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Chilpancingo, Guerrero. Minutos antes de las 16 horas del 16 de diciembre, Ernesto Cruz Flores, estudiante de sociología de Universidad Nacional  Autónoma de México (UNAM) herido por policías federales, fue dado de alta del Hospital General Raymundo Abarca Alarcón, ubicado en esta ciudad  capital. 
 
El joven ingresó a este lugar la mañana del pasado 14 de diciembre, luego de que un cartucho de gas lacrimógeno disparado por servidores públicos a una distancia aproximada de 10 metros le perforara la mejilla izquierda. El proyectil se impactó con fuerza sobre el casco que le protegía la cabeza pero al caer le golpeó en el rostro.
 
Su familia denunció la pésima la atención, “rayando en lo negligente”, que el también integrante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra recibió del servicio de salud pública local. El ejemplo más claro de ello es que aunque el joven de 27 años de edad ingresó al hospital alrededor las 8:30 horas, fue hasta las 14:30 que fue suturado: en total 7 puntadas. En tanto, lo tuvieron en un pasillo esperando con una gasa sobre la herida de 5 centímetros y un cubre bocas.
 
Ernesto abandonó el hospital a pie pero dudoso de su diagnóstico, dada las distintas valoraciones que recibió en el tiempo que estuvo internado. De acuerdo con el parte médico, la radiografía que se le tomó en un primer momento mostraba una fractura en su mandíbula, diagnóstico que, posteriormente, fue puesto en duda y, al final, descartado.  
 
Por eso, al salir del hospital, Ernesto se trasladó al Distrito Federal –escoltado hasta Cuernavaca por una representación de la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Guerrero, encabezada por su presidente interino, Ramón Navarrete Magdaleno–, para obtener la opinión de un especialista maxilofacial.
 
“La atención médica que ha recibido ha sido pésima. Nos han dado diferentes diagnósticos, lo han evaluado diferentes doctores pero ninguna ha podido darnos una respuesta confiable, además de que el hospital no cuenta con el material, equipo ni personal médico y administrativo adecuado“, refirió Frida Cruz, hermana de Ernesto, unas horas antes de que éste fuera dado de alta.
 
Sin embargo, Carlos Juárez Monroy, director del Hospital General Raymundo Abarca Alarcón, declaró a Contralínea: “Nada de eso es cierto. No tienen de qué quejarse. La atención fue no sólo buena sino excelente”.
 
Frida Cruz aludió, asimismo, al trato “grosero” y “negligente” por parte de los empleados del hospital que dirige González Monroy. Al respecto, Ernesto Cruz precisó que el gremio de enfermeros y enfermeras “son la única parte del personal que da la cara por este centro médico y lo mantiene funcionando pese al abandono gubernamental”.
 

El calvario de la atención médica

El pasado 14 de diciembre, cerca de las 6 horas, Ernesto Cruz Flores fue alcanzado por un cartucho de gas lacrimógeno disparado por policías federales. Él formaba parte de la comitiva estudiantil que se trasladó a Chilpancingo a auxiliar a los alumnos de Ayotzinapa que, cuando colocaban vallas de seguridad para el encuentro musical y artístico “Luz en la oscuridad”, fueron golpeados por uniformados quienes –de acuerdo con los testimonios recabados– se encontraban en estado de ebriedad.
 
Ernesto resultó herido tras una segunda embestida policial, luego de la cual tuvo que huir y, para ello, trepar a un cerro empinado y escurridizo.
 
Los integrantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero fueron los primeros en brindarle auxilio: establecieron comunicación con los servicios de salud locales para que el joven fuera atendido. Ahí empezaría el “calvario”, dice Frida Cruz.
 
La primera llamada fue a la Cruz Roja quien se comprometió a enviar a la brevedad una ambulancia. Ésta llego al lugar de los hechos de inmediato, pero no se llevó a Ernesto sino a los policías federales que requerían de atención médica.
 
La segunda acción consistió en recurrir a José Luis Solís López, jefe de la Unidad de Restablecimiento del Orden Público de la Policía Federal, conocido como comandante Espartaco, quien había arribado a la avenida Insurgentes de Chilpancingo, lugar en que ocurrieron los hechos violentos. Fue el propio Ernesto quien lo increpó. Sus reclamos y peticiones no tuvieron eco.
 
Ante la demora de la ambulancia que trasladaría a su hermano, Frida Cruz decidió no esperar más. Ernesto había permanecido alrededor de 2 horas con la herida expuesta. Su decisión fue llevarlo por cuenta propia y sin, demora, a las instalaciones de la Cruz Roja.
 
Frida trasladó a su hermano en una unidad de trasporte público a la que también se subió Carlos Alberto Ogaz, reportero de Regeneración Radio, a quien los federales le quebraron la muñeca de la mano izquierda.
 
Sin embargo, en la Cruz Roja, después de la revisión médica, les dijeron que no podían atenderlos puesto que no tenían el equipo ni el material necesario para ello. Entonces, ambos fueron trasladados al Hospital General Raymundo Abarca Alarcón de Chilpancingo, al que arribaron alrededor de las 8:30 horas.
 
Frida Cruz relata que pasadas las 16:00 horas llegó al hospital Inés Javier Casiano Reachi, secretario particular de Rogelio Ortega Martínez, gobernador de Guerrero, quien de forma “solidaria”, como él mismo manifestó, se comprometió a que el gobierno local asumiría todos los gastos de la recuperación.
 
Sin embargo, un día después,  al enterarse de que Ernesto es estudiante de la UNAM y no de la normal de Ayotzinapa, ya ni les quiso tomar la llamada.
 
“Esta herida sufrida en mi persona no compromete para nada mi lucha solidaria con los compañeros normalistas, con los compañeros padres de familia de los 43 desaparecidos. Yo responsabilizo al Estado mexicano en su conjunto de lo que me pueda pasar a mí, de lo que le pueda pasar a mi familia o a mis compañeros”, subrayó Ernesto al salir del hospital.
 
 

 

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