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Estudios económicos recientes demuestran que el crecimiento de las economías nacionales está asociado a la disminución de la desigualdad interna. Sin embargo, los encargados de las finanzas nacionales de algunos países como México y Chile siguen apostando a la vieja y obsoleta máxima que lo importante es el crecimiento, pues la riqueza derramará en algún momento hacia los pobres. Tal política ha sido desmentida por la realidad una y otra vez. Por el contrario, las economías emergentes de América Latina han logrado demostrar lo contrario: que si se abaten los índices de desigualdad se promueve el crecimiento sostenido de la economía en su conjunto

A D McKenzie*/IPS/Ilustraciones: Manrique

París, Francia. Durante años muchas autoridades políticas y económicas se aferraron a la idea de que si los Estados no hacen nada para impulsar la igualdad de ingresos, las solas fuerzas del mercado harán que la riqueza llegue a los ciudadanos más pobres y contribuya al crecimiento general.

Pero esa teoría cae cada vez más en el descrédito, y los expertos afirman que la brecha creciente en el ingreso genera una diversidad de problemas en muchas sociedades.

En un nuevo informe publicado el pasado 9 de diciembre, investigadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con sede en París, sostienen que “la reducción de la desigualdad en los ingresos impulsaría el crecimiento económico”.

La investigación muestra que los países donde esa desigualdad desciende “crecen más rápidamente que aquellos” donde aumenta. A los analistas les gustaría que los gobiernos tomen medidas más enérgicas para reducir la inequidad.

 “El mayor impacto en el crecimiento es la brecha cada vez más grande entre la clase media baja y los hogares pobres en comparación con el resto de la sociedad”, señala el informe titulado Tendencias en la desigualdad de ingresos y su impacto en el crecimiento económico.

 “La educación es la clave: la falta de inversión en la educación de los pobres es el principal factor para que la desigualdad dañe al crecimiento”, asegura.

Michael Förster, analista de la división de política social de la OCDE, explica que una de las razones “de que los pobres y las clases medias bajas queden rezagadas en las sociedades desiguales” es que carecen de los recursos para invertir en su educación o la de sus hijos, en comparación con los ciudadanos más pudientes.

Los gobiernos deben modificar las estrategias que se basan en teorías económicas obsoletas, recomendó.

 “El punto de partida común era que cuanto más se hiciera pa-ra mejorar la igualdad, más se dificultaría el crecimiento. La idea era que si usted les saca demasiado a quienes más ganan, a través de impuestos, tendrá menos crecimiento. No hallamos pruebas de eso. Sí encontramos que el aumento de la desigualdad es malo para el crecimiento”, precisó Förster.

El estudio de la OCDE calcula que la desigualdad le costó “10 puntos porcentuales al crecimiento de México y Nueva Zelanda en las últimas 2 décadas hasta la Gran Recesión”.

En Estados Unidos, Gran Bretaña e Italia, la “tasa de crecimiento acumulada habría sido de 6 a 9 puntos porcentuales mayor de no haberse ampliado la disparidad en el ingreso”, añade.

El secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, dijo que esta “evidencia convincente” demuestra que abordar la desigualdad es “fundamental para promover el crecimiento fuerte y sostenido”, y debe estar en el centro de las discusiones de política internacional.

 “Los países que promueven la igualdad de oportunidades para todos desde una edad temprana son los que van a crecer y prosperar”, asegura.

Sin embargo, el economista estadunidense Jared Bernstein y otros señalan que es difícil establecer un vínculo sólido entre las desigualdades en la educación y el crecimiento económico.

Estos analistas reconocen que los padres más ricos gastan más en instrumentos y “productos” educativos, y que los hijos e hijas de familias adineradas suelen estudiar en instituciones de elite, en contraste con los niños pobres que asisten a escuelas de menor calidad, pero discrepan sobre las consecuencias socioeconómicas de estas diferencias.

Con la “nueva evidencia”, los investigadores de la OCDE aseguran que la desigualdad afecta el crecimiento más que nada al “socavar las oportunidades de educación de los niños con antecedentes socioeconómicos pobres, reduciendo la movilidad social y obstaculizando el desarrollo de habilidades”.

 “Las personas cuyos padres tienen bajos niveles de educación ven cómo sus resultados educativos se deterioran a medida que crece la desigualdad de ingresos. Por el contrario, el efecto es escaso o nulo en las personas cuyos padres tienen niveles medios o altos de formación académica”, destacó un comunicado de la organización.

Los programas de lucha contra la pobreza no alcanzan para crear una mayor igualdad de oportunidades a largo plazo, sostiene la investigación. Entre las medidas esenciales se incluyen “las transferencias de efectivo y el aumento del acceso a los servicios públicos, como la educación, la formación y la salud de alta calidad”.

Förster subrayó que el estudio sobre la desigualdad se centró en los ingresos y no en la riqueza. Pero discusiones recientes abordaron ambos puntos, sobre todo en Francia, desde la elección del presidente socialista François Hollande en mayo de 2012.

Poco después de su elección, Hollande anunció el plan de gravar con un impuesto de 75 por ciento a todos los ingresos superiores al millón de euros. Los tribunales franceses aprobaron una versión moderada de la iniciativa, pero muchas familias adineradas ya se habían mudado a Bélgica y otros países.

Economistas de distintos colores políticos discuten si el incremento impositivo es bueno para la economía, y el debate se agudizó con la publicación en 2013 de El capital en el siglo XXI, del reconocido economista francés Thomas Piketty.

El profesor defiende la creación de un impuesto internacional a la riqueza. Sus investigaciones muestran que la desigualdad en el ingreso se profundizó en muchos países, junto a 30 años de caída en la carga fiscal.

La brecha es particularmente notable en Estados Unidos, pero también en la igualitaria Francia, donde el 1 por ciento de sus 66 millones de habitantes ganaba un promedio de 30 mil euros mensuales en 2010, frente a los 1 mil 500 euros por adulto del 50 por ciento más pobre.

Según la OCDE, una situación similar existe en muchos de sus 34 países miembros, que abarca a países europeos, pero también a Chile, Estados Unidos y México, entre otros.

 “El 10 por ciento más rico de la población en el área de la OCDE gana 9.5 veces el ingreso del 10 por ciento más pobre. En la década de 1980, esta proporción era de 7 a 1 y ha subido continuamente desde entonces”, señala la organización.

En contra de esta tendencia, la desigualdad va en descenso en Chile y México, pero los ingresos de los más ricos son más de 25 veces superiores a los de los habitantes más pobres en ambos países.

La publicación conjunta de la OCDE y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Perspectivas económicas de América Latina 2015, también publicada el 9 de diciembre pasado, analiza el papel de la educación y las habilidades, y los expertos sostienen que hay que hacer más para “elevar el nivel educativo y abordar las desigualdades socioeconómicas persistentes y sustanciales”.

Förster dice a Inter Pres Service que la OCDE espera que los gobiernos consideren sus conclusiones como una base para cambiar las políticas. “De lo contrario no vamos a salir de la situación actual”, advierte.

*Traducido por Álvaro Queiruga

A D McKenzie*/IPS/Ilustraciones:Manrique

París, Francia. Durante años muchas autoridades políticas y económicas se aferraron a la idea de que si los Estados no hacen nada para impulsar la igualdad de ingresos, las solas fuerzas del mercado harán que la riqueza llegue a los ciudadanos más pobres y contribuya al crecimiento general.

 

 

 Contralínea 419 / del 12 al 18 de Enero de 2015

 

 

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