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Para Carmen Aristegui

Una prensa fastidiosa, una prensa obstinada, una prensa agresiva es algo que debe ser soportado, precisamente con la finalidad de preservar nuestros mayores valores: la libertad de expresión y el derecho de la gente a estar informada, por medio de la libertad de expresión en cualquiera de sus formas […] La libertad de prensa significa libertad para obtener noticias, escribirlas, publicarlas y hacerlas circular

Sentencias judiciales citadas por Pedro J Ramírez en su ensayo: Prensa y Libertad

 “Perder los estribos” significa “enfadarse irritarse o encolerizarse; disparatar, decir desatinos, perder la serenidad por miedo”. Todo esto ha estado cometiendo Peña tras su regreso de Australia y China (donde lo regañaron). Alterado por la información del periodismo de investigación y encolerizado por la crítica de quienes ejercen las libertades de prensa constitucionalmente establecidas como derechos de todos los mexicanos, el “señor presidente” una y otra vez se avienta al ruedo para tratar de torear la falta de su rendición de cuentas a la que está obligado, y explicar cómo y por qué sus amigos, familiares y su grupo de funcionarios –ya no como los servidores públicos que hace mucho dejaron de serlo al amparo de la impunidad, denegación de justicia y negligencia– se han enriquecido; y cómo en Petróleos Mexicanos (Pemex) Lozoya y su pandilla de mexiquenses, igual que en anteriores sexenios, están saqueando lo que pronto estará privatizado.

Peña se ha enojado. Su rostro en la televisión, sobre todo en Televisa donde le dedican todo el tiempo que quiere, estaba desencajado. Echaba espuma con su discurso antidemocrático y al margen del mínimo republicanismo. No guardó ni las formas. Se puso retador. Amenazante, porque varios periodistas preguntaron de dónde obtuvo su esposa la mansión y por qué él no había rendido cuentas sobre su patrimonio que, junto con los Camacho Quiroz (Partido Revolucionario Institucional), Chuayffet (Seretaría de Educación Pública), Murillo Karam (Procuraduría General de la República), Navarrete Prida (Secretaría del Trabajo y Previsión Social), Osorio Chong (Secretaría de Gobernación), etcétera, tienen escondido patrimonios que no está muy claro de dónde provienen.

Hay quienes defienden o no tocan ni con el pétalo de una rosa al “señor presidente”, porque tal es su punto de vista. Y hay quienes ejercen las libertades de escribir y hablar en los medios de comunicación, yendo hasta las últimas consecuencias de los derechos constitucionales para cumplir con la divisa de que “la democracia es discusión” y de que, como escribió James Madison, “nada resulta más irracional que dar al pueblo el poder y a la vez privarle de la información, sin la cual se abusa del poder de los gobernantes”. Peña confunde estas libertades y conquistas políticas con enemigos –ni siquiera adversarios– que quieren, dijo, desestabilizar su gobierno e interrumpir “su proyecto”, que es estrictamente depredador, con la punta de lanza del neoliberalismo económico al servicio de banqueros voraces, empresarios de botín y patrones que tienen en la miseria y el hambre a los trabajadores que sobreviven con sus familias con un profundo odio y malestar social a sus gobernantes.

 “Las fauces del poder –dijo John Adams a periodistas– están siempre abiertas para devorar y su brazo siempre extendido para destruir, si puede, la libertad de pensamiento y de palabra hablada y escrita […] no os sintáis intimidados, pues, por cualesquiera amenazas que os impidan publicar con la mayor libertad todo aquello que autoricen las leyes de vuestro país; ni permitáis que se os despoje de vuestra libertad por cualesquiera pretextos de cortesía, delicadeza o decencia. Estas palabras, como se las emplea con frecuencia, son únicamente tres nombres de la hipocresía, la trapacería y la cobardía.”

Demasiado violento estuvo el mexiquense, porque tras seguir la pista a lo que había detrás de una entrevista donde su esposa presumió su mansión, el deber de los reporteros del noticiero de la periodista Carmen Aristegui, quien sabe con sus colegas buscar la información veraz, seguidos por el formidable equipo de la revista Proceso, abrieron la caja de Pandora del peñismo y encontraron un patrimonio que ella ha justificado con medias explicaciones, enredos del vocero Eduardo Sánchez y medias verdades que, finalmente, sembraron en la opinión pública las complicidades empresariales con los inquilinos de Los Pinos. No es una novedad: 11 presidentes desde el alemanismo (1946-2014) han practicado la corrupción; misma que es una de las múltiples causas que ha originado el malestar social.

La efervescencia de esta crisis general ha llegado a plantear la renuncia de Peña como posible salida para tomar decisiones contra las políticas de Videgaray, Osorio Chong, Navarrete Prida, Murillo Karam, Martínez Martínez, Lozoya, Coldwell, Chuayfett, Ruiz Esparza, Ruiz-Massieu-Salinas, Robles Berlanga, Nuño, etcétera. Todos estos, coordinados por David López y sus directores de comunicación, han atacado las libertades de prensa negando publicidad a los medios de comunicación críticos. Pero nunca a Televisa y a los propagandistas del peñismo.

Peña ha recobrado la personalidad de Alemán, Díaz Ordaz, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón. Pero en sus grupos de vanguardia, la nación está alerta y no hará concesiones al autoritarismo militar y policiaco; y busca la forma de revertir la inseguridad y las desgracias que padece por el mal gobierno de todos los niveles, que quieren cancelar las libertades y derechos humanos porque les molesta la información. Así que, ab irato, Peña soltó sus amenazas contra la crítica a la que quiere presentar como desestabilizadora… Cuando la ingobernabilidad y violencia nacen del mal gobierno.

Álvaro Cepeda Neri*

*Periodista

 

 

 

 

Contralínea 418 / del 4 al 10 de enero de 2015

 

 

 

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