de la plutocracia blanquiazul existe toda una bibliografía, tanto en el plano nacional como en estados y municipios, que conocieron los excesos derechistas desde que ese partido comenzó a gobernar regiones del país en la década de 1990 (véase, por ejemplo, Las manos sucias del PAN. Historia de un atraco multimillonario a los más pobres, José Reveles, 2006; Camisas azules manos negras. El saqueo de Pemex desde los Pinos, Ana Lilia Pérez, 2010; El engaño. Prédica y práctica del PAN, Álvaro Delgado, 2007; De Ruffo a Vicente Fox. Acciones y contradicciones del panismo, Alfonso Yáñez Delgado, 2004; y Guanajuato. La democracia interina, del autor de este artículo, y que se refiere a los abusos del gobierno de Carlos Medina Plascencia en Guanajuato, a principios de la década de 1990, 1995).

El dirigente interino del PAN, partido que siempre procuró beneficiar a los más ricos, lanzaba la promesa hipócrita de aumentar el salario mínimo, de la misma forma en que Fox prometía mejorar la situación de todos y en realidad sólo gobernó para los empresarios.

En contraste con las promesas de Fox y de Anaya de llevar a cabo un cambio milagroso, todos conocemos los saldos del panismo: privilegios para los sectores pudientes y ataques a los sindicatos y a la economía de los más necesitados (hay que recordar que durante el sexenio de Calderón se aprobó, incluso, sin pregonarlo en los medios, la confiscación de los pequeños ahorros en las llamadas cuentas “inactivas”, es decir, con apenas 3 o más años sin movimientos).

Los gobiernos panistas se caracterizaron, además y especialmente en el periodo de Calderón, por la política genocida de la llamada “guerra contra las drogas”, que produjo no decenas, sino decenas de miles de muertos, así como por el desmantelamiento del Estado laico y por la oposición a los derechos sexuales y reproductivos.

La fe en el PAN

Hay que recordar la tenaz oposición panista a la despenalización del aborto en el Distrito Federal y a la aprobación del matrimonio homosexual, así como el gran apoyo, incluso económico, que brindaron gobiernos panistas a la jerarquía católica.

En enero de 2007, como evidencia de la afinidad de jerarcas católicos con el entonces gobierno de Calderón y su desdén hacia los sectores populares, el arzobispo Norberto Rivera minimizaba los efectos del alza al precio de las tortillas en detrimento de la economía popular, y que acababa de aprobarse en aquel año. Decía el jerarca católico que dicho aumento “no es una tragedia ni el acabose” (La Jornada, 15 de enero de 2007).

Por su parte, el exgobernador de Jalisco, el panista Emilio González, se dio el lujo de donar millones de pesos al arzobispado local para la construcción de un santuario dedicado a los cristeros.

Más aún, las concesiones del calderonismo a la Iglesia Católica culminaron con la reforma al Artículo 24 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con la que se buscó destruir el Estado laico y otorgar al clero total libertad de acción para intervenir incluso en la milicia y en la educación pública.

Si durante el calderonismo sectores de la jerarquía católica se olvidaron de que existían problemas económicos o sociales en el país y se abocaron a aplaudir al régimen, ahora, interesados en que el partido católico recupere el poder, pretenden adoptar una actitud crítica hacia el gobierno priísta.

En septiembre de 2012 el semanario Desde la Fe, del Arzobispado de México, pregonaba las supuestas virtudes del agonizante gobierno de Calderón, y pedía a Peña Nieto continuar aquellas políticas calderonistas que “han funcionado bien”.

En ese semanario se alegaba que “no se puede regatear al presidente Calderón el manejo responsable de la economía nacional y de las finanzas públicas” y reconocía “la firmeza” con la que el entonces presidente combatía el “crimen organizado”, al cual describía como un “flagelo apocalíptico”.

En su poco encubierta apología del calderonismo afirmaba que resulta irresponsable “hablar de los muertos de Calderón, como si se hubiera tratado de un régimen dictatorial” y que “el presidente Calderón ha sido atacado, insultado y ridiculizado como ningún otro, y pese a ello, ha mostrado tolerancia y respeto a sus adversarios, por lo que hemos de reconocer su apertura a la libertad de expresión” (sic; www.redpolitica.mx/nacion/iglesia-pide-pena-nieto-seguir-politicas-de-calderon ).

No hubo en realidad tal libertad de expresión en el calderonismo, sino todo lo contrario: una línea de los llamados “grandes medios” de absoluto apoyo a su gobierno así como la censura de las voces que se atrevieron a disentir, como le sucedió a Carmen Aristegui cuando osó referirse al asunto, tan comentado en la vox populi, del alcoholismo de Calderón.

Los panistas, que tan malos gobiernos le dieron al país, ahora apuestan a la amnesia de la población, estrategia similar a la que han seguido los republicanos en Estados Unidos, confiados en que, poco a poco, la gente olvidará lo que realmente fue el gobierno genocida y fundamentalista de George W Bush.

Evidentemente, confían también en la vulnerabilidad de la población ante la retórica de los medios de comunicación, cuya eficacia se demostró en el fraude electoral de 2006.

Desde luego, hay motivos de inconformidad ante la actual situación económica y social del país, pero para la ultraderecha católica esos problemas son sólo pretextos para procurar que el PAN vuelva al poder.

Como señala Miguel Badillo en su columna Oficio de Papel, existe la posibilidad de que la ultraderecha avance políticamente en la coyuntura de la crisis económica, pues dicha fuerza busca “aprovechar el descrédito del gobierno federal priísta y del presidente Enrique Peña Nieto por los sonados casos de corrupción, de desestabilización económica (caída del petróleo), de violencia e inseguridad, de desempleo y de aumento de la pobreza, lo cual será tema principal en las campañas políticas, para posicionarse mejor entre el electorado y ganar más gubernaturas y aumentar su porcentaje de legisladores en el Congreso.

“Según las últimas encuestas y prospectivas panistas, hay optimismo en esa fuerza política para recuperar el terreno perdido después del fracaso gubernamental de Felipe Calderón Hinojosa al frente de Los Pinos, que mandó al PAN al sótano de las preferencias electorales” (Miguel Badillo “En la crisis la ultraderecha avanza”, Contralínea, 12 de enero de 2015).

Una premisa de esa estrategia es el apoyo empresarial y clerical al PAN.

Edgar González Ruiz*

*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México

 

 

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 Contralínea 423 / del 08 al 14 de Febrero 2015

 

 

 

 

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