Radio UNAM, cambio de rumbo

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Radio UNAM habría abandonado los principios y los objetivos por los cuales fue creada. En su transformación, la estación se convirtió en un foco de acoso laboral por causa de su actual director, Fernando Chamizo Guerrero, denuncia un grupo de colaboradores, productores, locutores y subdirectores. La crisis y el hostigamiento a los trabajadores ha permanecido durante años –y se ha agravado tras la muerte del periodista Miguel Ángel Granados Chapa– por el desdén de diversas autoridades de la Universidad, que van desde la Coordinación de Difusión  Cultural hasta la propia Rectoría, acusan

Durante  los últimos años, múltiples programas fueron suprimidos de Radio Universidad Nacional Autónoma de México (Radio UNAM), incluidos los noticiarios. Además, trabajadores, colaboradores y locutores de la emisora de la Universidad Nacional han denunciado en múltiples ocasiones acoso laboral, despidos injustificados y decisiones arbitrarias por parte del actual director de la emisora, Fernando Chamizo Guerrero, y su círculo administrativo.

Si bien la crisis interna inició aún antes de iniciar el mandato de Chamizo, en 2008, la situación se recrudeció tras la muerte de Miguel Ángel Granados Chapa, asevera en entrevista con Contralínea Juan Guerrero, quien produjera durante 18 años el programa Plaza Pública, conducido por el periodista fallecido el 16 de octubre de 2011.

“Se trata de un atentado a Radio UNAM. Se cambió radicalmente la programación: han estado desapareciendo programas a lo largo de 2 años. Mientras vivía Granados no se atrevieron, pero después…”

El vuelco ha sido impuesto con violencia, testifica un grupo de colaboradores –algunos ya son ex–, aglutinados en el Colectivo de Trabajadores de Radio UNAM. A pesar de las quejas presentadas institucionalmente en múltiples ocasiones, y de la gravedad de los hechos reportados, Chamizo Guerrero ha gozado de un arropo total de las autoridades universitarias, indican.

Contenidos informativos, apagados

Después del fallecimiento de Granados Chapa, y la consecuente pérdida del análisis que en sus micrófonos vertía el periodista hidalguense, Radio UNAM se quedó sin el impacto en la opinión pública labrado durante 2 décadas.

En vez de buscar morigerar los efectos provocados por el vacío, hizo lo contrario: suprimió los contenidos periodísticos de la emisora.

“Con la finalidad de asfixiar poco a poco la Subdirección de Información, el director eliminó los servicios informativos nocturnos de frecuencia modulada y dejó sólo uno por la frecuencia de amplitud modulada”, protestó Antonio Morales Cortés, exsubdirector del área, en una carta dirigida a Luis González Pérez, entonces abogado general de la UNAM y hoy titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

La liquidación del departamento informativo se hizo a la brava, denunció:

“El pasado 2 de junio [de 2014] se presentaron en mi oficina los señores [Rodolfo] Consuegra y [Alejandro] Pérez para indicarme que por instrucciones del director general, Fernando Chamizo, se me pedía la renuncia a partir de esa fecha”, se lee en la misiva.

“Me despojaron de mi oficina el [mismo] 2 de junio, con amenazas”, cuenta quien fuera el encargado de los noticiarios.

Lo obligaron a sacar sus cosas. Se cerró la puerta, la chapa se cambió y se le indicó que su “nuevo lugar de trabajo sería un escritorio secretarial”.

No se le despidió formalmente, se le pidió renunciar. Fue desprovisto de su lugar de estacionamiento, del celular, de los espacios que significaban su fuente de trabajo y, por ende, justificaban su presencia en la estación.

“La forma empleada por Fernando Chamizo, Rodolfo Consuegra, jefe de Unidad Administrativa, y Alejandro Pérez, jefe de personal, para obtener la renuncia de algún trabajador, siempre es la misma: consiste en hostigar, amenazar, aislar, cambiar el lugar en donde el trabajador realiza sus labores e imponer cargas de trabajo diferentes a la habituales, todo eso, y más, siempre bajo presión”, denuncia el afectado.

“Es importante que abusos de este tipo y hechos que atentan contra la dignidad y los derechos humanos de una persona, sean investigados, analizados y, sobre todo, sancionados en nuestra Universidad”, remató su solicitud de auxilio Morales Cortés. La denuncia fue recibida y sellada como tal en la oficina de González Pérez. Nunca hubo respuesta, mucho menos alguna investigación o sanción. De cualquier forma, el exabogado general de la casa de estudios ahora es el encargado de velar por los derechos humanos a nivel nacional.

Objetivo, “deformado”

Radio UNAM está obligada a tener una capacidad de crítica y análisis que no se encuentra en otras estaciones ni en los medios comerciales, dice a Contralínea la doctora Graciela Martínez Matías, experta en ciencias sociales y comunicación.

Así lo reconoce la propia emisora en su página de internet: la misión es “difundir la diversidad de la cultura musical y del pensamiento en beneficio de la comunidad universitaria y de la sociedad, conforme a sus atribuciones legales y valores universitarios tales como la crítica, la reflexión, la opinión, el análisis inteligente y la libre expresión de las ideas y el conocimiento”.

Al contrario de ello, se maneja “con criterios de publicista. Se convirtió en un centro productor de promocionales que aseguraban que ‘íbamos a escuchar el futuro’. Se ha querido parangonar nuestra emisora con las estaciones comerciales”, se quejan los integrantes del Colectivo.

Por acuerdo de José Narro, a finales de 2009, se instauró el Consejo de Radio UNAM con el objeto “de proponer guías de acción que contribuyan a mantener la alta calidad en la programación” (Gaceta UNAM, edición 4209, del 7 de diciembre de 2009).

El colegiado lo integraría el rector, como presidente; el secretario general, los coordinadores de Difusión Cultural, Humanidades y de Investigación Científica; así como el presidente de la Comisión de Difusión Cultural del Consejo Universitario, y los directores generales de Radio UNAM y Tv UNAM.

No obstante, “sin previo aviso o algún tipo de análisis, el director [Fernando Chamizo] decidió eliminar los noticieros, como lo ha venido haciendo con un buen número de programas, sin consultar al Consejo de Radio UNAM”, aseguran los miembros del Colectivo de Trabajadores.

“A nadie le explicaron cuál era la metodología para evaluar un programa y cerrarlo”, apunta Juan Guerrero. “Nunca nos han dado nada por escrito. [La Dirección] manda a un sicario, en este caso es Carmen Limón [subdirectora de Evaluación, Planeación y Programación], que nada más te dice ‘ya va a salir [del aire] tu programa’”, refrenda Guillermo Henry.

En Radio UNAM no existe verdadero análisis, no se ofrece reflexión ni mesas de debate “en torno de lo que está pasando en México”, asevera la doctora Martínez Matías, miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información. “Y eso es gravísimo, porque la gente se está enterando por las redes sociales de los grandes problemas del país, pero la pregunta es: ¿cuánta gente tiene acceso a las redes sociales? Ese espacio debería ser ocupado por Radio UNAM. Pero no está cumpliendo con su función”, recalca la investigadora.

Actualmente, en el Directorio publicado en radiounam.unam.mx aún se ve enlistada la “Subdirección de Información (noticias)”, sin embargo está en blanco.

Salir del aire a punta de garrote

Esteban Escárcega fue el locutor oficial de Radio UNAM durante 30 años. Vio llegar a 10 personas a la oficina principal. En 3 décadas, soportó 10 formas distintas de dirigir. Ante él y con él, sus compañeros se llenaron de arrugas; las bodegas, discotecas y fonotecas se empolvaron y hasta mudaron.

Junto con los pisos y la espuma en las paredes de las cabinas, el locutor se convirtió en una pieza enraizada en la emisora universitaria. Parecía que desde siempre había estado ahí.

Su desgracia empezó por el vilipendio, después fue relegado de funciones que naturalmente le correspondían. Resistió aferrado a lo suyo: su voz y el micrófono. “Fue ignorado hasta la extenuación y, finalmente, cuando presentó una demanda contra la UNAM fue sacado a empujones de la dependencia”. Sumido en depresión, murió poco tiempo después.

“Escárcega fue víctima directa del acoso laboral. Por eso hacemos responsable de su muerte al director de Radio UNAM, Fernando Chamizo Guerrero”, señala en entrevista Juan Guerrero.

“Chamizo, apoyado por sus administrativos, ha desatado un terrorismo laboral, creando un ambiente de temor e inseguridad para quienes laboran en la estación. Es importante señalar que en los últimos 2 años ha despedido a tres subdirectores, dos jefes de departamento, varios colaboradores, locutores y reporteros”, afirma el Colectivo.

El caso de Emiliano López Rascón, exsubdirector de producción, no fue diferente: después de 20 años de trabajar en la Universidad terminó abandonando la estación por diferencias con el director, a quien apoyó para llegar al puesto.

“Priva un clima laboral enrarecido con un jefe que ensalza o condena por humores y frustraciones. Grita, amenaza, insulta, se burla, agrede físicamente a sus colaboradores, incluso a las mujeres, […] y amenaza con despedir a todo aquel que no sienta suficientemente leal. Fue mi caso”, manifestó López Rascón en la comunicación ignorada por el entonces abogado general de la Universidad, Raúl González Pérez, ahora titular de la CNDH.

Chamizo, arropado desde Rectoría

Por denuncias y gritos desesperados, los trabajadores acosados no pararon: cartas, comunicaciones, súplicas llegaron hasta los escritorios del rector José Narro; de la coordinadora de Difusión Cultural, María Teresa Uriarte; del entonces abogado general y hoy ombudsman nacional, Luis González Pérez. Cada intento por escrito de hablar con una de las autoridades universitarias fue recibido, sellado como tal… Y finalmente archivado. El desdén fue la respuesta.

“Nos permitimos distraerlo para solicitar su intervención y comunicarle una serie de graves anomalías que han venido sucediendo en nuestra querida Radio UNAM”, habría leído el doctor Narro en la misiva que su oficina confirmó como recibida el 30 de julio de 2014. “La otrora ilustre Radio Universidad se encuentra en crisis”. Nada se hizo en favor de los demandantes desde la Rectoría.

“A mí nadie me asusta. Háganle como quieran, que a mí no me espantan”, habría espetado María Teresa Uriarte, coordinadora de Difusión Cultural, a un grupo de trabajadores vejados –entre ellos Esteban Escárcega, quien fallecería meses después–, en su oficina recién estrenada. Por supuesto, la esposa del priísta Francisco Labastida no volvió ni a ver ni a escuchar nada sobre el conflicto.

El arropo a Chamizo Guerrero y el desaire a los inconformes se remonta a la toma de posesión del primero, relata Juan Guerrero. “Cuando el rector Narro decidió nombrarlo como director nos juntamos como 80. Acostados frente a la entrada intentamos evitar que entraran sus coches al estacionamiento. De todas formas se bajaron y entraron entre gritos y mantas de ‘¡fuera Chamizo!’”.

“Argumentábamos que su anterior desempeño como jefe de producción fue mediocre y gris, caracterizado por el acoso laboral a trabajadores sindicalizados”, escribió Guillermo Henry al doctor José Narro en la misiva, firmada por 12 personas, que intentaba conseguir el apoyo del rector. Fracasó.

Todos los testimonios coinciden en las precarias condiciones laborales imperantes en la Universidad: “Sueldos miserables sin prestaciones, contratos mensuales. Incluso dicen los directivos que no hay plaza de locutor. ¡Tenemos una estación que va a cumplir 80 años y no existe la plaza de locutor!”, se lamenta Juan Guerrero.

En silencio y bajo el principio de dejar hacer dejar pasar, las autoridades universitarias permitieron que todo se agravara.

Tampoco los radioescuchas cuentan con un canal abierto para aportar quejas o comentarios. A pesar de ser la estación universitaria, de ser pública, sin importar la obligación que sobre ella recae de ser ejemplar para el resto del espectro, Radio UNAM simplemente opera sin un defensor de la audiencia.

“No está respondiendo a la característica de pluralidad que se exige de un medio público. Una radio universitaria debe ser incluyente y está dejando mucho que desear en ese sentido”, discurre la doctora Graciela Martínez.

Dentro de la máxima casa de estudios no se atienden los reclamos de quienes han sido trabajadores de la misma durante décadas. “No se nos escucha. Eso nos lleva a pensar que la Universidad es una copia en pequeño del país: con corrupción e impunidad”, concluye Juan Guerrero.

Por medio de la Dirección de Comunicación Social, Contralínea solicitó entrevistas con Fernando Chamizo, Carmen Limón, Rodolfo Consuegra y María Teresa Uriarte. Pasadas las semanas, Fernando Chamizo se comunicó: aseguró no saber nada de la petición y prometió dar la entrevista a su regreso del periodo vacacional. Del resto, no hubo respuesta.

 

Chamizo, acusado de plagio

 “El señor Chamizo puso su nombre en lugar del mío”, dice en entrevista Javier Platas Jaramillo, quien hoy es productor del Instituto Mexicano de la Radio. Antes, desde 1996, había trabajado en Radio UNAM.

Platas se refiere al programa llamado Dónde estamos, producido y transmitido en la emisora universitaria. “Lo hice con ayuda de Silvia Cruz y Sonia Ramírez, y una participación de Emiliano López Rascón”, recuerda el realizador.

La producción ganó el Premio Nacional de Radio de la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México.

“Después de que renuncié a fines de 2003 por los malos modos de Chamizo, me entero por un promocional que ese programa había ganado…¡Con el nombre suyo en lugar del mío!

“Pregunto cómo es que se ganó el premio y me informan que el señor Chamizo mandó el programa con su nombre, como productor y realizador”.

En ese tiempo, 2003, el director de Radio UNAM era Fernando Escalante. “Hablé con la emisora, con el entonces director, y me dijo que Chamizo aseguraba que él lo había hecho”, cuenta Platas Jaramillo. A pesar de eso, Escalante mantuvo a Chamizo Guerrero en la estación.

“Después me comuniqué con él [Fernando Chamizo], me insulta y cuelga el teléfono.”

Tras los reclamos de Javier Platas, Radio UNAM emitió una carta en la que se asentó la participación del productor original en la producción de Dónde estamos. Él quedó satisfecho con la aclaración, pero ni así hubo una acción por parte de las autoridades en contra del plagiario.

De todo está enterada María Teresa Uriarte, coordinadora de Difusión Cultura, porque el propio Platas Jaramillo le envió una carta explicándole lo ocurrido. “No he tenido respuesta”, alega el productor.

Irónicamente, Uriarte llegó a su puesto gracias a la renuncia de Sealtiel Alatriste, dada precisamente por el alud de acusaciones en su contra por haber plagiado numerosos textos. Chamizo siguió como si nada…

 Mauricio Romero

 

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Contralínea 418 / del 4 al 10 de enero de 2015

 

 

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