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Desde  su origen, las estaciones de radio y las cadenas de televisión han estado en manos de empresarios poderosos y conservadores, enemigos naturales de los sectores populares y de las libertades nacidas del Estado laico.      

Son, en suma, medios al servicio de la plutocracia y del poder político y religioso.

Por ello no debe sorprender el papel que esos medios jugaron para promover la guerra sucia y el fraude electoral de 2006, así como su actitud servil hacia mandatarios como Felipe Calderón y, en menor medida, hacia Enrique Peña Nieto.

En el sexenio de Calderón, la radio y la televisión adoptaron el papel de defensores incondicionales de ese gobierno, ilegítimo, empresarial y clerical. Hoy en día, Angélica Rivera, exactriz de telenovelas de Televisa es consorte de Peña Nieto y, como tal, emblema del maridaje entre el poder mediático y la clase política.

Un viejo testimonio

Hace más de 40 años, Jorge Mejía Prieto publicó el libro Historia de la radio y la Tv en México (Editores Asociados, México, 1972), que no tenía un contenido crítico sino, por el contrario, hacía apología de los dueños y fundadores de los llamados “grandes medios de comunicación”.

A pesar de ello, el autor aportó datos muy interesantes –que hoy en día vale la pena recordar– acerca de cómo esos medios nacieron al servicio, no de la verdad y la cultura, sino del dinero y del poder.

En 1923, Raúl Azcárraga fundó la primera radiodifusora comercial en nuestro país, proyecto que desarrolló en alianza con el periódico El Universal y como una extensión de un negocio que tenía de venta de aparatos de radio.

Posteriormente, Emilio Azcárraga crearía la XEW, cuya historia evidenciaría la participación política de personajes de los medios de comunicación.

Exlocutores de esa estación llegarían a importantes cargos políticos, como Luis M Farías, quien llegó a ser gobernador de Nuevo León; Guillermo Morales Blumenkron, quien fuera senador por el estado de Puebla; Luis Ignacio Santibáñez y Álvaro Gálvez y Fuentes, entre otros (Mejía Prieto, obra citada, página 52).

Luis Marcelino Farías Martínez (1920-1999), quien luego de su paso por la radio trabajó también como conductor en el canal 2 de Televisa, fue diputado federal de 1955 a 1958; y de 1958 a 1964, director general de Información de la Secretaría de Gobernación (Segob), cuando su titular era Gustavo Díaz Ordaz. En 1967 fue electo diputado federal, a la vez que presidente de la Cámara de Diputados (http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_M._Far%C3%ADas).

Es decir, el responsable de la información en la Segob era un exempleado de los dueños de estaciones de radio y de televisoras, y era el mismo que controlaría a los legisladores en los días de la sangrienta represión del movimiento estudiantil de 1968 y que, a su vez, tenía como protector a Díaz Ordaz.

Los políticos represores y los personajes de los medios de comunicación formaban parte de la misma mafia.

El contubernio entre el poder político, el económico y el mediático está evidenciado también en el caso de Luis Ignacio Santibáñez Patiño (1912-1991). Hijo de un acaudalado comerciante, fue locutor de noticieros y trabajó en la televisión, antes de convertirse en diputado federal y terminar su trayectoria como maestro de ceremonias de los presidentes, desde Miguel Alemán hasta Salinas de Gortari (www.cambiodemichoacan.com.mx/imprime-74573).

Jacobo Zabludovsky, quien en 1945 inició su trayectoria en radio, y se haría famosísimo a partir de la década de 1970, cuando conducía el noticiero principal de Televisa, fue coordinador de Radio y Televisión de la Presidencia de la República en el periodo de López Mateos, mientras que en el de Díaz Ordaz fue consejero de la Dirección de Difusión y Relaciones Públicas de la Presidencia (obra citada, página 274).

Álvaro Gálvez y Fuentes, locutor y conductor de radio y televisión que tuvo cierta celebridad, fue colaborador de Zabludovsky cuando éste tenía a su cargo la oficina de prensa de la Presidencia (obra citada, página 136).

Otra figura importante de los medios de comunicación durante décadas fue Agustín Barrios Gómez (padre), quien en 1968 fue entusiasta defensor de Díaz Ordaz. En esa época, en su programa de televisión Comentarios y Celebridades, elogiaba al entonces presidente, a quien describía nada menos que como “amigo de los jóvenes” y proclamaba: “Entre Díaz Ordaz y el caos prefiero, sinceramente, a Díaz Ordaz” (el video puede verse en: www.youtube.com/watch?v=5Kkv6vnAx5I).

Durante el gobierno de López Porillo, de 1976 a 1982, Barrios Gómez sería embajador de México en Canadá.

Humberto Romero fue locutor y posteriormente secretario privado de la Presidencia bajo la gestión de López Mateos (obra citada, página 160), mientras que León Michel Vega, conductor y autor de la televisión, fallecido en 2013, incursionaría en la política en la década de 1970 como diputado federal.

En aquella época, Michel participaba en un programa nocturno de televisión al lado de Verónica Castro.

Los dueños de la censura

En radio y televisión no hay en realidad libertad de expresión ni la posibilidad de difundir puntos de vista críticos, porque en ellos prevalecen los intereses y la voluntad de los dueños, que suelen ser multimillonarios de ideas conservadoras, y de los anunciantes.

En la época actual, el ultracatólico Lorenzo Servitje, cabeza del poderoso grupo Bimbo, ha sido uno de los principales anunciantes y ha luchado por hacer prevalecer en los medios sus criterios mojigatos y sexofóbicos.

Sin embargo, desde su origen, muchos medios nacieron con el tono moralista de sus creadores.

En su libro, Mejía Prieto aportó ejemplos de ello.

En 1947, Alonso Sordo Noriega fundó la estación radiofónica XEX, y al inaugurarla expresó en estos términos su intención moralizante: “Queremos entrar en los hogares de México con un acento de dignidad y decencia, desterrando todo lo innoble que pueda manchar la pureza de nuestros hijos o el recato de nuestras esposas” (obra citada, página 80).

Comentaba Mejía Prieto: “…en verdad la XEX se puso grandemente moralizadora, pues a los pocos días de su inauguración expidió una lista negra de canciones que, por inmorales, no podrían cantarse por sus micrófonos. Entre estas composiciones estaban La última noche, Diez minutos más, Tú ya no soplas, Juan Charrasqueado, Aventurera, El hijo desobediente, Pervertida, Pecadora, Toda una vida, Frío en el alma y Traigo mi 45” (obra citada, páginas 80-81).

Otro magnate de los medios de comunicación fue Francisco Aguirre Jiménez, creador de la Organización Radio Centro.

Nacido en 1913, en el pueblo cristero de Arandas, Jalisco, Aguirre Jiménez fue dueño de importantes centros nocturnos en la Ciudad de México, desde antes de participar en la industria de los medios.

Entre esos centros nocturnos estaban: el Río Rosa, el Patio, La Fuente, el Capri, El Greco, y Guadalajara de Noche, este último fundado en 1932 y ubicado, hasta la fecha, en Garibaldi.

El Río Rosa fue inaugurado en 1942, con la orquesta de Venus Rey (Venustiano Reyes), polémico personaje que fuera durante muchos años líder sindical de los músicos.

El Patio perteneció en la década de 1930 a los Azcárraga, y a partir de 1969 a Francisco Aguirre Jiménez, quien lo heredó a su familia (http://es.wikipedia.org/wiki/Centro_Nocturno_%E2%80%9CEl_Patio%E2%80%9D).

También incursionó en televisión mediante el canal 13 de la Ciudad de México, inaugurado el 12 de octubre de 1968 y que luego pasaría a ser canal gubernamental y posteriormente a formar parte del emporio Televisión Azteca, de los multimillonarios Salinas, y cuyo presidente es Ricardo Salinas Pliego.

En su libro, Mejía Prieto incluye una síntesis biográfica de Aguirre Jiménez, a quien califica como “hombre de lucha e inteligencia excepcional”, pero al margen de esos entusiastas elogios, la historia personal del extinto magnate inevitablemente despierta suspicacias:

Leemos: “En la dura escuela de la vida tuvo diversas actividades. Fue marino. Y boxeador […]. Llegó a ser cajero del Banco de México y, más tarde, uno de los jefes del Banco Capitalizador de Ahorros […]. A base de sacrificios y esfuerzos logró reunir un pequeño caudal que le permitió ir instalando centros nocturnos de gran categoría” (obra citada, página 157).

Fórmula sencilla para alcanzar la prosperidad económica: meterse a trabajar como cajero de un banco y ser muy ahorrativo para poder comprar los principales centros nocturnos de la Ciudad.

A la muerte de Aguirre Jiménez, en 1979, el control de Radio Centro pasó a su viuda, María Esther Gómez de Aguirre (1919-2008), quien hizo estudios en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (www.eluniversal.com.mx/estilos/9771.html), institución perteneciente al Opus Dei; y fue cercana a grupos católicos como los Caballeros de Colón (ver: www.caballerosdecolon.org.mx/node/245).

En su blog, Bernardo Barranco, quien fuera conductor del programa Religiones del Mundo en dicha cadena, espacio que fue eliminado por presiones de sectores poderosos del clero, ofrece este interesante testimonio:

 “Por el tema que abordaba tenía especial reserva, ya que los Aguirre gozaban fama de ser religiosamente conservadores. Doña María Esther Gómez de Aguirre, la presidenta del Consejo de Administración, al poco tiempo le jala las orejas a nuestra compañera Lidia Pérez en su programa Lidiando el Futuro, por haber sostenido que la virgen de Guadalupe era un mito mexicano. Yo tenía que andar con pies de plomo…” (http://bernardobarranco.wordpress.com/tag/maria-esther-gomez-de-aguirre/).

A la muerte de María Esther Aguirre, la presidencia de Radio Centro pasó a su hijo Francisco Aguirre Gómez.

A la fecha, la tendencia ultraconservadora y clerical de las estaciones de ese grupo es evidente en sus transmisiones cotidianas y en sus noticieros, que constantemente respaldan las posiciones católicas y hacen propaganda de las actividades del arzobispado y del Partido Acción Nacional.

La primera transmisión de lo que con el tiempo sería el emporio Televisa fue la del Informe de gobierno de Miguel Alemán, el 1 de septiembre de 1950.

El 1 de mayo de 1955, Emilio Azcárraga unió los canales 2, 4 y 5 para constituir Telesistema Mexicano, que luego se convertiría en Televisa.

La clase política y empresarial se desarrolla en forma endogámica, de tal suerte que años después, Miguel Alemán Velasco, hijo del mencionado expresidente, se convertiría en conductor y alto ejecutivo de Televisa, de la cual fue accionista y llegó a presidir.

A todos nos consta el excesivo respeto que la televisión mexicana –hoy el conocido duopolio– ha mostrado siempre hacia el poder, así como sus tendencias conservadoras; sus críticas constantes hacia los movimientos sociales y su amor por las fuerzas derechistas, por lo que resultaría ocioso abundar en el tema.

Además, cuando por circunstancias excepcionales un comentarista llega a lastimar la susceptibilidad de algún político o a criticar fuertemente al clero, o a otros sectores poderosos, hay mecanismos eficaces de censura, que generalmente consisten en negociaciones de los ofendidos con los dueños del medio del que se trate y que suelen culminar con el despido del comunicador.

En 2011, la cadena MVS despidió a la conductora Carmen Aristegui, luego de que se atreviera a mencionar en su espacio radiofónico la protesta pública de un diputado de la oposición que aludía al alcoholismo de Calderón (véase: www.youtube.com/watch?v=JvxB4fx_L-w).

A pesar de que Aristegui no criticó directamente a Calderón ni dio por cierta la versión de su alcoholismo, bastó con que ella se atreviera a decir algo que pudiera molestar al tirano en turno.

Pero, por encima de la voluntad de los dueños de los medios, en aquella época el alcoholismo de Calderón era amplia y libremente comentado en las redes sociales y en las páginas en internet, cuyos contenidos, a diferencia de los de la radio y la televisión, no dependen de intereses millonarios.

Mejía Prieto reprodujo la versión que en 1965 dio el comediante Héctor Lechuga acerca de las presiones políticas que se usan para ejercer la censura en los medios.

Al lado del también cómico Cucho Salinas, Lechuga conducía un programa de crítica política, donde ésta se hacía de manera bastante tímida y acotada, pero de todos modos, los políticos aludidos se sentían ofendidos.

Decía Lechuga: “…algunas cosas de la política nos conformamos con insinuarlas, porque sin autocensura tendríamos que atenernos a las consecuencias…”.

En un programa transmitido en la época de competencia preelectoral, se refirieron a que el entonces secretario de Salubridad, José Álvarez Amézquita, aspiraba a la Presidencia de la República, que finalmente ocupó Díaz Ordaz.

 “…Y se armó la bronca […] Álvarez Amézquita se enojó y los inspectores de Salubridad fueron a asustar al patrocinador del programa que tiene una industria de conservas” (obra citada, página 301).

Edgar González Ruiz*

*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México

 

 

 

 

 

Contralínea 421 / del 25  al 31 de Enero 2015

 

 

 

 

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