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Poderosas mafias cazan ilegalmente en uno de los últimos refugios de la vida salvaje en el mundo: el África austral. Desorganizados, mal armados, peor pagados, los guardabosques de la región se enfrentan al poder corruptor de la delincuencia que trafica especies y marfil. En entredicho, la determinación de los gobiernos y la comunidad internacional para proteger una biodiversidad irrepetible en el planeta

Mabvuto Banda/IPS

Lilongüe, Malaui. “Recibimos una paga insuficiente, no tenemos armas y, en la mayoría de los casos, los cazadores furtivos son más que nosotros”, dice Stain Phiri, guardabosques en la Reserva de Naturaleza del Pantano de Vwaza, que en sus 986 kilómetros cuadrados posee la más abundante y variada biodiversidad de Malaui.

También es uno de los mayores parques nacionales asediados por los cazadores furtivos.

Es probable que los temores de Phiri resuman el motivo por el que en los últimos años aumentó en África austral la captura furtiva de elefantes y rinocerontes, para quedarse respectivamente con sus colmillos y cuernos, que luego son traficados.

 “No podemos combatir a las pandillas de cazadores furtivos fuertemente armados y listos para matar a cualquiera que se interponga en su camino”, dice Phiri a Inter Press Service (IPS).

A él le pagan por mes una suma equivalente a unos 20 dólares, que no le alcanza para mantener a su familia de seis integrantes, explica.

 “Mis colegas y yo arriesgamos nuestras vidas a diario para proteger la naturaleza y parece que nuestro trabajo no es apreciado, porque incluso cuando arrestamos a cazadores furtivos, luego la policía los libera”, dice Phiri.

La Ley de Naturaleza de Malaui, señala, también requiere serias enmiendas que confieran poder y protejan a los guardabosques, además de imponer sanciones más severas. Todo esto, claro, si el gobierno se toma en serio la lucha contra los delitos contra la biodiversidad.

El relato de Phiri tiene eco en toda África austral, y permite analizar los desafíos que enfrenta la región en cuanto a mantener parques transfronterizos y manejar los delitos contra la naturaleza.

La red Traffic, que vigila el comercio de biodiversidad en el mundo, sostiene que, en primera instancia, se necesita que en el terreno haya guardabosques bien equipados y con recursos suficientes para proteger a los animales e impedir los saqueos.

La mayoría de los países de África austral se han vuelto cada vez más el blanco de estos ladrones, porque es una región que posee la mayor cantidad de rinocerontes y elefantes del mundo, dice a IPS el coordinador de comunicaciones globales de Traffic, Richard Thomas.

En África austral hay “alrededor de 95 por ciento de todos los rinocerontes blancos del mundo, y 40 por ciento de todos los rinocerontes negros”, señala.

Según Traffic, 25 mil elefantes africanos fueron abatidos en 2011, mientras que 22 mil lo fueron en 2012 y poco más de 20 mil en 2013. Esto, plantea la organización, con base en una población estimada entre 420 mil y 650 mil ejemplares.

El año pasado, Zambia perdió 135 elefantes por culpa de cazadores furtivos. En 2012 fueron 124 y 1 año antes, 96, según la ministra de Turismo y Artes de ese país, Sylvia Masebo.

La situación es similar en Mozambique, donde los medios de comunicación citaron declaraciones del ministro de Turismo, Carvalho Muaria, señalando que la población de elefantes se redujo a la mitad desde comienzos de la década de 1970. Actualmente quedan apenas unos 20 mil.

La Reserva de Niassa, un área de 42 mil kilómetros cuadrados que alberga a alrededor de dos tercios de los elefantes de Mozambique, posee actualmente unos 12 mil ejemplares. Cazadores furtivos mataron a 500 el año pasado, y arrasaron con los rinocerontes mozambiqueños, dijo Muaria.

Según Traffic, entre 2007 y 2013, la caza furtiva de rinocerontes aumentó 7.7 por ciento en el Continente. Se estima que ahora hay apenas 5 mil rinocerontes negros y 20 mil blancos.

El mes pasado, Sudáfrica reportó que, en lo que va de este año, perdió 558 rinocerontes a manos de cazadores furtivos.

Pero no todas las esperanzas se han perdido. África austral responde a las amenazas que padece su biodiversidad mediante la colaboración entre países que comparten fronteras y áreas naturales protegidas.

Un ejemplo es el acuerdo firmado este año entre Mozambique y Sudáfrica, que aspira a frenar la caza furtiva de rinocerontes, especialmente en el Parque Nacional Kruger, que comparte una frontera con Mozambique. Ambos países acordaron compartir información y aunar esfuerzos para desarrollar técnicas contra este flagelo.

Mozambique, considerado una de las principales rutas de tránsito para los cuernos de rinoceronte traficados hacia Asia, aprobó este año una nueva ley que impone severas sanciones, de hasta 12 años de cárcel, a todo aquel que sea hallado culpable de cazar rinocerontes furtivamente.

 “Las leyes anteriores no penalizaban la caza furtiva, pero pensamos que ésta desalentará a los mozambiqueños que participan” en esa actividad delictiva, dice Muaria a IPS.

Según informes de prensa, Sudáfrica también evalúa legalizar el comercio de cuernos de rinoceronte, en un intento por limitar la demanda ilegal. La idea es permitir la venta de cuernos de rinocerontes que hayan muerto por causas naturales.

Hace 10 años, la Comunidad de Desarrollo de África Austral creó la Dirección de Alimentación, Agricultura y Recursos Naturales. Desde entonces se han desarrollado y aprobado protocolos, estrategias y programas regionales, entre ellos el Programa Transfronterizo de Uso y Protección de los Recursos Naturales.

En el marco de éste se encuentra el Programa Regional de Área de Conservación Transfronteriza, del que hasta ahora se han beneficiado Malaui y Zambia.

El ministro de Turismo y Naturaleza de Malaui, Kondwani Nakhumwa, dice a IPS que el proyecto del Área de Conservación Transfronteriza del Parque Nacional Nyika ha ayudado a reducir la caza furtiva en la mayor reserva del país.

El programa que comparten Malaui y Zambia incluye el componente Nyika-Luangwa del Norte, en Zambia, que se ubica sobre un altiplano de pradera que se eleva unos 2 mil metros sobre la sabana arbolada y los humedales de Vwaza.

Durante el verano, una variedad de flores silvestres y orquídeas florecen en el altiplano, lo que lo convierte en uno de los paisajes más atractivos de África y lo distingue de la mayoría de otros parques nacionales.

“A través del proyecto, Vwaza se las ha arreglado para confiscar 10 armas, retirar 322 trampas de alambre y arrestar a 32 cazadores furtivos”, dice Nakhumwa a IPS.

Humphrey Nzima, coordinador internacional del Programa Malaui-Zambia, señaló que desde que se lanzó el proyecto hubo un aumento general en las poblaciones de animales.

Estudios realizados en el Pantano de Vwaza y en el Parque Nacional Nyika revelaron incrementos significativos en la cantidad de elefantes, hipopótamos, búfalos, antílopes ruaneses, cebras y jabalíes, entre otros, dice Nzima.

La escalada de la crisis de la caza furtiva y los conflictos que tienen lugar en muchos parques nacionales de toda África fueron unos de los temas de debate en el Congreso Mundial de Parques 2014, que organizó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y se extendió hasta el 19 de noviembre en Sydney, Australia.

 “En Sydney abordaremos estos asuntos en busca de maneras mejores y más justas de conservar la excepcional riqueza natural y cultural de estos lugares”, dijo Ali Bongo Ondimba, presidente de Gabón, y patrocinador del congreso de la UICN.

 Mabvuto Banda/IPS

 

 

Contralínea 415 / del 07 al 13 de Diciembre 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

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